¿Balestrini gobernador?

El gobernador bonaerense Daniel Scioli acaba de cumplir dos meses de gestión y la sucesión de desaciertos que ha protagonizado parece confirmar que su paso por el distrito más importante del país no será un trampolín a la presidencia. Sus asesores piensan que todo es un problema de comunicación, mientras que todas las expresiones del peronismo reclaman respuestas políticas. En el medio, la crisis de inseguridad, la defensa de Stornelli y la lluvia de críticas.

Con el correr de los días, las miradas pejotistas, kirchneristas y opositoras se posan en Alberto Pérez, el jefe de Gabinete provincial que contesta con largos silencios cuando le preguntan sobre lineamientos políticos. Ya no son rumores.

Los testigos que dan cuenta del mutismo son variados. Uno de ellos comentó a Causa Popular que cuando le planteó las preocupaciones por la falta de respuestas para un 2008 que estará signado por conflictos docentes, estatales y municipales, el hombre fuerte del sciolismo contestó: “Pero vos quedate tranquilo, mirá lo bien que le fue con Mirta Legrand”.

La reflexión alude al permanente acercamiento que tiene el actual gobernador con figuras de la farándula, especialmente con la octogenaria actriz y conductora televisiva que lo ha tratado como si fuera un presidente antes y después de que asumiera la gobernación.

Puertas adentro, en el peronismo bonaerense asumen que le tolerarían que se comporte como un pavo real, siempre y cuando no los dejara esperando. “Ni siquiera es como (Felipe) Solá, que cuando visitaba los municipios y luego regresaba a La Plata, dejaba a alguien para escuchar la larga lista de reclamos que tiene cada municipio. Scioli es peor, llega, saluda, habla, arma el acto para la foto y los medios y después se va y deja a todo el mundo con la boca llena de reclamos, consultas y hasta propuestas.

No escucha, no propone, no soluciona, pero lo peor de todo: no consulta”, confiesa a este medio un hombre de sólido diálogo con los intendentes del primer, segundo y tercer cordón del conurbano, las tres zonas que concentran la mayor cantidad de reclamos de la provincia.

En la Legislatura provincial tampoco ha podido cosechar muchas flores. Ya es conocido el fallido intento por ubicar al diputado Martín Ferré como presidente de la Cámara de Diputados bonaerense. Varias fuentes revelaron que el diálogo entre Alberto Pérez y los diputados justicialistas fue muy duro y casi anticipatorio del poco margen que tendrá Scioli. “Si esto no se cumple, Daniel no jura”, dicen que advirtió Alberto a los legisladores. Pero la respuesta estuvo lejos de buscar consensos. “¿Y?” -le contestaron – “si no quiere jurar, que no venga, pero Ferré no presidirá la Cámara bajo ningún concepto”.

Ahora Ferré es un discreto miembro del bloque del Frente para la Victoria y no afloja en su afán por defender la gestión de Scioli, pero está bastante lejos de la titularidad de la Cámara, cargo que ahora detenta Horacio González.

Otro de los puntos que le cierra el paso, es la crisis de inseguridad en el municipio de Junín y la creciente demanda de policías en distintos puntos de la provincia. Tras los crecientes reclamos, sostuvo que «el arma» que «simbólicamente» deben utilizar los residentes en la provincia para colaborar en la lucha contra la inseguridad, es «el 911», el número de teléfono de emergencias policiales gracias al cual, por ejemplo, se pudo resolver la toma de rehenes en Villa Adelina.

Pero en el fondo, la estrategia es defender la gestión de su ministro de Seguridad, Carlos Stornelli, a quien ratificó en su cargo y dijo que «está dando una dura lucha hacia adentro, hacia afuera y hacia los costados para poder encausar este tema». Pocas veces se ha visto a un gobernador que obtuvo más votos que Cristina Fernández de Kirchner, sosteniendo a un ministro clave a 60 días de asumir.

Pero las iras no sólo vienen de los intendentes, sino de los ex intendentes. Históricamente estos fueron los garantes del poder y los consejeros de mayor consulta para cada gobernador. Menos para Scioli. Desde esa comunidad de mandatarios comunales en retiro, apuntan sin piedad: “no sabemos si es que no entiende de política, o quiere imponer un método que desconocemos, pero con ver lo que hizo en Desarrollo Social basta: designó a Daniel Arroyo ni siquiera le pidió que designara a alguien de su confianza, o a algunos representantes de los municipios. Así no se puede hacer política, y si esa es la opción, está bueno saberlo de antemano”.

Los días pasan y el descontento es cada vez mayor. No sería nada alarmante si se tratara de una ofensiva política que contara con un contrapeso, es decir, si pretendiera conducir la enorme estructura del peronismo con una iniciativa distinta. Pero eso es precisamente lo que todos esperan y nunca sucede. “Es que el problema de comunicación es para la Capital, justo donde él quería gobernar. Parece que no quiere darse cuenta que está a cargo de la provincia más grande del país y la gobierna como si fuera la Capital Federal. Si Kirchner quiso acorralarlo, lo hizo perfecto. Desde que asumió no para de desgastarse” comentan con asombro en La Plata. Detrás, el vicegobernador bonaerense, Alberto Balestrini espera sentado. Para varios de los consultados, sería la pieza de recambio en caso de que Daniel no pueda con todo.

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