“Cada vez hay más generales indígenas en Sudamérica”

Rogelio García Lupo es un maestro de periodistas que, a comienzos de los años ’60, cofundó la agencia Prensa Latina junto a -entre otros- Rodolfo Walsh, Jorge Masetti y Gabriel García Márquez, y cuyas investigaciones, cada vez más centradas en temas históricos, suelen aparecer en Clarín de los domingos. Siendo un muchacho, García Lupo participó del mítico 17 de Octubre de 1945, cuando nació el peronismo. Más de seis décadas después publicó Ultimas Noticias de Perón y su tiempo (Vergara, Grupo Zeta),

García Lupo se refirió a la oleada nacionalista que recorre Sudamérica y destacó que la misma bien puede ilustrarse con la profusión de generales indígenas en los ejércitos, sobre todo en Venezuela y los países andinos en momentos en que, enfatizó, “el gobierno de George W. Bush está muerto”.

– ¿Cómo se te ocurrió escribir este libro?

– Hace mucho tiempo que persigo las pistas más ocultas y secretas de Perón, con la idea de iluminarlo desde otro ángulo, lo que veo que también está interesándole a otros historiadores. Tanto la Historia Oficial del peronismo como la hecha por sus enemigos, dejaron congelados una cantidad de temas que nunca más se movieron. El trabajo de Perón, su actividad antes del 17 de Octubre de 1945 como oficial de inteligencia del Ejército, han sido esquivados por amigos y enemigos: nunca explican por qué Perón aparece, a partir del 6 de septiembre de 1930, en todas las grandes empresas en las que estuvo implicado el Estado Mayor General del Ejército. Desde ser el Jefe de Operaciones del golpe militar de Uriburu en aquella fecha, pasando por su condición de enlace con el comando militar del Paraguay durante la Guerra del Chaco -una misión de enorme importancia-, su actividad como agregado militar en Chile, y como observador en Italia. No fue casual que Perón estuviera en Francia cuando los alemanes la invadieron. En fin, había una cantidad de historias que no me cerraban, y me puse a estudiarlas, en principio, para poder cerrarlas en mi propia cabeza. Y luego empecé a escribirlas, como fatalmente ocurre con quienes vivimos de escribir historias. Así nació este libro, que se ocupa del período de 15 años que va desde 1930 a 1945 y culmina con la que para mí fue la más grande operación de inteligencia militar de Perón: el 17 de Octubre.

– No sólo participaste de aquella jornada memorable sino que incluso eras amigo de su único muerto, el joven Darwin Pasaponti, que, como vos, era militante de la Alianza Libertadora Nacionalista…

– Así es. Estuve ahí. Tuve la suerte de asistir al parto del peronismo.

– ¿Cómo llegaste a la conclusión de que fue una operación de inteligencia militar? ¿No fue, acaso, la reacción casi espontánea de la clase obrera? ¿Acaso no fueron los trabajadores de la carne de Ensenada y Berisso los primeros en ganar la calle?

– No digo que haya sido sólo una operación de inteligencia, pero sí que fue sobre todas las demás cosas el resultado de una gran operación de inteligencia militar. Porque, jaqueado por los Estados Unidos a causa de su neutralidad o simpatía proalemana durante la guerra, el Estado Mayor del Ejército aceptó el proyecto de Perón de oponer a esa presión extraordinaria, la presión de las masas movilizadas. Objetivo que se logró… lo que fue una cosa extraordinaria… y la culminación de una carrera de agente de inteligencia de 15 años.

– Según coinciden sus biógrafos, a partir del 8 de octubre de 1945 (fecha en la que, según la Historia Oficial, cumplía 50 años y en la que renunció a la Vicepresidencia, el Ministerio de Guerra y la Secretaría de Trabajo y Previsión Social) y hasta el 17, primero refugiado en una isla del Tigre y después bajo arresto en el Hospital Militar, Perón estaba resignado al retiro…

– Sí, pero eso me parece secundario. Perón era un ser humano, y me imagino el stress que debía sufrir: él conocía toda la historia y la responsabilidad debía abrumarlo. En mi libro cito la correspondencia de Victoria Ocampo con el escritor francés Roger Caillois que era su amigo y amante. Caillois esta en París y Victoria Ocampo le escribe en agosto de 1945. Le dice que hay que insistir en llevar a Perón ante el Tribunal de Nuremberg. Y que quien la impulsaba en esta dirección era nada menos que el embajador de Francia, que era el decano del cuerpo diplomático. O sea que lo que venía para el ejército argentino era muy grave. Porque no se trataba sólo de Perón: había un conjunto de generales y coroneles que estaban en la mira de los Estados Unidos. Pero, para empezar y sentar precedente, las potencias occidentales analizaban llevar a Perón al Tribunal de Nuremberg. La única manera de frenar la inclusión de la Argentina en el paquete de represalias que se preparaba era producir una conmoción que diera lugar a un nuevo escenario político: un paisaje favorable a las reivindicaciones obreras. Recuerdo que en esa época en la calle se decía que en los actos políticos participaban soldados conscriptos con ropas civiles, algo que ahora estimo muy probable que fuera cierto. Porque fue entonces cuando se produjo el enfrentamiento de la rama probritánica del Ejército con su sector más duro y consistente, que había simpatizado con Alemania. Y ahí fue que Perón realizó la hazaña de poner a las masas en la calle y frenar con ellas esa fortísima presión.

– Algunos historiadores sostienen que para entonces Perón ya había llegado a un pacto de no agresión con los ingleses…

– Es muy probable porque Inglaterra tenía una negociación permanente con la Argentina. Si alguien podía dispensar a la Argentina del cargo de “colaboración con el Eje” era Inglaterra, que estaba decidida a no perder el abastecimientos de alimentos argentinos, lo que hubiera ocurrido si la Argentina entraba en guerra contra Alemania. Porque Alemania se hubiera puesto a hundir los barcos argentinos con sus submarinos, su especialidad. En la neutralidad argentina, Alemania e Inglaterra estaban de acuerdo.

– ¿Qué papel tuvo en esta historia el GOU, la logia que integró Perón desde antes del golpe militar del 4 de junio de 1943, que derrocó a Ramón Castillo, un presidente conservador y pronazi que había sido el elegido fraudulentamente?

– El GOU es, en gran medida, un mito. Una gran creación de inteligencia. Perón dijo una vez en público algo así como “Tenemos todos los oficiales que nos interesan, y lo que no nos interesan no están con nosotros”. Con lo cual un montón de oficiales deben haberse preguntado “Pero yo ¿qué soy? ¿el hijo de la pavota? Tengo que entrar en esa organización”. Lo cierto es que cuando iban “entrando”, descubrían que en realidad la organización ya ha sido disuelta. Una genialidad de Perón.

– Perón después estuvo espiando en Chile. Y en un momento le pasa la posta a quien, casi dos décadas después, habría de derrocarlo, el entonces capitán Eduardo Lonardi, que a poco de llegar fue detenido por los chilenos. Algunos dicen que Perón intuyó que estaba en una trampa y pidió regresar a Buenos Aires sin alertar a su reemplazante. Y que Lonardi le guardó mucho rencor por eso…

– Es un episodio fantástico. Fue una operación montada por el Estado Mayor del ejército chileno y, efectivamente, Lonardi fue la víctima. Perón se relacionaba con muchos militares locales por su condición de montañista, uno de los camuflajes predilectos de los espías militares de la época. Otro disfraz habitual, pude comprobar leyendo manuales militares dela época, era el de esgrimista… y vale la pena recordar que Perón lo era -y muy meritorio, porque tenía los brazos cortos- y que intentó ir en calidad de tal a la Olimpíada de Berlín. Subir y bajar montañas de 4.000 metros era una actividad muy poco sospechada. Edelmiro Farrell (el general que lo precedió en la Presidencia) y Perón eran agentes de inteligencia y tienen muchas fotos con el casquete de los montañistas. Subir y bajar montañas andinas les permitió confirmar los hitos fronterizos con Chile. Al año siguiente del episodio chileno, que fue en 1937, Perón fue a Italia, donde se incorporó a un regimiento de Alpinos. Y en 1939, año que pasó íntegramente en Europa, fue a Burdeos, donde asistió a la entrada de los vehículos mecanizados alemanes en territorio francés.

– Ahí conoció al padre del ex presidente español, José María Aznar, un tipo al que Evita le iba a agarrar tirria…

– Exacto. El dueño del hotel al que va a parar le preguntó a Perón si tenía inconveniente en compartir la habitación con un periodista del diario La Vanguardia, de Barcelona, que habia llegado por razones parecidas, a lo que Perón accedió. Su compañero de cuarto resultó Manuel Aznar, el abuelo de José María (que fuera presidente de España hasta hace dos años), a quién (el dictador Francisco) Franco había perdonado de sus pecados juveniles, como hacer periodismo anarquista en el País Vasco. Teniendo presente que Aznar había trabajado en el tradicional Diario de la Marina, de La Habana, un equivalente de lo que es La Nación aquí, Franco le propuso a Aznar que fuera su embajador en Cuba. Pero entonces Aznar le comentó que conocía a Perón; que habían compartido un cuarto en Burdeos, y le pidió venir a Buenos Aires. Franco accedió y así fue que Aznar vino de embajador y volvió a encontrase con Perón. Pero esa relación finalizó poco después, y muy mal. Y no fue a causa de Evita.

– ¿Por qué fue entonces?

– Porque desde Madrid le ordenaron a Aznar que sacara de Buenos Aires la colección de cuadros del millonario catalán Francesc Cambó, en infracción a una reciente ley que lo prohibía. Fue así que Aznar organizó el contrabando de esos cuadros secundado por José Ignacio Ramos, el consejero de prensa, y por el consejero económico. Los tres cargaron los cuadros en la mansión de Cambó de avenida Alvear, los embalaron y despacharon de regreso a España aprovechando la repatriación de los efectos personales de un viceministro consejero recientemente fallecido. Pero, al día siguiente, alertados, los inspectores de la DGI fueron a la mansión de Cambó. Tan pronto comprobaron que los cuadros no estaban, el canciller Jerónimo Remorino llamó a Aznar y le dio 24 horas para abandonar la Argentina. Aznar intentó hablar con Perón, pero Perón no lo recibió. Remorino le había informado que los españoles les habían pasado por encima y que los cuadros habían sido cargados en un barco que todavía estaba en la rada de Buenos Aires. Pero Perón desistió de allanarlo porque eso hubiera equivalido a llevar las relaciones con España a un punto de ruptura.

Sudamérica insurgente

– ¿Qué opinás de la crisis de México? Hace dos décadas el aspirante a la presidencia, Cauhtemoc Cárdenas fue derrotado fraudulentamente en 1988, pero ahora los seguidores de su sucesor, Andrés Manuel López Obrador, no parece que vayan a conformarse.

– Lo de México tiene que ver con el hecho de que estamos ante un gobierno de los Estados Unidos que agoniza. Ante lo cual, la idea de darle un cachetazo la tenemos todos al mismo tiempo, porque quien más, quien menos, todos tenemos alguna cuenta pendiente ¿no? Y todo el mundo coincide en pensar que el momento de avanzar es ahora. Evo Morales, Chávez, Kirchner, todo el mundo siente que es el momento de anunciar obras y de tratar de hacerlas. De pedir aumento de los cupos comerciales, de conseguir cosas. Los coreanos, anuncian que van a seguir disparando misiles. ¿Por qué? Porque Bush está muerto. Y el Partido Republicano la única alternativa que está presentando es su hermano Jeb. Pero se trata de que el apellido Bush no es precisamente lo que se dice una buena marca. Más bien es una mochila de plomo.

– Hay una euforia contenida. La consigna parece ser: Metele, que son pasteles…

– Claro, porque lo que se da por descontado es que Estados Unidos no puede responder. ¿Qué puede hacer ¿Qué país más puede invadir? Está saliendo trágicamente de Irak. No sabe cómo salir. No puede entrar en ningún otro lado, solamente anunciar nuevos programas para dotarse de más misiles. (La entrevista se hizo antes de la invasión israelí al Líbano).

– ¿Como encaja en este panorama el triunfo de Alan García en el Perú?

– A pesar de la disonancia que supone Alan García, lo que me parece más interesante del proceso que viven los países del Pacífico es la toma de posición de las comunidades indígenas. Alan García es todo lo contrario. Pero Ollanta Humala está en condiciones de crear una fuerza todavía más poderosa. Lo que es de fondo es que antes de que los indígenas lleguen al poder, como sucedió en Bolivia, o que intenten llegar, como pasa en Perú y Ecuador, se ha producido es un cambio cualitativo de los ejércitos de esos países. La primera conquista fue interna. Si ves un desfile del ejército peruano o del ejército boliviano ahora, ves que hay generales indígenas, lo que no sucedía hace treinta años, cuando el único indígena -y no del todo- que había en el generalato boliviano era Juan José Torres (presidente se su país en 1970-71, asesinado por la Triple A en Buenos Aires el 1 de junio de 1976 en el marco del Plan Cóndor). Los demás eran todos blancos, blancos cruceños y de las minorías dominantes. ¿Qué pasó? Que después de la década de (Henry) Kissinger en la que a los ejércitos latinoamericanos les hicieron hacer cosas horribles, ingresar a ellos dejó de ser prestigioso para los blancos de Santa Cruz , para los blancos de Lima. Sin embargo, para los indígenas siguió siéndolo, y así, los cuadros de oficiales de los ejércitos del Pacifico se han llenado de indígenas.

– ¿Pasa algo parecido en los ejércitos del Atlántico?

– Sí, en el de Venezuela. Y, salvando las distancias, actualmente hay en el ejército argentino la mayor proporción de oficiales hijos de suboficiales de toda su historia. Porque para el hijo de un cabo o de un sargento del ejército, llegar a mayor o coronel sigue siendo algo muy prestigioso. La idea del ejército argentino como ejército de elite nunca funcionó del todo. Siempre fue muy parcial. Hubo cierta elite en el arma de Caballería, pero es algo que desapareció absolutamente a causa del desprestigio que se abatió sobre todo el ejército. La carrera militar sufrió un desprestigio feroz para las familias de clase media que mandaban a sus hijos al Liceo Militar, muchas de las cuales quedaron petrificadas frente a los terribles crímenes de la dictadura. Pero para los hijos de los cabos y de los sargentos siguió siendo un lugar en el mundo.

– ¿Qué papel le ves a las fuerzas armadas latinoamericanas del futuro?

– Es un tema interesante. A debatir mucho. Lo que está claro es que no deben tener como misión perseguir a los narcotraficantes, porque ya en Colombia se probó que en el breve término de un año todos son narcotraficantes, lo que equivale a la disolución de las Fuerzas Armadas. Ahora, saber qué hacer es más difícil. Es materia de análisis, de estudio y reflexión. Lo que me preocupa la eventualidad de que pueda desatarse una carrera armamentista.

– ¿Por qué?

– Me resulta muy sospechosa la forma en que se ha interpretado la compra de cien mil fusiles Kalashnicov por Venezuela, o que se tome a Chile como punto de comparación para un festival de catálogos como los que se están mostrando. El problema que se armó en torno a Venezuela no fue tanto por la compra de fusiles sino porque esos fusiles no son norteamericanos, sino rusos. Porque siendo con mucho Estados Unidos el principal vendedor de armas a la región, cada vez que un país se sale del corralito e incorpora tecnología de otro país, queda ligado por esa tecnología durante mucho tiempo. Verbigracia, el ejército peruano, que en la época de (el general Juan) Velasco Alvarado (presidente en 1968-1975) se reequipó con armamentos de la Unión Soviética y hoy todavía los compra en Ucrania y Rusia, donde sigue habiendo repuestos para esos artefactos.

– Parece que esta vez el gobierno chileno conseguirá arrebatarle a las Fuerzas Armadas el 10 por ciento de la renta del cobre que hace que sean con mucho las más ricas de la región. Por lo pronto, les ha reducido drásticamente el presupuesto.

– Ojalá pueda frenarlos, porque todas las carreras armamentistas empiezan igual: con los militares reclamando tener armas en similar cantidad y potencial que los vecinos. Y hay trabajando en ello lobbys muy poderosos. No sólo en la venta de armamentos puntuales, sino también quienes ofrecen volver a poner en funcionamiento fábricas militares abandonadas. Es un tema muy peligroso.

– ¿Cómo es el tema de las fábricas abandonadas?

– Te doy un ejemplo. Los rusos, la factura por los cien mil Kalachnicov se comprometieron a ponerla como inversión para abrir en Venezuela una fábrica de esos fusiles, lo que es muy distinto a comprarlos a través de un comisionista, ya que implica el desarrollo de una industria semipesada, con la consiguiente ocupación de mano de obra.

Esta misma discusión, me parece, se está dando soterradamente en la Argentina ahora. Por un lado hay comisionistas empeñados en vender, y por el otro hay ofertas de reactivar las plantas de Fabricaciones Militares, lo que me parece mucho más lógico.

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