Catástrofes climáticas y rol del Estado: cómo fue la lección humanitaria que dieron los cubanos antes de Katrina

Por Causa Popular.- Entre el 8 y el 9 de julio de este año, pasó por Cuba el huracán Dennis, el fenómeno natural más importante que azotara este pequeño país desde 1963. Algo menor en intensidad que el Katrina, el Dennis fue un desafío superado exitosamente por el pueblo cubano, que pese a afectar a 8 millones de habitantes, de 11 millones que viven en Cuba, dejó un saldo de 10 muertos, mientras que un millón y medio de personas fueron evacuadas antes de su paso. Por ese entonces, Fidel Castro expresó que su país, está en condiciones de “enfrentar este o cualquier otro huracán, no creo que en otro país del mundo exista una maquinaria como la nuestra para reducir al mínimo los daños que pueda causar un evento de esta naturaleza.” Semanas antes, en el marco de un seminario para autoridades del Caribe encaminado a fortalecer las capacidades preventivas de la región ante estos eventos, Jan Egeland, subsecretario de Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios y Coordinación del Sistema de Emergencias, reafirmó los dichos de Fidel: “el sistema cubano para la protección de la población y su capacitación contra la reducción de impactos figura entre los mejores del mundo”. Si Bush hubiera aprendido de este pequeño país vecino, tal vez hoy el mundo no estaría lamentando la muerte de tantos estadounidenses.

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En la foto, un vecino de Biloxi observa un cadáver abandonado en las calles de la ciudad
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Horas después del paso devastador del huracán Katrina por territorio estadounidense, y sin cámaras de por medio para que nadie confundiera los motivos últimos del ofrecimiento, el gobierno cubano puso a disposición una parte importante del sistema de emergencia destacado por las Naciones Unidas.

El presidente norteamericano George Bush, preocupado por su aventura petrolera en Irak y despreocupado por los pobres del sur de su país, no respondió al ofrecimiento.

Pero cuando fue el pueblo cubano la victima de uno de los huracanes con intensidades inéditas que desde el mes de junio afectan a toda la zona del caribe (como fue el Dennis) el gobierno norteamericano ofreció también su ayuda humanitaria: una irrisoria suma de 50 mil dólares cuando los daños se calculaban en 1400 millones.

Tras el paso de huracán Dennis por Cuba, el recuento de daños confirmó lo que habían anticipado los expertos de Naciones Unidas.

Si bien se produjeron pérdidas humanas, éstas no sólo fueron muchas menos respecto a la cantidad de personas que efectivamente estuvieron sometidas a vientos de 240 kilómetros por hora, sino que además las muertes se produjeron en situaciones aisladas, y durante las primeras horas del paso del huracán.

Según indicaron responsables de Defensa Civil, ninguna de estas personas siguió las instrucciones que había dado este organismo los días anteriores.

Todos los responsables de los operativos de prevención destacaron por aquel entonces la colaboración casi unánime del pueblo cubano en las medidas preventivas, clave en el desenlace final de la crisis meteorológica.

Las autoridades cubanas evacuaron con un orden llamativo a centenares de miles de personas de las zonas más sensibles, lo cual redujo a la mínima expresión los daños humanos y ha evitado que las importantes inundaciones que afectaron el centro del país no causaran ninguna víctima mortal. En todo el país se calcularon que un millón y medio de personas estuvieron refugiadas en centros especialmente preparados por el gobierno.

A media tarde del sábado 9 ya se había restablecido un tercio del suministro eléctrico del país, la mayor parte de los sistemas de transporte por carretera, y avanzaban seriamente los trabajos para devolver el suministro de agua y gas a los hogares, así como para reparar las telecomunicaciones y el transporte ferroviario.

Fidel, la dirección política del operativo de rescate

El mismo viernes 8 de julio, a minutos de que la ferocidad del huracán Dennis se posara sobre territorio cubano, Fidel Castro, Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba, convirtió, por segundo día consecutivo, el estudio televisivo de la Televisión Cubana en un auténtico cuartel general de la coordinación de los preparativos de la defensa nacional contra la catástrofe durante la transmisión de una mesa redonda emitida todas las tarde.

De esta manera Fidel mantuvo permanentemente al tanto a toda la población con información detallada de cómo se desarrollaba la resistencia al huracán en cada rincón de la isla.

A las seis de la tarde aproximadamente de ese viernes, Fidel informaba que el ciclón había pasado a 300 kilómetros de las costas occidentales de Haití causando, al menos, 18 víctimas mortales. Poco después repasó, caso por caso, las circunstancias de cada uno de los únicos diez decesos registrados con las primeras afectaciones del ciclón. Paralelamente, los periodistas de la Televisión Cubana, hacían de enlaces con los distintos organismos implicados en la defensa civil y prevención de catástrofes, así como con los diferentes territorios que iban siendo afectados por el huracán.

En todas las mesas redondas entre el jueves y el sábado participó el doctor José Rubiera, director del Centro de Pronóstico del Instituto Cubano de Meteorología. Dio explicaciones claras y precisas, apoyado en imágenes de satélite en tiempo real, de todo lo relacionado con el fenómeno atmosférico: sus causas, que probablemente apuntan al cambio climático, su evolución y las previsiones de trayectoria, así como el tipo de incidencia que se podía esperar en tierra.

Según informó Prensa Latina por aquellos días, la cantidad de información a disposición de los cubanos fue minuto a minuto enorme, y alcanzó cada detalle de los problemas técnicos, de generación eléctrica, de cada línea de transporte, o de la evacuación de tal o cual localidad. Las autoridades del Estado cubano no dejaron ni el más mínimo detalle a la improvisación, y llegaron incluso a organizar la producción centralizada de pan para los momentos críticos posteriores al paso del Dennis, y hasta previeron la posibilidad de preparar ollas colectivas si la situación del abastecimiento se agravaba.

Según las crónicas periodísticas de corresponsales extranjeros afectados a la cobertura de lo que podría haber sido una tragedia humanitaria por la envergadura que alcanzó el huracán Dennis, dos días después de que pasara por completo el huracán, la vida se normalizaba en La Habana, y en las provincias más afectadas los trabajos correspondientes a la fase de recuperación ya estaban avanzados.

En la capital se habían restablecido los suministros, evaluado daños, despejado calles de árboles y ramas caídas.

Pero nada estuvo librado a la improvisación. Previendo los informes meteorológicos, el 2 de julio -6 días antes del paso del huracán Dennis-, el diario cubano Granma informaba a la población la realización del Ejercicio Meteoro 2005, “dirigido básicamente al estudio de los proyectos de decisiones y planes de reducción de desastres en todas las estructuras de dirección y mando”.

El teniente coronel Domingo Carretero Ibáñez, especialista del Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil, informó premonitoriamente al diario cubano Granma que este año el Meteoro tiene una significación especial debido a que es el primero que se realiza después de los análisis efectuados sobre las medidas y labores ejecutadas durante el enfrentamiento, y posterior recuperación, de los daños originados por los huracanes Charley e Iván, y cuyas experiencias se han tenido en cuenta.

Pero las acciones preventivas contra los huracanes del gobierno cubano no se reducen al interior de los límites de su país. El 7 de junio de este año, un mes antes del paso del Dennis, bajo el lema de “consolidar las fortalezas para reducir las vulnerabilidades”, países miembros de la Asociación de Estados del Caribe (AEC) acordaron en La Habana integrar una red para fortalecer sus capacidades nacionales y regionales hacia la reducción y mitigación de riesgos naturales, en la que también participaron expertos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y otros organismos de las Naciones Unidas, con el apoyo de instituciones regionales, países donantes y entidades No Gubernamentales.

La recién creada Red desde entonces tiene una base en La Habana, como un reconocimiento a las buenas prácticas aplicadas por Cuba en esa esfera.

El Seminario fue presidido por el subsecretario general de las Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios, Jan Egeland; Elena Martínez, administradora Adjunta del PNUD y directora Regional para América Latina y el Caribe, y el doctor Luis Carpio, director de Transportes y Desastres Naturales de la AEC.

Durante el desarrollo del seminario, Egeland y Martínez, de la ONU, y el doctor Carpio, de la AEC, elogiaron en distintas intervenciones el sistema de prevención y mitigación de desastres, aplicado por Cuba, que ha reducido al mínimo las víctimas fatales de eventos meteorológicos extremos, y que un mes después mostraría toda su eficacia durante el paso del huracán Dennis por territorio cubano.

Víctor Toledo y Benjamín Ortiz, apuntan en La Jornada de México: “El climatólogo Ferry Emmanuel, del Instituto Tecnológico de Massachussets, demuestra en un convincente estudio (Nature, 23/6/05) que los huracanes que se producen en el Atlántico y en el Pacífico han aumentado 50 por ciento desde 1970 y que «la energía disipada por los huracanes se encuentra relacionada con la temperatura superficial del mar’”.

Y luego amplían, “Estados Unidos, que ha sufrido el “desastre natural” más grande de su historia después del terremoto de 1906, es la única nación que se negó a signar en 1992 el Convenio sobre Biodiversidad (dirigido a preservar la variedad de la vida) y que sigue rechazando el Protocolo de Kyoto (que busca disminuir los contaminantes industriales que provocan el “efecto invernadero”), no obstante ser el país que emite mayor cantidad de dióxido de carbono a la atmósfera, con una industria descomunal y un parque vehicular de más de 220 millones de automóviles.”

Paradojas de la historia y de los pueblos.

El pueblo solidario y socialista de Cuba resiste en forma organizada los embates de los cambios climáticos que su enemigo número uno produce cegado por su capitalismo ambicioso y dominante, cambios que como un bumerang amenazan su propia supervivencia, aunque ésta vez no le preocupen demasiado los más de 10 mil mulatos, negros y latinos que vieron sepultadas sus vidas debajo de las inclemencias humanas del tiempo.

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