Bush militariza la frontera con México: un manotazo para frenar la caída de su imagen y un suculento negocio para la industria militar

Por Causa Popular.- Todo indica que George Bush dio un nuevo paso en falso en su intento por levantar su alicaída imagen. Desde que el presidente de los Estados Unidos anunció el pasado lunes 15 la nueva política inmigratoria de su gobierno, no dejó de recibir impugnaciones tanto de aliados como de opositores. Apremiado por las masivas movilizaciones, anunció el envío de tropas a la frontera con México para contentar a los legisladores de su propio partido, y lograr la aprobación de una moderada ley que legalice a unos sectores de los inmigrantes, a la que también se oponen los representantes de los
«hispanos». A sólo seis meses de las elecciones legislativas, ya sea por derecha o por izquierda, Bush continúa perdiendo votos. La única conforme es la industria de armamentos que recibirá una vez más jugosos beneficios.

El presidente estadounidense, George W. Bush, anunció la noche del pasado lunes 15 el envío de tropas a la frontera con México, con el supuesto objetivo de frenar la inmigración ilegal. “En coordinación con los gobernadores (de los cuatro estados fronterizos), hasta 6.000 miembros de la Guardia Nacional serán desplegados en nuestra frontera sur”, afirmó el mandatario en un discurso a todo el país difundido por la televisión.

Durante un año, los militares “prestarán ayuda a la guardia fronteriza manejando sistemas de vigilancia, analizando inteligencia, instalando vallas, construyendo rutas para las patrullas y dando entrenamiento”, explicó en el discurso.

Paralelamente, Bush anunció la contratación de aquí a 2008 de 6.000 agentes adicionales para la Patrulla Fronteriza que se sumarán a los 12.000 de los que dispone hasta ahora y que sustituirán progresivamente a los miembros de la Guardia Nacional desplegados en la zona. Además, intentando responder a las críticas por anticipado, negó que la Guardia Nacional se involucre en actividades policiales que hoy corresponden a la Patrulla Fronteriza.

Los anuncios coincidieron con el reinicio del debate sobre la reforma migratoria en el Senado y tuvo lugar tras multitudinarias protestas y huelgas de inmigrantes en todo el país desde fines de marzo, en reclamo de la legalización de los 12 millones de indocumentados en Estados Unidos.

El anuncio de militarizar la frontera con México fue una medida que el gobierno creyó necesaria para compensar las ambiciones de los sectores conservadores que no dudarían en terminar a sangre y fuego con los inmigrantes, y no sólo los ilegales, algo que a Bush también le gustaría hacer, pero a un costo político que no puede pagar si su partido pretende tener alguna chance en las próximas elecciones legislativas.

En el mismo discurso, el presidente de Estados Unidos abogó por la creación de un estatuto temporal para los inmigrantes que ocupen puestos de trabajo descartados por los estadounidenses, una de sus promesas más importantes que hiciera durante la campaña electoral para su reelección en 2004.

“Tenemos que hacer frente a la realidad de que ya hay millones de ilegales aquí”, insistió, antes de aclarar que rechazaba una amnistía que otorgue la ciudadanía a los cerca de doce millones de indocumentados que viven en Estados Unidos, como piden los inmigrantes movilizados.

Hacer frente a la realidad significa para el primer mandatario, ceder tibiamente a los reclamos, ubicándose en el centro del espectro político. Los conflictos en torno a las leyes inmigratorias se desataron cuando la Cámara de Representantes aprobó en diciembre un duro proyecto de ley que prevé la construcción de un muro de más de 1.000 km en la frontera con México y convierte en criminales a todos los indocumentados, pero no ofrece solución al tema de los inmigrantes sin papeles como lo solicita en la actualidad Bush.

Desde entonces millones de latinos, que representan el 40% de la fuerza de trabajo norteamericana, se declararon en movilización permanente contra la ley migratoria. Los obligados proyectos de reformas que se elaboraron desde entonces, en lugar de calmar los ánimos, no hicieron más que recrudecerlos y aumentar el espectro de los adversarios.

En la actualidad el Senado, en sintonía con la presidencia, prevé mejorar la seguridad en la frontera y duplicar el personal de la Patrulla Fronteriza, legalizar a parte de los indocumentados y otorgar visados de trabajo temporarios a extranjeros. Ninguna de estas medidas, que intentaron ser un guiño para uno y otro lado, satisfizo a los principales interesados.

El discurso del lunes, según algunos analistas, es parte de una ofensiva política que el presidente Bush y su equipo realizan en varios frentes para promover una reforma limitada, una de las iniciativas políticas de mayor prioridad para el mandatario, y en la que está apostando casi todo en este año de elecciones legislativas.

Con el anuncio del envío de elementos de la Guardia Nacional a la frontera con México, el presidente y su equipo comenzaron lo que dicen será un esfuerzo de meses para lograr la aprobación de una reforma migratoria. Con este objetivo, el principal estratega político de Bush, Karl Rove, su subjefe de gabinete, se reunió el pasado miércoles con conservadores republicanos de la Cámara de Representantes -a puerta cerrada-, en un intento de persuadirlos en favor de la propuesta presidencial sobre migración, la cual enfrenta gran oposición en la Cámara baja.

El discurso del presidente endureció la oposición a la reforma de influyentes representantes de su propio partido en la Cámara baja. Por lo menos 73 representantes republicanos han firmado una carta declarando que jamás aceptarán algún proyecto que incluya la legalización y ciudadanía para trabajadores indocumentados.

Por el lado de los inmigrantes, la Alianza Somos América, integrada por algunas de las organizaciones clave del movimiento en defensa de los inmigrantes, intentó “inundar” el miércoles el Congreso con miles de correos electrónicos, postales y telefonemas de varias partes del país, mientras que entre 200 y 400 personas pertenecientes a organizaciones religiosas y sindicales visitaron oficinas de legisladores en lo que denominaron día nacional de cabildeo en favor de una reforma migratoria integral, que incluye la legalización de unos 12 millones de indocumentados.

Si bien existen importantes divisiones entre líderes de este movimiento, que mermó en gran cantidad la participación en estas protestas, no pocos analistas opinan que el envío de la Guardia Nacional a la frontera, y otras medidas similares, sólo generarán mayor unidad y motivación al movimiento en los próximos meses. Mientras tanto, las diversas fuerzas que constituyen este movimiento están promoviendo campañas de empadronamiento para hacer
efectiva su consigna de “’hoy marchamos, mañana votamos”, y están preparando movilizaciones masivas para los próximos meses.

Las industrias de armamento esperan enormes contratos con la iniciativa Bush

Si a un sector dejó conforme Bush con su decisión, fue a uno de sus aliados fundamentales para entender la política guerrerista del gobierno norteamericano. Desde que se produjo el anuncio, o al menos desde que llegó a su conocimiento, las poderosas empresas del complejo militar industrial se frotan las manos con tanta necesidad militar. Ahora recibirán una buena tajada financiera gracias al plan de la frontera, según una información publicada en The New York Times.

Según este medio, las compañías Lockheed Martin, Raytheon y Northrop Grumman presentarán en un plazo de dos semanas sus ofertas al gobierno federal, en la
búsqueda de contratos para suministrar la tecnología a emplear en la cacería de inmigrantes. Las empresas construirán los medios técnicos de vigilancia que les proporcionarán decenas de millones de dólares de sanos beneficios empresariales además de las barreras físicas que se erigirán para bloquear el ingreso de indocumentados a suelo norteamericano.

El contrato a firmar con los gigantes del complejo militar industrial establecería erigir un muro de 595 kilómetros, y la ubicación de barreras que obstruyan el paso de automóviles en un cinturón de 800 kilómetros.

En su discurso del pasado lunes, Bush prometió “la más avanzada iniciativa de seguridad, con el empleo de más barreras, sensores, cámaras infrarrojas y aeronaves de exploración no tripuladas”.Esta tecnología también sería suministrada por los gigantes del complejo militar industrial. Uno de los posibles medios a emplear será el radar a bordo de aerostato, desarrollado por la compañía Lockheed Martin para la Fuerza Aérea Estadounidense. El costoso dispositivo de rastreo, que permanece atado a tierra por un cable, permite explorar extensas áreas de terreno y detectar cualquier movimiento, tanto de día como de noche.

Record histórico de Bush

Según una nueva encuesta realizada por CBS News/The New York Times, dos tercios de los estadounidenses sostienen que su país está mucho peor ahora que cuando
George W. Bush asumió el poder hace seis años. Con sólo el 31 % de apoyo Bush enfrenta su peor índice desde que llegó a la Casa Blanca.

La guerra en Irak, los precios de la gasolina y la migración fueron identificados como los temas que más contribuyen al deterioro del apoyo popular al presidente y su partido, ubicado en el tercer nivel más bajo en 50 años, sólo superado por Richard Nixon y Jimmy Carter. Si bien la caída en la imagen, más que una novedad, es una confirmación de tendencias conocidas, lo que por estos días puede ser más importante para el entorno presidencial es que la encuesta confirma lo que ya había detectado días atrás otro sondeo realizado por USA Today/Gallup: por primera vez Bush empieza a perder la confianza de su base más fiel. Para la encuesta de CBS News, la aprobación del manejo de la presidencia por Bush, registra una caída sustancial comparada con un sondeo realizado 4 meses atrás: sólo 51% de los conservadores y 69 % de los republicanos en general aprueban la gestión presidencial.

No hay dudas de que a sólo seis meses de las elecciones legislativas, la alicaída imagen presidencial se convierte de ahora en adelante en un ineludible marco para el análisis de cada una de las medidas del gobierno republicano. Su única salvación, por el momento, es la ausencia de una oposición efectiva y audaz.

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