Canciller cubano Felipe Pérez Roque: “América Latina es hoy el escenario decisivo en el enfrentamiento al imperialismo a nivel mundial”

Por www.memoriaviva.net

Memoria Viva trascribe la conferencia de Felipe Pérez Roque:”América Latina abre el debate, la estrategia de la lucha antiimperialista” realizada el 11 de Agosto del 2005 en el marco del 16º Festival Mundial de la Juventud, en Caracas Venezuela. Consideramos que es un importante aporte a la Causa Latinoamericanista y un disparador de ideas para el debate y la acción.

——————————————————————————–

Conferencia del Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Felipe Pérez Roque, en el teatro “Teresa Carreño”. República Bolivariana de Venezuela, 11 de agosto de 2005

Compañeros que presiden el debate;

Delegadas y delegados al festival;

Compañeras y compañeros;

Jóvenes venezolanos, anfitriones de esta fiesta maravillosa;

Compatriotas cubanos, que representan dignamente a la juventud de nuestro país en el festival (Aplausos):

Con un sano y profundo sentimiento de envidia por ser solo invitados y no poder ser ya delegados, hemos seguido con mucha atención, en Cuba y en otros países, el desarrollo de este evento, que profundiza y fortalece la tradición de la celebración de los festivales mundiales, donde los estudiantes de todo el mundo, la juventud progresista, revolucionaria, debate sobre los problemas del mundo, sobre los caminos para su solución.

De modo especial, sentimos un particular orgullo de poder asistir a este festival en esta tierra de libertadores, en la tierra de Bolívar, en la tierra del Comandante Hugo Chávez (Aplausos y exclamaciones de: “¡Viva Chávez!”), en la tierra a cuyo pueblo la América Latina debe su independencia del colonialismo; el pueblo que cruzó los Andes, que batalló a lo largo y ancho de la geografía inmensa de nuestra América para parir un ramo de repúblicas independientes, pero aún no unidas en un haz de naciones, como era el sueño del Libertador y de José Martí.

El tema al que nos han invitado se titula ”América Latina abre el debate, la estrategia de la lucha antiimperialista”. Sobre ese tema modestamente queremos ofrecerles algunos puntos de vista, una aproximación al debate, una provocación a los participantes, jóvenes en su inmensa mayoría, que nos acompañan en la tarde de hoy.

Hay ocho ideas claves que queremos apuntar:

Primera Idea .- Como dijera el compañero Fidel hace unos días a la delegación cubana que se preparaba para venir al festival, creemos que América Latina es hoy el escenario decisivo en el enfrentamiento al imperialismo a nivel mundial (Aplausos).

Eso no fue así en otro momento; pero hoy, pese a que las fuerzas revolucionarias, progresistas, democráticas enfrentan al imperialismo en todo el mundo, en América Latina la coyuntura histórica, la suma de un grupo de peculiaridades del momento histórico, del devenir histórico en nuestra región, hacen que hoy lo que ocurre en América Latina tenga una repercusión decisiva en la lucha contra el imperialismo a nivel mundial. Por tanto, este debate, al que ustedes nos invitan, es un debate que está en el centro del presente y el futuro no solo de América Latina, sino del mundo.

Quiero hacer una primera aclaración dicho esto: Creemos que la lucha contra el imperialismo no es la lucha contra el pueblo de Estados Unidos (Aplausos), víctima también de las políticas imperiales y aliado potencial de la lucha a nivel mundial contra el imperialismo.

Aquí en el público debe haber jóvenes norteamericanos representantes de lo mejor de la juventud de ese país (Aplausos) y en ningún caso deben sentir que nuestras palabras, necesariamente duras y francas, van enfiladas a culpar o a responsabilizar al pueblo de Estados Unidos.

Recordamos bien que el pueblo de Estados Unidos, en más de un 80%, apoyó el regreso del niño Elián González a Cuba; sin su apoyo no habría regresado ese niño, junto a su familia y a su padre, Juan Miguel González, que se encuentra aquí hoy invitado entre nosotros (Aplausos).

En particular, recordamos que más del 90% de la población afronorteamericana apoyó la batalla de nuestro pueblo, y de todas las personas honestas y decentes en el mundo, por el regreso del niño Elián González a Cuba.

El pueblo norteamericano, pese a la campaña de tergiversación, pese a la nube de mentiras que se abatió sobre la causa de nuestros cinco jóvenes héroes, luchadores antiterroristas, todo norteamericano honesto que ha conocido de la infame prisión a que se les ha sometido hasta hoy, se ha sumado a la lucha por el regreso de esos cinco jóvenes. Y hoy es un momento para agradecerles también, no solo a todos los que están aquí, sino de manera particular, al pueblo y la juventud norteamericana.

De manera que creemos que la lucha contra el imperialismo es la lucha contra el gobierno imperial de Estados Unidos y contra sus aliados a escala mundial, porque el gobierno de Estados Unidos es el líder de las fuerzas reaccionarias que están enquistadas en nuestros países, núcleos reaccionarios, oligárquicos, aliados menores del imperialismo, que necesitan su poderío militar y su agresividad para mantener sus privilegios, y es también el líder de todos los sectores que a nivel mundial se benefician del actual orden de exclusión, de explotación y de opresión que se ha impuesto a nuestros pueblos. Esa es una primera consideración.

El escenario clave, desde nuestro punto de vista, de la batalla contra el imperialismo es la América Latina.

El festival se da en el centro de esa batalla y creemos que esa batalla no es contra el pueblo de Estados Unidos, sino contra el gobierno reaccionario que ha intentado imponer una dictadura fascista a nivel mundial, ha desatado guerras de rapiña, ha mentido, ha escamoteado la verdad y ha usado su poderío inmenso para imponerle al resto de los pueblos sus intereses, una verdadera dictadura.

Segunda idea que queremos exponer ante ustedes.

Creemos que no podemos pecar de ingenuidad y creer que la lucha antimperialista en América Latina es fácil o es tarea de pocos esfuerzos. Debemos reconocer, en particular los jóvenes, que tendrán muchos más años y, por tanto, muchas más responsabilidades en esa batalla, que durante más de un siglo el imperialismo norteamericano en esta región logró construir, y sobre todo después de la desaparición de la Unión Soviética, después de la desaparición del campo socialista, después de la enorme ola reaccionaria contra las ideas progresistas y de izquierda, a lo largo de más de un siglo logró construir un sistema de dominación sobre la América Latina; la lucha antimperialista en América Latina hoy pasa por desmontar y derrotar un sistema de dominación que ya está implantado, que no pugna por implantarse, sino que ya lo está.

¿Cuál es la situación que heredan los jóvenes que están aquí sentados hoy y millones como ustedes en nuestra región?

Primero, el imperialismo logró imponer como un dogma en esta región un sistema político, que en Venezuela fue el Pacto de Punto Fijo; un sistema político excluyente, diseñado para la alternancia inofensiva de grupos distintos de una misma oligarquía local; un sistema político corrupto y corruptor, basado en el dinero, basado en la mentira, en la compra del voto, en el uso del dinero para decidir el resultado, con altísimos niveles de no registro electoral.

Millones de latinoamericanos no están registrados, no son electores legales. En Venezuela, antes del referendo fueron 5 millones los que recibieron la cédula electoral; en Bolivia, es más de la mitad de la población con derecho a votar no está en ninguna lista, no tiene cédula, y en lugares donde deben votar 7 millones, votan 2 millones; donde deben votar 15 millones, votan 4.

Un sistema en el que no existe la rendición de cuenta a los electores; en fin, un sistema político que no obedece a las necesidades de las mayorías, que no obedece a las necesidades del pueblo, que no se basa en el principio de que no puede haber democracia si no hay justicia social y no hay igualdad de oportunidades; que no es justicia y no es igualdad, aunque esté plasmado en el papel, en la Constitución y en las leyes, si en la vida real no se tiene acceso real a esos derechos, que empiezan por el acceso a la educación; un sistema político que no tiene para nada en cuenta a casi 50 millones de latinoamericanos que son analfabetos, a los cientos de millones que son analfabetos funcionales.

Por tanto, como parte de su esquema de dominación, el imperialismo ha logrado implantar un sistema político que es útil a su dominación, porque divide a las sociedades, las fragmenta, las divide, les impide a los pueblos hacer su voluntad.

Claro, en medio de ese sistema, y a pesar de ese sistema, triunfaron en Venezuela las fuerzas populares, lideradas por el carisma, que por la capacidad de conductor de pueblos, de líder, del presidente Hugo Chávez (Aplausos); pero no debemos aceptar el dogma del sistema político impuesto, sistema político de lentejuelas, de apariencias, pero cuyo contenido profundamente clasista y excluyente está diseñado para favorecer el acceso a una minoría privilegiada, dependiente y defensora de los intereses de Estados Unidos.

Segundo factor de ese sistema de dominación: el imperialismo logró implantar un grupo de instituciones e instrumentos legales que facilitan su control y que facilitan la exclusión de los que se salgan de las reglas de juego. La Organización de Estados Americanos, la Carta Democrática Interamericana, el Area de Libre Comercio para las Américas, los procesos donde el gobierno de Estados Unidos certifica “la buena conducta “de los gobiernos de América Latina y les niega el acceso a financiamientos o ayudas para castigarlos, la llamada cooperación en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, todos son instrumentos que permiten el dominio, permiten la imposición de los intereses norteamericanos. No debemos subestimar la capacidad del imperialismo en la región para enfrentarse a nuestra lucha.

Tercer factor de ese sistema de dominación: altos niveles de dependencia económica de América Latina con Estados Unidos.

El 56% de la inversión en América Latina es norteamericana, el 43% de lo que América Latina compra en el exterior lo compra en Estados Unidos, el 55% de lo que América Latina exporta lo exporta a Estados Unidos. Por tanto, hay niveles de dependencia económica, herramientas para negarle a un país el acceso al mercado, la concesión de un crédito, la ejecución de una inversión, que presionan a los gobiernos que se dejan presionar.

Claro, ahí tenemos, bueno, a la Revolución Cubana, que ha sido castigada por no rendirse, que ha resistido 45 años y sigue enhiesta sin aceptar las presiones (Aplausos y exclamaciones de: “¡Viva Cuba libre!”). Eso ha llevado a nuestro pueblo a tener que resistir el bloqueo, las agresiones, los ataques terroristas, más de 600 planes para asesinar a Fidel, las campañas mediáticas pagadas por el imperio.

La Revolución Bolivariana resiste y derrota al imperio y no se pliega a sus presiones; pero otros no han podido, han claudicado, no han podido resistir la presión del imperio, sus medidas económicas, dado estos niveles de dependencia.

En cuarto lugar -he señalado tres factores de ese esquema de dominación yanki sobre la región-: el sistema político implantado en nuestros países, que nos fragmenta, nos divide, impide que luchemos unidos por las prioridades nacionales.

He citado las herramientas del sistema interamericano: la OEA, el ALCA, la Carta Democrática Interamericana.

Tercero, he citado la alta dependencia económica, y el cuarto factor que identifica a ese sistema de dominación hegemónico del imperialismo en América Latina es que Estados Unidos ha logrado con éxito sabotear e impedir a lo largo de más de 100 años una genuina construcción de la unidad latinoamericana y caribeña.

Mientras que en Europa avanzó la Unión Europea, mientras que en Africa avanza la Unión Africana, mientras que en el sudeste asiático avanzó la organización de los países del sudeste de Asia, en América Latina no ha podido avanzar una genuina integración latinoamericana, porque Estados Unidos se las ha ingeniado siempre para estimular guerras entre países, conflictos fronterizos, divisiones, hacer fracasar esos intentos; y los latinoamericanos y caribeños, que somos 33 países miembros de Naciones Unidas, con 550 millones de habitantes y 2 millones de millones de Producto Interno Bruto, todavía andamos desunidos, solo comienzan a darse pasos iniciales y a veces esos pasos se han dado sobre la idea equivocada de que el libre comercio es integración.

La integración hay que proclamarla bajo los principios de la Alternativa Bolivariana de las Américas y defenderla con las palabras y los hechos como la ha estado defendiendo el presidente Chávez (Aplausos).

Estos cuatro rasgos, estos cuatro factores identifican que ya el imperialismo tiene en América Latina un esquema de dominación consolidado; pero, bueno, entonces, ¿qué hay que hacer, llorar? No, pelear (Aplausos). No debe haber espacio al desaliento, ¡no debe haber espacio al desaliento!, porque –

– Y esta es la tercera idea que les quiero trasladar- creemos que también hay oportunidades y factores positivos.

Los voy a enumerar.

Primero: existe una tradición revolucionaria, liberadora, un pensamiento antimperialista, una prédica de los fundadores de nuestra independencia hacia la integración, un pensamiento social avanzado en América Latina, realmente, de los más ricos en el universo; existe una tradición, el pensamiento de Bolívar, de José Martí, el pensamiento del Che Guevara (Aplausos), la práctica de los movimientos progresistas, de la izquierda. Existe una tradición, tenemos fuentes en las cuales beber, raíces sobre las cuales empinarnos.

No somos los pueblos de América Latina pueblos sin historia, pueblos sin héroes, pueblos sin glorias en las que afirmarse para ganar las glorias propias. Somos una generación de latinoamericanos y caribeños que venimos de una tradición gloriosa, que se reencarna, se reactualiza y se convierte en nuevo estímulo para las luchas de hoy.

Ese es un primer factor: No somos pueblos condenados a no poder cumplir el sueño histórico y la meta de los fundadores.

Segundo: Está a nuestro favor que América Latina está enfrentando la peor crisis económica y social de su historia y esa crisis fomenta el espíritu de rebeldía de los pueblos, contribuye a crear conciencia, contribuye a hacer más fuerte y activa la movilización popular, y, por tanto, la crisis, que es terrible, que la sufren cientos de millones de latinoamericanos, sin embargo, fomenta al mismo tiempo la rebeldía, el espíritu de movilización; alienta a las masas populares a salir a las calles a defender sus derechos, a defender que otro mundo mejor es posible, y eso constituye una oportunidad para la lucha antimperialista en América Latina.

¿Cuál es el cuadro de América Latina? Y entiendo bien que esta reunión y este festival no son para describir la situación, sino para discutir cómo transformarla, cómo cambiarla, cómo derrotar la adversidad, cómo derrotar la apatía, cómo movilizar, cómo creer en que sí podemos, en que sí se puede conquistar un mundo mejor para nuestros hijos. Pero hay que detenerse en la realidad brevemente para apuntar que en América Latina la pobreza no disminuye, sino crece; que casi la mitad de la población latinoamericana -224 millones, según la CEPAL- vive por debajo de la línea de pobreza; 96 millones de latinoamericanos viven en la indigencia, y todas estas cifras ustedes saben que son conservadoras, la realidad siempre es mucho más grave que lo que dan las estadísticas.

La mitad de la población latinoamericana vive trabajando en empleos informales, sin sindicatos, sin protección social, sin seguridad social, sin ningún tipo de garantía laboral; la mitad. De cada 10 nuevos empleos que se crean en América Latina siete son en el sector informal de la economía, que quiere decir más explotación todavía que la del sector formal.

Ochenta millones de latinoamericanos no tienen servicio de agua potable; 127 millones de latinoamericanos viven en condiciones de insalubridad.

Esa es la realidad de América Latina. América Latina es la región más desigual del mundo, donde el 10% más rico recibe el 40% del ingreso total. Es peor la situación que cuando el Che Guevara dio su vida generosa frente a aquel grupo de hombres dispuestos a transformar esa realidad. Hoy es peor en el sentido de las condiciones de vida, de la exclusión, de la pobreza; sin embargo, es mejor en el ánimo y el compromiso de las nuevas generaciones de latinoamericanos de no dejar caer aquella bandera, de seguir luchando por transformar esa realidad, y a eso contribuye este festival que ustedes organizan con madurez, seriedad y entrega.

La deuda externa es hoy una de las principales herramientas del poder imperial sobre América Latina. Se cumplen en estos días 20 años de que Fidel encabezara su batalla contra la deuda externa.

Por estos días del año 1985, cuando se celebraba el Festival Mundial de la Juventud en Moscú, en una Unión Soviética que no parecía que algún día iba a desaparecer, en aquel mundo bipolar que, por supuesto, tenía problemas, dificultades; pero peor es el de hoy, que es un mundo unipolar, donde emergió una única superpotencia con todo su poderío militar, tecnológico, económico, mediático; en aquellos días precisos del festival, en La Habana se daban reuniones diarias donde Fidel, en un magisterio y una prédica constantes, llamaba al reconocimiento de que aquella deuda era impagable, de que aquella deuda era dogal sobre el cuello de los pueblos de América Latina.

¿Qué pasó en estos 20 años? En agosto de 1985, cuando Fidel hablaba en La Habana contra la deuda externa como mecanismo de expoliación, la deuda de los 33 países de América Latina y el Caribe era de 300 000 millones de dólares; ahora es de 780 000 millones, más del doble que en aquel momento, y en estos años se ha pagado casi seis veces lo que se debía en aquel momento: 1,8 millones de millones, casi 2 millones de millones de dólares se han pagado. ¿Cómo es posible que usted pague casi seis veces lo que debía y deba al final de los 20 años el doble de lo que debía al principio? Por ese mecanismo infernal.

¿Por qué hay pobreza en América Latina? ¿Por qué no hay escuelas? ¿Por qué no hay agua potable? ¿Por qué no hay viviendas? ¿Por qué no hay empleo digno? ¿Por qué no hay derecho a la alimentación? ¿Por qué no hay asistencia médica gratuita y universal? ¿Por qué no hay una vida decorosa para la mayoría de la población latinoamericana? (Aplausos.)

Se mueren casi 40 niños menores de 5 años en América Latina por cada 1 000 nacidos vivos. ¡Vergüenza! Y todo eso tiene también un subregistro enorme de los que mueren y no se saben sus nombres. Hay más de 50 millones de analfabetos, ya lo hablamos. Esa es la crisis, y la crisis hoy engendra más movilización popular, más resistencia social, más organización, más lucha, y, por tanto, de alguna manera se convierte en un estímulo a la lucha contra el imperialismo y su dominación en la región.

Ese es un segundo factor. El primero -dije-, nuestra tradición histórica, nuestro pensamiento revolucionario, antimperialista; segundo, la actual situación.

Tercera oportunidad, y rasgo positivo que vemos: la crisis de credibilidad en que se ha sumido el neoliberalismo. Ya ni los defensores acérrimos defienden al neoliberalismo en América Latina; aquellos que decían que el Estado estorbaba, que lo que había era que privatizar hasta los parques y los cementerios; los que privatizaron y vendieron las empresas públicas, resultado del esfuerzo y el sacrificio de generaciones, patrimonio del pueblo, y las vendieron muchas veces en medio de operaciones fraudulentas, cobrando coimas escandalosas por debajo de la mesa; ni siquiera los que defendieron la idea de que el Estado no debía ocuparse ni de la educación, ni de la salud, ni de la igualdad, que lo que debía imperar eran las leyes salvajes del mercado, esos ya no lo dicen, se esconden, no tienen el valor de defender sus ideas en público.

El neoliberalismo ha caído en crisis en el debate teórico, en la práctica de los pueblos; los neoliberales tienen que prometer que no van a ser neoliberales, aunque después lo sean cuando lleguen al gobierno, para escamotearles la verdad a las masas.

Se ha superado el momento inicial de lógico estupor, el desconcierto que se abatió sobre los pueblos en América Latina, sobre las fuerzas de izquierda después de la desintegración de la Unión Soviética, después de la desaparición del campo socialista, cuando se proclamó por los voceros imperiales que había llegado el fin de la historia, que el socialismo estaba muerto, que lo que duraba era eso, 70 años, y que ya no tenía sentido ni siquiera debatir el tema; cuando se proclamó que era el capitalismo, el imperialismo, el neoliberalismo el fin de la historia.

Ya pasaron esos momentos, han pasado 14 años nada más desde que el imperialismo proclamó su victoria y ya estamos otra vez los pueblos luchando, con más optimismo y más esperanza que nunca en la victoria, y la Revolución Cubana siguió allí proclamándose socialista, y no renunció a los principios (Aplausos).

Aquí hay sentados hoy jóvenes de China, de Viet Nam, de Laos, de Corea, en cuyos países también se construye, con sus peculiaridades, sus características, el socialismo, y se defiende el socialismo como bandera. Hoy el presidente Chávez nos convoca a discutir, a construir y a defender el socialismo del siglo XXI. Las banderas flamean otra vez (Aplausos).

Se les podría repetir a aquellos enterradores del socialismo que proclamaron su victoria cuando con dolor vimos la desintegración de la Unión Soviética, cuando vimos aquellos acontecimientos trágicos que trajeron al mundo hasta aquí; a aquellos que proclamaron victoria, nos condenaron a muerte y dijeron que nos quedaban unos días, se les podría repetir aquello de que “los muertos que vos matasteis gozan de buena salud”, y estamos aquí defendiendo nuestras ideas y defendiendo que el socialismo es la opción (Aplausos).

Hay, por tanto, una crisis profunda de credibilidad del neoliberalismo que se convierte en una oportunidad para nuestra lucha.

He dicho tres cosas positivas: la tradición histórica de nuestro pensamiento, la crisis profunda que hay en América Latina, la crisis del neoliberalismo como doctrina.

En cuarto lugar, creo que es una oportunidad y un elemento positivo, la resistencia victoriosa de la Revolución Cubana; la consolidación victoriosa de la Revolución Bolivariana y su profundización (Aplausos); el surgimiento de fuerzas populares y partidos de izquierda con opciones de triunfo en varios países de América Latina; la renovada capacidad de movilización de los pueblos de América Latina que han derribado a gobiernos corruptos, neoliberales y traidores en nuestra región.

Un quinto elemento positivo que vemos es el tradicional sentido de independencia de los países caribeños, 14 de los cuales forman la Comunidad del Caribe, CARICOM, algunos de cuyos delegados están aquí entre nosotros, países pequeños pero con un gran sentido de la dignidad nacional, un gran sentido de la independencia, que no se han prestado jamás para atacar a la Venezuela bolivariana o a la Cuba socialista, que han constituido un valladar ante los intentos imperiales, incluso en la OEA. Ese sentimiento de independencia de los países caribeños, junto al surgimiento de una nueva correlación de fuerzas en América Latina, con el triunfo de gobiernos progresistas y de izquierda en varios países, ha cambiado la correlación de fuerzas en la región y nos ha dado ejemplos recientes, como el hecho de que Estados Unidos no haya logrado imponer sus intereses, incluso en foros que domina tanto como la OEA, donde no pudo imponer una condena a Cuba el año pasado, donde no pudo este año imponer sus maniobras contra la Revolución Bolivariana.

La correlación de fuerzas ha cambiado, los antiguos aliados neoliberales del imperialismo están a la desbandada, surgen fuerzas nuevas, nuevos liderazgos. Todo eso en medio de una ola de movilización popular y de resistencia ante los efectos de la crisis y de la profundización del neoliberalismo en la región.

Estos son cinco aspectos que creemos positivos, que contrarrestan los elementos negativos que señalé antes y que, desde nuestro punto de vista, constituyen soportes a la lucha antimperialista.

Por tanto, ¿es viable la lucha? ¿Se puede derrotar al imperialismo a nivel mundial? Sí, si se le derrota en nuestra región. ¿Y eso es posible? Sí es posible. ¿Es fácil? No, no es fácil, pero es posible (Alguien exclama: “¡Sí se puede!”). ¡Sí, se puede, sí se puede! (Aplausos y exclamaciones de: “¡Sí se puede!”)

¡Sí se puede! Se puede si lo intentamos todos juntos, si nos unimos, si luchamos con desprendimiento y honestidad por estos objetivos que superan realmente cualquier otro que nuestra generación se haya planteado.

Cuarta idea clave. La lucha contra el imperialismo
es especialmente decisiva en el terreno de las ideas. La movilización popular, el activismo político hay que sustentarlo en la batalla y el triunfo en el terreno de las ideas, y el terreno de las ideas implica no la repetición de una consigna vacía, sino el análisis para llegar a la verdad y contribuir a difundirla.

Desde nuestro punto de vista, ¿cuáles son un grupo de elementos para integrar un programa de lucha contra el imperialismo? Voy a nombrar algunos.

Primero, creemos que hay que cuestionar, en el debate de las ideas, al capitalismo como sistema y al culto al individualismo, el consumismo y el egoísmo como los estímulos que hacen moverse a los seres humanos. No se puede intentar derrotar al imperialismo aceptando al capitalismo como sistema (Aplausos).

Hay que reivindicar al socialismo como sistema, adaptado, es cierto, a las condiciones, a las características de cada país, sin calco ni copia, sin repetición mimética, con creación, dada las condiciones distintas de cada país.

Hay que reivindicar los principios de solidaridad, de cooperación, como expresión de un nuevo tipo de relación dentro de las naciones y entre las naciones. La idea de que el hombre solo pueda moverse por los sentimientos del egoísmo, por los sentimientos del consumo, choca con nuestra visión de que el hombre se puede mover por sentimientos de mucho mayor altruismo.

No fue por dinero que 350 000 combatientes voluntarios cubanos fueron a Africa a derrotar al apartheid, fueron creyendo en las ideas (Aplausos).

Hay ejemplos de que es la solidaridad y la cooperación el camino.

Cientos de miles de latinoamericanos y caribeños que preservarán o recuperarán la visión -ver, ese don preciado- en los próximos 12 meses, a través de la Misión Milagro, demuestran las potencialidades de la integración (Aplausos), bajo los principios del ALBA; integración solidaria, bajo los principios de la Alternativa Bolivariana para las Américas, bajo esos principios proclamados por el presidente Chávez. Ese es el camino, el camino de la cooperación.

Nuestro país ha dado pruebas modestas también, y quizás está mal que hable de ese ejemplo, pero es tan puro que no debería dejar de decirse. Se han graduado en Cuba, a lo largo de más de cuatro décadas, 43 000 jóvenes de 120 países, y estudian hoy becados en nuestro país, casi 17 000 jóvenes de más de 100 países (Aplausos).

El país agredido, bloqueado, hostigado tiene a decenas de miles de sus hijos trabajando en otras tierras, y el imperio, que puede lanzar un ataque nuclear, no puede mandar 20 000 médicos a salvar vidas en otras tierras (Aplausos). Son otros principios los que deben mover a las hombres (Corean consignas).

Por tanto, ¿por qué luchar? Primero, hay que cuestionar el capitalismo como sistema; hay que cuestionar la idea de que es el egoísmo, el estímulo, en el debate de las ideas. No se puede, repito, enfrentar y derrotar al imperialismo creyendo que el capitalismo es el sistema.

Hay que comprender, claro, que la construcción del socialismo es un proceso histórico, que no es un plumazo de un día para otro; no es un dogma, no es un corsé, pero es la meta (Aplausos).

Segundo -es nuestra opinión respetuosa, es nuestra opinión la que voy a decir ahora, respetuosa, por supuesto, de puntos de vista distintos y abierta al debate-, creemos que hay que cuestionar a la democracia burguesa y al pluripartidismo como el modelo dogmático, el único modelo de democracia existente.

Creemos que hay que proclamar claramente:

– Que no puede haber democracia sin justicia social.

– Que no hay libertad posible si no es sobre la base del disfrute de la educación y la cultura.

– Que un analfabeto no es realmente libre.

– Que no hay disfrute real de los derechos humanos si no hay igualdad y equidad.

– Que los pobres y los ricos no tendrán jamás igual derecho en la vida real, aunque estén proclamados…

Bueno, se nos suma el Vicepresidente de la República Bolivariana de Venezuela (Aplausosy exclamaciones de:“¡Alerta,alerta, alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina!”).

Se incorpora con nosotros José Vicente Rangel, vicepresidente de la República Bolivariana de Venezuela (Aplausos), joven combatiente por la justicia y contra el imperialismo por varias décadas.

José Vicente, te recibimos en calidad de maestro, pero también de compañero de trinchera juvenil, y te expresamos nuestro orgullo de compartir estos días con el presidente Chávez y contigo (Exclamaciones de: “¡Se oye, se siente, Rangel está presente!”).

Creo que para los hombres y mujeres de tu generación, el festival es de alguna manera un premio y es un tributo también a los que cayeron sin ver este día, a los que lucharon con ustedes y no pudieron ver esta hora (Aplausos).

Decía que en el debate de las ideas, en la lucha contra el imperialismo hay que proclamar con valor que los pobres y los ricos no tendrán jamás igual derecho en la vida real, aunque estén proclamados y reconocidos en el papel. Que no puede haber democracia si no hay justicia social. Que no puede haber libertad si no es sobre la base del disfrute de la cultura y la educación. En Estados Unidos cuesta ser elegido senador al menos 8 millones de dólares.

¿Puede un pobre desempleado sin vivienda, puede uno de esos 40 millones de norteamericanos que no tienen ni siquiera acceso a la salud ser senador? Según la Constitución y las leyes, sí; según el papel, sí; pero según la vida real, no.

¿Puede un pobre analfabeto de América Latina convertirse en un diputado, en un parlamento de América Latina? No.

Únicamente en el triunfo de una revolución, únicamente en el triunfo de un proceso popular que ponga por fin a los de abajo de siempre, a los excluidos de siempre en el control de los destinos de su país, como ha pasado aquí en la Venezuela Bolivariana (Aplausos).

Los pobres tienen ahora en Venezuela opciones reales; pero, ¿podían los pobres en la democracia del Pacto de Punto Fijo? No podían.

¿Pueden en las sociedades donde la mitad no está inscrita para votar y de la mitad que está inscrito participa otra mitad y participa apenas el 20% de la población? No se puede, porque hace falta dinero, porque hace falta maquinaria, privilegios que no están al alcance de las mayorías pobres (Exclamaciones de: “¡Viva el socialismo!”)

Tercero, creemos que hay que reivindicar el derecho de los pueblos a su libre determinación, hay que defender el derecho de cada pueblo a escoger su sistema político, sus instituciones, sus leyes.

Hay que proclamar la idea de que no existe un modelo único, un dogma, y que cada pueblo tiene que tener el derecho que le consagra el Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas a ejercer su libre determinación.

No puede venir nadie de afuera a certificar en mi país, no puede venir nadie de afuera a proclamar en mi país lo que es potestad exclusiva de los hijos de mi país. Ese es el principio que nosotros hemos defendido en Cuba (Aplausos), y no hemos quebrado nuestra bandera, no hemos aceptado las presiones, y nos hemos enfrentado a las campañas de mentiras y no hemos entrado en el juego de, para ser políticamente correctos, hacer cambios cosméticos que nos hagan adaptarnos a las reglas de juego que el imperio quiere proclamar.

Defendemos nuestro derecho, como reconocemos el de los demás, y no decimos que nuestro modelo es la receta. Ese es el nuestro, el que nosotros nos dimos, fruto de un genuino proceso histórico, democrático, de alto costo en vidas de los mejores hijos de nuestro pueblo, y es el que nos ha permitido enfrentar la agresión feroz del imperio. No lo exportamos, pero reclamamos y reivindicamos el derecho de cada pueblo a construir su sistema.

Cuarto.- Tenemos que rescatar las banderas de la democracia y los derechos humanos. El imperialismo se apropió de ellos de manera hipócrita y las ha convertido en armas contra los pueblos, utilizando su dominio mediático, utilizando su capacidad de presionar a los países.

Hay que decirlo con todas las letras: el imperialismo es la mayor fuerza antidemocrática y violadora de los derechos humanos en el mundo (Aplausos y exclamaciones de: “¡Abajo el imperialismo!”)

Debemos recordar que el imperialismo viola sus propias reglas, que impone a los demás, cuando le conviene.

Recordemos que organizó el golpe de Estado contra el presidente Allende, que había sido elegido según las reglas del sistema.

Recordemos que no invocó la Carta Democrática Interamericana cuando el golpe de Estado contra la Revolución Bolivariana; hicieron silencio, se agazaparon a ver si podían triunfar y afirmarse aquellas fuerzas, que fueron barridas después por la movilización del pueblo bolivariano (Aplausos).

No hay que caer en la ingenuidad de aceptarle al imperialismo sus reglas de juego, porque él las viola, y por eso apoyó, organizó, financió y armó a las dictaduras militares en América Latina, que desaparecieron y asesinaron a cientos de miles de latinoamericanos.

El imperialismo no se equivoca nunca en identificar a su enemigo y atacarlo, y nosotros no debemos equivocarnos nunca, y, como decía el Che, no se le puede dar ni un tantico así (Muestra). Por tanto, reivindicar el derecho a la libre determinación de los pueblos constituye hoy un elemento esencial de la batalla contra el imperialismo en América Latina en el terreno de las ideas.

Quinto.- Hay que enfrentar al neoliberalismo y al unipolarismo; hay que defender un nuevo orden económico y político internacional (Aplausos); hay que defender la democracia no solo dentro de los países, sino en las relaciones entre los países; hay que defender la democratización de las relaciones internacionales.

Se vive hoy el intento de imponer una dictadura a nivel planetario que amenaza con agredir a 60 ó más países, a los que se ha llamado “oscuros rincones del mundo” por el presidente Bush.

El actual orden mundial impide el derecho al desarrollo a más de 130 países, independientemente de lo que esos países hagan por desarrollarse.

Un sistema económico basado en la expoliación de nuestros países, basado en un comercio donde cada vez compramos más caro lo que tenemos que comprar y vendemos más barato lo que tenemos que vender; un sistema de comercio internacional injusto, donde nuestros países no tienen acceso a los mercados, no tienen acceso a las tecnologías, no tienen acceso a los flujos financieros, donde las instituciones internacionales funcionan para imponerles reglas a los pobres que no imponen a los países ricos y desarrollados. En ese sistema nuestros países no se pueden desarrollar. Hay que defender la necesidad de democratizar las relaciones internacionales. Hay que reivindicar una genuina integración latinoamericana y caribeña, alternativa al modelo de subordinación que estableció Estados Unidos.

Hay que reconocer la necesidad -como ha proclamado el presidente Chávez-, ahora o nunca, de construir una genuina unión latinoamericana y caribeña, algunas de cuyas instituciones comienzan a nacer con éxito, como la Alternativa Bolivariana para las Américas, como Petroamérica, como Petroandina, como Petrocaribe, gérmenes de una futura integración genuinamente latinoamericana y caribeña.

– Ahora, quinta idea. En el plano de la lucha política y de la movilización popular, creemos que la primera prioridad hoy de la lucha antimperialista en América Latina es defender a la Revolución Bolivariana (Aplausos), que es hoy patrimonio estratégico de todos los que en América Latina luchan contra el imperialismo y por un mundo mejor.

La derrota de la Revolución Bolivariana significaría cien años de retroceso en nuestras luchas, ardería la región de América Latina y el Caribe si el imperio invadiera a la Venezuela bolivariana; pero el imperio acechante, taimado, acumula fuerza, elabora planes, engorda ambiciones en la idea de derrotar a la Revolución Bolivariana.

La Revolución Bolivariana es hoy un pedazo donde hemos triunfado y es trampolín para seguir impulsando la lucha en América Latina. Su defensa es hoy la principal prioridad para todas las fuerzas democráticas, revolucionarias, progresistas, de izquierda, antimperialistas, de América Latina y del mundo (Aplausos).

Lo decimos desde el agradecimiento profundo y desde el conocimiento de cuánto vale la solidaridad internacional, porque durante décadas la Revolución Cubana, y, sobre todo, en los últimos 15 años, solo pudo alimentarse de la fe y de la pasión de sus hijos, de la solidaridad de los pueblos y de las fuerzas progresistas en el mundo.

Agradecemos la solidaridad que hemos recibido en nuestra lucha; pero no tenemos duda de que en este momento -y nosotros seguiremos resistiendo hasta derrotar el bloqueo y la subversión contra Cuba- el Festival ha de ser tribuna para hacer el más ferviente llamado a redoblar los esfuerzos solidarios con la Revolución Bolivariana, con el pueblo noble y generoso de Venezuela, con el presidente Hugo Chávez, con el gobierno bolivariano que él encabeza y con la obra transformadora y creativa que ellos han hecho nacer en esta tierra (Aplausos). Esa es la principal prioridad.

En segundo lugar, identificamos como otra prioridad impulsar la Alternativa Bolivariana para las Américas y derrocar definitivamente al ALCA y a todas las otras fórmulas que de alguna manera son el ALCA disimulado, fabricado como un rompecabezas, a pedazos: los tratados de libre comercio entreguistas que Estados Unidos ha ido imponiendo a otros países, que le permiten construir una red que de alguna manera sustituya el ALCA que no han podido imponer.

Hay que oponerse a los mecanismos de dominación imperial en la región, esa es una tercera prioridad. Hay que volar en pedazos a la OEA. ¿Por qué hay que aceptar que la OEA es el foro de integración de América Latina y el Caribe? (Aplausos.)

Hay que fundar una organización latinoamericana y caribeña de Estados. En esa sí Cuba entraría, en una independiente, no en la otra mangoneada por Estados Unidos (Aplausos y exclamaciones), aunque es verdad que la OEA de hoy es también territorio de enfrentamiento y espacio de lucha -como dije ahorita-; no es la OEA que dócilmente aceptó separar a Cuba a principios de los años sesenta, es la OEA donde el otro día el gobierno de Estados Unidos no pudo imponer sus designios tenebrosos contra la Revolución Bolivariana y sus mecanismos de seguimiento. Pero, de todas maneras, esa no es la organización que quería crear Bolívar en el Congreso Anfictiónico, esa no es la encarnación del sueño de Bolívar y Martí; esa es la América de Monroe, no la de Bolívar y Martí, y la OEA no puede ser jamás el foro que los latinoamericanos y caribeños acepten como el mecanismo de integración y discusión de sus problemas.

Hay que oponerse a la Carta Democrática Interamericana, instrumento de injerencia e intervención que no fue, sin embargo, invocada cuando se dio el golpe contra la Revolución Bolivariana.

La cuarta prioridad es oponerse a las bases militares norteamericanas en América Latina y el Caribe (Aplausos), hay que denunciar y enfrentarse a los planes agresivos del imperio.

¿Contra quién van enfilados los planes militares de Estados Unidos hoy en la región? ¿Contra quién van enfilados los soldados norteamericanos? ¿Contra quién se elaboran planes? ¿Quién es el enemigo? ¿Quién va a agredir desde América Latina a Estados Unidos? ¿Contra quién se preparan soldados, se crean nuevas bases? Son planes enfilados contra la Revolución Bolivariana, contra Cuba, contra todo país que ose desafiar el poder del imperio y afectar sus intereses, esa es la verdad que está aquí en el fondo de esta discusión.

– En quinto lugar, hay que reclamar la abolición de la deuda externa que hemos ya pagado seis veces en los últimos 20 años. Hay que reclamar nuestro derecho a recibir condiciones favorables de financiamiento.

¿De dónde puede salir el dinero para nuestros países? Se gastan un millón de millones por año en gastos militares, 500 000 de esos millones los gasta solo Estados Unidos; se gasta un millón de millones en publicidad comercial; se gastan 300 000 millones en subsidiar las producciones agrícolas de los países ricos; nos cobran 100 000 millones de dólares anuales en aranceles para permitir que nuestros productos entren a sus mercados.

Ahí está el dinero, y en el que se fuga debido a un sistema financiero internacional caótico, que ha convertido la economía y las finanzas internacionales en un casino de juego; ahí está el dinero. Que los países desarrollados cumplan sus compromisos, que ya de por sí eran bastante bajos y modestos, con la ayuda oficial al desarrollo.

Hay dinero, lo tienen los ricos, lo malgastan, lo malgastan, lo botan en exceso de consumismo, en derroche innecesario, mientras 1 000 millones de personas en el mundo son analfabetos, 900 millones pasan hambre y 2 000 millones no han conocido jamás la electricidad.

Sí hay dinero, lo que no hay es voluntad política para permitirles a nuestros pobres el acceso a una vida decorosa y digna.

Hay que reivindicar la soberanía de nuestros pueblos sobre los recursos naturales; hay que defender nuestro derecho a un uso sostenible de esos recursos, que respete y proteja el medio ambiente, frente al derroche y la expoliación de las transnacionales. Esta es la sexta prioridad.

¿Por qué hay que aceptar, si un gobierno progresista llega al gobierno, una privatización fraudulenta que se hizo antes? ¿Por qué no se puede rescatar la riqueza del pueblo? La Revolución Bolivariana acaba de subir los impuestos a las compañías, su derecho legítimo; ha establecido el control del Estado sobre el uso de los recursos. Los recursos naturales son patrimonio de los pueblos (Aplausos).

Amenazan con el castigo al que intente revisar algo de lo pactado anteriormente, aunque haya sido lesivo a los intereses del país. Bajo ese criterio nosotros tendríamos que aceptar la base naval norteamericana en Guantánamo, porque un gobierno cubano, maniatado, sin voluntad, títere, aceptó firmar un papel con un gobierno de Estados Unidos. Todavía el gobierno de Estados Unidos nos manda el cheque de 4 000 dólares anuales de pago por los 117 kilómetros cuadrados. Por supuesto que no lo aceptamos, guardamos el cheque en un cajón hasta el día que recuperemos nuestro territorio e icemos allí nuestra bandera (Aplausos y exclamaciones).

Luchar contra el imperialismo en América Latina hoy es señalar claramente la responsabilidad de Estados Unidos, que consume la cuarta parte del combustible que se emplea en el mundo.

De cada cuatro barriles que se consumen diariamente, uno se consume en Estados Unidos, y hay que decir, claramente, que ellos y el Norte derrochador tienen la responsabilidad en el alza de los precios del petróleo.

Hay que señalarle la verdad y no hay que aceptar su discurso demagógico, y hay que, por otro lado, trabajar en construir alternativas de suministro energético a nuestros países que hagan sostenible la actual situación, por eso apoyar Petroamérica, apoyar Petroandina, apoyar Petrocaribe, iniciativa generosa, sin paralelo en la historia del mundo, es hoy enfrentarse, en el terreno de las ideas y de la lucha política, al imperialismo.

Hay que oponerse a la aplicación de los programas del Fondo Monetario Internacional (Aplausos). Los pueblos tienen derecho a rebelarse contra los programas que intentan llevarle más miseria, más exclusión, más hambre, más desempleo. Es legítima la movilización popular y la lucha contra los programas de ajuste del Fondo.

Sexta idea, tenemos que luchar por difundir nuestra verdad, y este es un tema clave.

Fidel dedicó hace unos días una parte importante de su encuentro con los jóvenes cubanos que venían a Caracas a discutir este tema, les decía que había que buscar constantemente la verdad y divulgarla, porque el enemigo ha escamoteado la verdad, ha presentado los hechos como le convienen. Hay que ayudar a los pueblos a encontrar la verdad, para liberarse del yugo. Hay que librar y ganar -decía Fidel- la batalla de la verdad. Hay que luchar contra el poder mediático del imperialismo, hay que hacerlo con creatividad, con tesón, con pasión, convencidos de que tenemos la razón, y es clave en este sentido el nacimiento de Telesur, el surgimiento de sitios alternativos como Rebelión y otros (Aplausos), que constituyen nuevos espacios para la voz de los pueblos.

– Ahora bien, y esta es la séptima idea, la lucha antimperialista en América Latina hoy, ¿qué es? Es la lucha de las fuerzas revolucionarias y progresistas por alcanzar el poder. Hay que llegar al poder, desde allí es desde donde se puede realmente lanzar la obra de transformación posterior; no es llegar al poder como fin, como meta, es llegar al poder para convertirlo en instrumento de transformación revolucionaria, como instrumento para provocar el cambio profundo que necesitan las sociedades de América Latina; y la lucha antimperialista es también, si no se ha llegado al poder, la lucha y la movilización popular contra las guerras de rapiña, contra el neoliberalismo, contra la explotación.

El hecho de que se fracase en el intento de llegar al poder no quiere decir que se renuncie a la lucha. Es la movilización constante, es el sacar fuerzas nuevas, lecciones de los fracasos y volver a empezar y volver a empezar.

Pero debe estar claro que es desde el poder desde donde el pueblo puede hacer lo que ahora se está haciendo en Venezuela, lo que se hizo en la Revolución Cubana. Es el pueblo en el poder el que entrega la tierra a los campesinos, el que hace la reforma agraria, el que enseña al analfabeto a leer, el que provee educación y acceso a la salud, el que protege y proclama los derechos de la mujer y la niñez.

Es el pueblo en el poder el objetivo, y no en el poder como meta, como fin en sí mismo, sino en el poder para convertirlo en instrumento de cambio y transformación; porque si mantenerse en el poder se convierte en meta y no en medio para desarrollar la lucha a favor de los pueblos, entonces se corre el riesgo de pactar con el imperio a cambio de mantenerse en el poder, de ceder en los programas, de ceder en las metas, de renunciar a las ideas que antes se defendieron a cambio de mantenerse en el poder.

Hay que llegar al poder y, con el apoyo del pueblo, desde allí iniciar la transformación, que enfrentará inevitablemente al imperio y a sus aliados, pero que generará más apoyo del pueblo.

Eso es lo que ha ocurrido en Venezuela, genuino proceso de transformación popular, revolucionario y democrático; pero hay que saber que la ejecución de ese programa a favor de los intereses nacionales llevará, sin duda, al enfrentamiento con la reacción del imperio y sus aliados.

Ahora bien, las vías para llegar al poder: ¿Pueden ser las elecciones una vía? Sí, lo reconocemos, si las condiciones, como ocurrió en Venezuela, lo permitieron; lo que no aceptamos es la idea de que los pueblos solo pueden ir por el camino de las elecciones en su lucha para llegar al poder (Aplausos), y en ese sentido la Revolución Cubana reivindica el derecho de los pueblos a todas las formas de lucha revolucionaria y a la movilización popular contra el neoliberalismo, contra la explotación y el subdesarrollo (Aplausos).

Lo decimos con la autoridad de un pueblo que hizo una revolución armada; un pueblo en el que menos de 300 guerrilleros derrotaron a un ejército de 10 000 hombres en una ofensiva militar, apoyados y armados por Estados Unidos, y al final de una guerra intensa, en la que se combatió cada día, 80 000 soldados de una tiranía sangrienta apoyada por Estados Unidos no pudieron derrotar al Ejército Rebelde, que eran menos de 5 000 combatientes con apoyo popular.

Esa es nuestra experiencia, no la exportamos, no llamamos a imitarla, comprendemos los cambios en la situación mundial; pero reivindicamos el derecho de cada pueblo a todas las formas de lucha para llegar al poder, como el enemigo usa todas las formas a su alcance para derribar a los gobiernos democráticos que no se le subordinan, para enfrentar la lucha de los pueblos por la democracia y el desarrollo.

Por tanto, la llegada del pueblo al poder entraña un reto: hay que romper con el sistema hegemónico de dominación imperial o se termina pactando con él o derrotado por él. No se puede hacer una revolución sin afectar los intereses de las estructuras oligárquicas nacionales, que son aliadas del imperialismo y lo necesitan como garante de sus privilegios.

Un proceso revolucionario antimperialista chocará inevitablemente con el imperialismo; el imperialismo no entrega su poder pacíficamente. Por eso recuerdo otra vez al Che: ni un tantico así se le puede conceder. Esa es la lección.

Por eso la Revolución Bolivariana se hace más legítima ante su pueblo cuanto más se prepara para defenderse y genera más apoyo y más compromiso de su pueblo, que ha saboreado ya la miel de la victoria y de lo que significa gobernar y regir de manera independiente los destinos de su país.

Ahora, octava idea, a nivel global creemos que es imprescindible defender el derecho de los pueblos a la paz, pero a una paz digna y con justicia. La Revolución Cubana no entiende la paz como el cercenarles a los pueblos el derecho a usar las armas para defender su libre determinación o para defenderse de la agresión (Aplausos), porque si no a nuestra preparación para defendernos de una agresión se le llama terrorismo, y se le llamará un día terrorismo al uso del pueblo venezolano de las armas para defender a su Patria.

Reivindicamos y apoyamos su derecho a armar a su pueblo: ¡Un pueblo armado, unido y alerta, jamás podrá ser derrotado! (Aplausos y exclamaciones.)

Finalmente cabría preguntarse: ¿Es una quimera esto que planteamos? ¿Son ideas descabelladas, de locos que sueñan sin comprender que la realidad es imposible de transformar? Creemos que no, y lo creemos desde la convicción de haber visto que sueños que parecían imposibles fueron alcanzados y superados.

Parecía imposible derrotar al poderoso y bravo ejército español en América Latina y los llaneros venezolanos, al mando de Bolívar, los pueblos de Nuestra América lo hicieron.

Parecía imposible llegar en el yate Granma a Cuba, un pequeño yate de recreo para 17 pasajeros, donde vinieron 82 hombres con sus armamentos, y llegaron.

Parecía imposible derrotar al ejército armado por Estados Unidos en Cuba, y fue derrotado.

Parecía imposible que la Revolución Cubana se mantuviera después de la desaparición de la Unión Soviética, que nos había permitido protegernos del bloqueo y la agresión, y aquí estamos más optimistas, más seguros y más fuertes que nunca (Aplausos).

Parecía imposible que aquel joven exmilitar que había encabezado un alzamiento revolucionario de oficiales honestos y comprometidos como él, un 4 de febrero, aquí, en Venezuela; cuando después de dos años de cárcel llegara a Cuba, parecía imposible y lejana la posibilidad de que un día fuera el líder de una revolución triunfante, el líder del proceso de integración de América Latina y el Caribe, como es hoy Chávez (Aplausos).

Parecía imposible que se pudieran alfabetizar en Venezuela un millón y medio de analfabetos y ya hoy saben leer y escribir y muchos de ellos siguen sus cursos para terminar el sexto grado (Aplausos).

Parecía imposible que el apartheid pudiera ser derrotado, era ejército poderoso, apoyado por Estados Unidos y las principales potencias occidentales, y allá, a 10 000 kilómetros de nuestra patria, decenas de miles de combatientes cubanos, que en un momento llegaron a ser 55 000, junto a soldados angolanos, junto a guerrilleros namibios, hicieron posible la victoria de Cuito Cuanavale, el avance por el suroeste de Angola, y el régimen del apartheid tuvo que sentarse a negociar, tuvo que pactar su derrota, y Angola se preservó y Namibia fue libre e independiente. Aquí tiene que haber delegados namibios que saben que la sangre de nuestros combatientes derramada allí no fue sangre derramada en vano (Aplausos), que vieron un día izada su bandera.

Y Mandela fue libre cuando parecía que moriría en prisión.

Y parecía imposible que el niño Elián González regresara a Cuba, y regresó; y parecía imposible que nuestros cinco jóvenes héroes regresaran a nuestra patria, y pensamos que un día regresarán y quizás un día vendrán a un festival mundial de la juventud, invitados por ustedes (Aplausos y exclamaciones de: “¡Cuba va!” y “¡Ellos volverán!”).

No creemos, por tanto, que son quimeras inalcanzables, sueños imposibles. Nuestros sueños de hoy serán las realidades de mañana, si batallamos por ellos, si tenemos la presencia de ánimo, la convicción, la entrega, el compromiso; si reconocemos que esta es la hora de luchar, la hora de marchar unidos como la Plata en las raíces de los Andes, como decía José Martí. Si lo hacemos, alcanzaremos la victoria, construiremos en América Latina y el Caribe una confederación de pueblos libres y unidos que jugará un papel en la construcción de un mundo mejor.

Hoy la Revolución Bolivariana alumbra ese camino; la Revolución Cubana sigue siendo bastión de resistencia y dignidad.

Puedo asegurar aquí, a nombre de nuestro pueblo, que allá en nuestra pequeña isla, sueña, combate, funda y trabaja cada día, que nuestra resistencia no va a ser derrotada. Que la Revolución Cubana no podrá ser derrotada (Aplausos)

El imperialismo apuesta su victoria a la idea de que cuando la generación que hizo la Revolución y que encabeza Fidel no esté, cuando no esté Fidel, cuando no esté Raúl, el segundo jefe de nuestra Revolución (Aplausos); cuando no estén los hombres y mujeres que hicieron posible aquello que parecía un milagro, las nuevas generaciones no tendrán la fortaleza de ánimo, no tendrán la convicción y la pasión de sus padres para defender la Revolución. Pero la presencia en Venezuela de miles de nuestros jóvenes, que nacieron cuando la Revolución estaba hecha y había sido protegida de sus primeros ataques y que están aquí hoy como médicos internacionalistas, como entrenadores deportivos, como profesores, son la prueba de los valores que esa Revolución ha sembrado en nosotros (Aplausos).

Cuando vemos a los jóvenes venezolanos en las calles, cuando vemos a las muchachas y muchachos venezolanos en las calles, solidarios, recibiendo a lo mejor de la juventud progresista mundial, aumentamos nuestra convicción y hacemos más fuerte nuestra esperanza de que nosotros tenemos la razón, de que la vamos a hacer valer, de que nosotros construiremos un mundo mejor que sí es posible.

¡Hasta la victoria siempre!

¡Venceremos!

(Ovación)

COMPARTÍ ESTE ARTÍCULO

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Recibí nuestras novedades

Puede darse de baja en cualquier momento. Al registrarse, acepta nuestros Términos de servicio y Política de privacidad.

Últimos artículos

Jorge Dorio recorre la semana post-elecciones y con sus versos nos revela que, aunque la derrota aun no haya sucedido, el Frente de Todos debe no solo aliarse, sino empezar a actuar en vez de hablar.
En esta nota descomponemos los resultados de las elecciones del domingo pasado. Pensamos en los debates internos de las diferentes coaliciones y las estrategias que deberán ser llevadas a cabo.
A 66 años de la autodenominada Revolución Libertadora, leemos nuestro presente y encontramos sombras de la misma, la cual amenaza el futuro y la existencia de la sociedad argentina.