Bush y la teoría económica del derrame

Hace cuatro años, explotando el rebote político que le vino de la ilusión del éxito en Irak, la Administración Bush hizo aprobar por el Congreso una disminución de los impuestos a los beneficios del capital y a los dividendos. Era una bajada de impuestos extremadamente elititista, incluso con los criterios de la era Bush: el Tax Policy Center, una institución independiente, dice que más de la mitad de los recortes fiscales han ido a parar a norteamericanos con ingresos superiores al millón de dólares anuales.

Huelga decir que los economistas del gobierno pergeñaron varias estadísticas tendentes a ofrecer la impresión contraria, a saber: que los recortes fiscales beneficiaron sobre todo a norteamericanos corrientes, de clase media. Pero también insistieron en que los beneficios de los recortes fiscales se derramarían hacia abajo, que los recortes fiscales a los ricos harían grandes cosas por la economía y serían de ayuda para todos.

Bien; el lúgubre informe del pasado viernes sobre el empleo mostró… que los trabajadores norteamericanos tienen derecho a preguntar: «¿dónde están mis gotas del derrame? Lo que es realmente notable es que cuatro años de crecimiento económico no hayan producido ganancias substanciales para los trabajadores norteamericanos corrientes y molientes.

Los salarios, ajustados por la inflación, se han estancado, los beneficios se han deteriorado, y uno de los pocos farolillos aparentemente brillantes de la economía de la era Bush, el auge de la propiedad inmobiliaria, se ha revelado ahora como el resultado de una burbuja inflada en parte por la estafa financiera…

Ahora saben ustedes por qué el 66% de los norteamericanos valoran la situación económica de este país como justita o mala, y por qué los norteamericanos rechazan la forma de manejar la economía del presidente Bush tanto como rechazan su política en general.

Y sin embargo, la economía ha crecido a un ritmo razonable en los pasados cuatro años. ¿A dónde fue a parar el crecimiento económico? La respuesta es que fue a parar a la misma elite económica que recibió la parte del león de aquellos recortes fiscales…

La ausencia de cualquier beneficio para los trabajadores desde los recortes fiscales de 2003 constituye una refutación harto convincente de la teoría del derrame.

También lo es el hecho de que la economía experimentó un auge mucho más robusto luego de que Hill Clinton elevara los impuestos a los más ricos. Lo cierto es que cuando bajáis los impuestos a los ricos, los ricos pagan menos impuestos, y cuando aumentáis los impuestos a los ricos, pagan más impuestos: ¡no le deis más vueltas!

La idea de que una marea alta levanta todas las barcas por igual, de que el crecimiento económico necesariamente se traslada a la gran mayoría de ciudadanos, es desmentida por la experiencia de la era Bush. Por lo que yo sé, nunca antes los EEUU habían experimentado una desconexión tan radical entre el rendimiento económico general y la suerte de los trabajadores como en los últimos cuatro años.

Los EEUU fueron una sociedad tremendamente desigual en la Era de la Codicia [el último cuarto del siglo XIX], pero los niveles de vida de los trabajadores mejoraron a medida que crecía la economía. La desigualdad creció rápidamente en los años de Reagan, pero el «Amanecer en América» fue, con todo, lo bastante brillante como para generar el contento de la mayoría de la gente, al menos temporalmente.

La desigualdad siguió creciendo durante los años de Clinton, pero los salarios crecieron, como creció el acceso a los seguros de salud, y la gran mayoría de norteamericanos se sintió en la prosperidad.

Sin embargo, lo que tenemos desde 2003 es una expansión económica que no tiene mala pinta, y aun la tiene buena, conforme a los criterios habituales, pero que ha pasado de largo ante el grueso de los norteamericanos.

La asistencia sanitaria garantizada eliminaría una de las razones de ese visible descontento. Pero sería sólo el comienzo de un conjunto más amplio de políticas sociales -un nuevo New Deal- concebidas para hacer del crecimiento económico algo más que un deporte para espectadores.

Paul Krugman es uno de los economistas más reconocidos académicamente del mundo, y uno de los más célebres gracias a su intensa actividad publicística y divulgativa desde las páginas del New York Times. Colaboró en su día con el grupo de asesores de economía del Presidente Clinton, pero la dinámica de la vida económica, social y política de los EEUU en el último lustro le ha llevado a diagnósticos tan drásticos como lúcidos del mundo contemporáneo.

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Traducción para www.sinpermiso.info: Roc F. Nyerro

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