“Brasil está comenzando a dignificar a su población”

Compañero de ruta del presidente Lula, afirma que en el Mercosur “el beneficio debe ser mutuo. No pretendemos, ni pensamos que Brasil pueda ser considerado un imperialista de América Latina.” Este sindicalista, que incorporó por primera vez el Presupuesto Participativo como prefecto de Porto Alegre, cuenta cómo fue su experiencia para facilitar la transparencia en la gestión de los recursos.

En Brasil han sido históricas las graves deformaciones en la elaboración y la ejecución de los presupuestos públicos, el despilfarro de los recursos y la corrupción debido a la concentración del poder. En 1988, Olívio de Oliveira Dutra —sindicalista de la banca y miembro fundador del Partido de los Trabajadores (PT)—, fue elegido prefecto de Porto Alegre para generar un cambio profundo en el destino de esa ciudad, incorporando por primera vez el Presupuesto Participativo, inspirado en los principios de la Comuna de París de 1871. Dutra también trasladó esa idea trabajada en el plano local al estadual, al ser gobernador de Río Grande do Sul (RS). La materialización del Presupuesto Participativo permite a la población colaborar, junto a técnicos y autoridades locales, en la formulación y el seguimiento de los fondos municipales, por lo que inspiró su implementación en varias ciudades del mundo.

Como invitado especial, Olívio Dutra participó en el Primer Encuentro Nacional de Presupuestos Participativos, jornada realizada en la ciudad de La Plata del 12 al 14 de diciembre, auspiciada por la Secretaria de Relaciones Parlamentarias de la Nación y por la Municipalidad de La Plata. De aspecto gauchesco y amplia sonrisa, el político riograndense charló distendido con ZOOM sobre su trayectoria sindical y política, de sus gestiones y la implementación del Presupuesto Participativo durante su mandato, así como de su visión de la integración regional.

Los cargos ocupados por Olívio Dutra en la política brasileña van desde la dirección nacional del PT (1987) a ministro de las Ciudades durante el primer mandato del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, con quien llegó a compartir luchas sindicales y políticas, y hasta un apartamento en Brasilia cuando fue diputado Federal (1986). Este líder petista y confeso apasionado por la cultura popular latinoamericana, decidió firmar un contrato con la sociedad para facilitar la transparencia en la gestión de los recursos e inaugurar una nueva forma de gobernar: la democracia participativa.

—¿Cómo fueron sus comienzos políticos dentro de las filas del Partido de los Trabajadores (PT) en el estado de Río Grande do Sul?

—Mi experiencia como petista comienza con la fundación del Partido de los Trabajadores (PT) en febrero de 1980. Participamos en la creación del partido junto con el hoy compañero presidente, Luiz Inácio Lula da Silva. Diría que no hay una experiencia definitiva, sino que uno se va enriqueciendo siempre en y con la militancia partidaria. Actualmente presido la dirección del PT en el estado de Río Grande do Sul. Fui prefecto de Porto Alegre, gobernador de Río Grande do Sul, y durante el primer gobierno de Lula estuve como ministro de las Ciudades, uno de los primeros ministerios creado por el gobierno de Lula. En el año 1986 fui Constituyente junto con el presidente Lula. Antes de ser diputado federal estuve en la militancia sindical durante la década del ‘70. En plena dictadura militar me tocó dirigir el Sindicato de Bancarios de Porto Alegre, cuando era funcionario del Banco del estado de Río Grande do Sul. Actualmente soy jubilado bancario.

Como dirigente sindical bancario, junto con otros compañeros sindicalistas, estudiantes, militantes políticos y sociales fuimos víctimas de la represión de la dictadura, donde las detenciones y apresamientos eran comunes. Sin embargo, esto no impidió que continuásemos la lucha para construir el PT, la Central Única de Trabajadores de Brasil (CUT) y lograr la Constituyente. Desde la prefectura de Porto Alegre pasé al gobierno estadual, donde estuve diez años. Antes que resaltar mis experiencias de gestión, me considero sobre todo un trabajador incansable que lucha por un proyecto transformador por el bien de nuestra sociedad.

Democracia participativa

—¿Cuándo se implementó el Presupuesto Participativo y cuáles fueron los desafíos?

—El Presupuesto Participativo se implantó en Porto Alegre a partir de 1989 como un proceso abierto y no como una fórmula mágica o receta rápida y acabada. Pude vivenciar esa rica experiencia en tres niveles de gobierno: como Intendente de Porto Alegre, como Gobernador de RS y como ministro de las Ciudades. Cuando el Frente Popular (PT/PCB) ganó las elecciones para la intendencia de Porto Alegre, llevábamos el compromiso y la voluntad política de ir más allá de la democracia representativa formal. La democracia participativa ya germinaba, brotaba y se propagaba en el interior de los movimientos populares de fuerte tradición asociativa en la capital. Venía tomando cuerpo a medida que el pueblo se iba organizando en sus decisiones. Los primeros pasos del Presupuesto Participativo en Porto Alegre fueron dados con un alto grado de espontaneidad y en el ámbito de un terreno labrado por el protagonismo de una parte de la población que, sedienta de justicia social, ya realizaba su camino hacía décadas. Este clima y cultura, asociados a las condiciones de penuria de las arcas de la intendencia existentes hasta el momento, obligaron al gobierno del Frente Popular, al instalarse, a abrir de inmediato una discusión franca con el movimiento social sobre la estructura de la hacienda pública y del dispendio de los recursos del municipio. Los efectos del Presupuesto Participativo pueden ser observados desde el punto de vista del elevado grado de politización de su pueblo, pero también, en la mejora de las condiciones de vida de su población.

—¿Cómo se fueron dando esos cambios?

—Al implementarse el Presupuesto Participativo, atrás quedaron los espacios donde participaban únicamente los técnicos y las autoridades del gobierno municipal, decidiendo sobre la recaudación de impuestos y el gasto de los fondos públicos, encerrados en sus oficinas. Es la población, a través de un proceso de debates y consultas, quien determina y decide la cantidad de los ingresos y los gastos, así como dónde y cuándo realizar las inversiones, cuáles son las prioridades y cuáles son los planes y acciones que debe llevar a cabo el Gobierno.

Las dificultades y los desafíos al inicio de ese proceso fueron muchos. Nuestro gobierno se encontró con una intendencia con inmensos problemas financieros. Y esto no debía impedir, sino más bien impulsar la implementación de una gestión democrática y participativa. Con mucho debate, e involucrando a la comunidad y a la Cámara de Legisladores, implementamos una reforma tributaria con el objetivo de recuperar la capacidad financiera del municipio y la viabilidad de inversiones para atender, inicialmente, la reivindicaciones históricas de la población más pobre. El Presupuesto Participativo se fue afirmando como un espacio de formulación de decisiones democráticas sobre fondos y dispendio públicos y prioridades de inversiones en la ciudad. Al tratarse de una experiencia abierta, cada año fueron surgiendo foros, comités, congresos y canales de participación ciudadana en Porto Alegre. El estímulo permanente para que la sociedad se movilizara —incentivándola a participar de la construcción de un nuevo modelo de gestión y de ciudad— y la inclusión de nuevos sujetos sociales, constituyeron elementos importantes y definidores de la conformación de la gestión participativa en nuestra capital.

“Con nuestro gobierno, Brasil está comenzando a dignificar a su población”

—¿Qué opina de la experiencia petista en el poder?

—La elección de Lula trajo consigo la reafirmación de nuestro país como nación. Una nación que busca dialogar con todos los pueblos del mundo, en especial con los pueblos que luchan por su soberanía, por su identidad y sobre todo contra la opresión de los países ricos y poderosos. Desde un comienzo, nuestra dirección partidaria apuntó contra la estructura económica mundial, y por lo tanto nos sentimos solidarios con aquellos pueblos que resisten ese embate. Personalmente creo que Brasil tiene mucho que aprender de la experiencia que se están gestando en América Latina, desde la experiencia de los compañeros presidentes de Paraguay, Fernando Lugo, Evo Morales de Bolivia y los presidentes de Venezuela, Ecuador y Nicaragua, así como de las compañeras presidentas de Chile y Argentina.

Estos procesos que estamos viviendo representan una insurgencia democrática contra el proyecto neoliberal implementado en América Latina y el mundo entero. Brasil está preparado para establecer mayores relaciones y diálogos con África, con India, China, entres otros países. Debemos ser los mensajeros de la paz y ser solidarios con todos los pueblos del mundo y ayudar en la construcción de efectivos espacios democráticos.

Tenemos que presionar para que la propia Oranización de las Naciones Unidas (ONU) vislumbre los cambios en su estructura de poder. Los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), hoy día están carentes de una efectiva apertura democrática. Nosotros como país debemos tener una visión holística del mundo en relación con el medio ambiente, con la naturaleza y con la vida en general; eso es fundamental para empezar a ocuparnos de nuestro futuro y presente. El desenvolvimiento deber ser sustentable, que no sea un desenvolvimiento impuesto, que genera guerra, que destruye naturaleza y que concentra riqueza. Creo que con nuestro gobierno, Brasil está comenzando a dignificar a su población, sobre todo a los más olvidados durante siglos: los pobres.

Más que hablar de mi experiencia gubernamental, más bien me siento un aprendiz con ganas de seguir conociendo la rica experiencia de los pueblos hermanos, por eso es importante extender la solidaridad internacional y los respetos por las identidades y la soberanía de los pueblos. En ese rumbo estamos transitando con el compañero Lula en la presidencia.

—¿Qué papel puede cumplir Brasil dentro del Mercosur?

—Un papel protagónico. No podemos desentendernos de los acuerdos y compromisos bilaterales, por ejemplo el tratado de Itaipú con Paraguay, y otros acuerdos que tenemos con nuestros vecinos. El beneficio debe ser mutuo. No pretendemos, ni pensamos que Brasil pueda ser considerado un imperialista de América Latina, tampoco que Brasil pueda ser víctima de cualquier injusticia en el marco del Derecho Internacional. Debe primar la buena y legítima convivencia entre nosotros para no caer en la garra de los intereses de afuera, los intereses de grupos privados internacionales que siempre desangraron nuestra América para aplicar las políticas de expoliación, como el modelo neoliberal. En nuestro bloque regional, ya no debemos permitir que un Estado quede en manos privadas o convertirse en un Estado mínimo. Estas experiencias fueron dolorosas para nuestros pueblos. Mientras el modelo dilapidaba los recursos, la población quedaba al desamparo de todos, incluso del Estado; sin embargo, cuando quiebran —como lo estamos viendo ahora—, corren detrás de los recursos públicos, y en ese caso, el Estado les sirve. Pero mientras hay ganancia, el lucro es privado, y sólo socializan sus perdidas. Frente a este mandato, Brasil junto con sus vecinos, deben pasar a ser protagonistas para que definitivamente podamos desterrar de nuestra región y de Latinoamérica esta ideología de lucro y defraudación. Somos conscientes de que Brasil tiene mucho que trabajar aún por su soberanía y la reivindicación social de su pueblo, y sobre todo, integrarse del todo con sus vecinos y ser más solidario. Estas premisas deben ser una preocupación permanente de nuestros países para que seamos constructores de una nueva sociedad, solidaria con los más débiles y oprimidos.

Cuba, por ejemplo, merece una solidaridad permanente y efectiva. Cada país debe participar en igualdad y con una real toma de decisión como pueblo dentro del bloque. El presidente Lula es una gran figura reconocida internacionalmente y no practica hegemonismo, tiene un corazón abierto y una bondad enorme para ser parte de todos los proyectos que los pueblos de nuestra América latina quieren afirmar para rescatar sus derechos y afirmar legitimidad de sus gobiernos democráticamente electos, radicalizar el proceso democrático para que la democracia no sea sólo discurso y formalidades para pasar a ser una realidad política, económica y cultural, y que definitivamente se llegue a la distribución de la riqueza para millones de seres humanos de nuestro continente y el mundo entero.

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