Campanas de palo

El lunes 10 de noviembre pasado, en la calle José Bonifacio, entre Emilio Mitre y Víctor Martínez, a 4 cuadras de Parque Chacabuco en Capital Federal, un joven de 20 años fue baleado y muerto mientras revolvía basura por una pareja de ciclistas bien vestidos que pasaban por el lugar. Según los vecinos, que salieron al escuchar los disparos, el hombre aun mantenía el arma en su mano. Acto seguido, montó en su bicicleta y ambos escaparon. Hasta aquí, la crónica policial en un suelto del diario Clarín en la sección Policiales.

También por esos días, se produjo la injusta y lamentable muerte en un asalto del ingeniero Barrenechea, profesional y ejemplar padre de familia, con residencia en la zona norte del gran Buenos Aires. Este último caso fue tomado por los medios con especial énfasis, remarcando la condición social de la víctima y exigiendo a las autoridades medidas ejemplares con las villas que rodean el lugar, y aun más lejos. A punto tal fue cumplimentado ese enfoque, que los medios acompañaron los operativos realizados, completando la movilizacion una radio AM y un canal de cable quienes convocaron a una concentración en San Isidro para exigir un Nunca Más.

Es notorio cómo esta visión del dolor empuja a consolidar distintas categorías en la interpretación de la vida y la muerte. El doloroso final del ingeniero, por su condición social, no se puede comparar con la ejecución de un indigente que revolvía la basura. Un marginado de un sistema injusto y una muerte más injusta aun. ¿Una vida no vale igual que otra vida? ¿La indignación por esas muertes absurdas y crueles debe comprender solamente a algunos? Tengo la certeza que a todos aquellos que luchamos por un mundo mejor se nos presenta esta situación como una toma de posición en la verdadera y profunda lucha por la vida. Es por eso que invito, en mi condición de ciudadano común, a ponernos de pie en defensa de la dignidad de la vida sin exclusión social, para con esta actitud acompañar a los medios y periodistas independientes en la difusión y posterior esclarecimiento de los hechos que le cortaron la vida a este chico de 20 años. De tal manera estaremos a la altura de participar en el debate en un tema tan complejo como la violencia urbana, espacio que ha sido ganado por los sectores de la sociedad que con su perversa ideología, primero van a matar a los indigentes y marginados que ellos y sus políticas germinaron; luego, a los que se organizan; para culminar con los que piensan y opinan, trasladándonos a los peores y trágicos años no tan lejanos.

Para él son los calabozos/ para él, las duras prisiones/ en su boca no hay razones/ aunque la razón le sobre:/ que son campanas de palo/ las razones de los pobres.

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