Baldrich, la pesadilla argentina de la Standard Oil

¿Por qué homenajearlo? ¿Por qué leerlo? Porque con Alonso Baldrich no celebramos algo que ya pasó; sus experiencias las estudiamos para aplicarlas a los problemas y necesidades del presente.

No son muy distintos los problemas de los recursos naturales petrogasíferos de Argentina de hoy a los que tenía el país hace 50 años, cuando murió Baldrich (20 de agosto de 1956), o hace 66 años cuando falleció Enrique Mosconi (4 de junio de 1940), o hace 73 años cuando la Cámara de Diputados (26 de septiembre de 1927) dio media sanción a la Ley de Nacionalización del Subsuelo y de otorgamiento del carácter de monopolio legal a la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales (Y.P.F.) por 88 votos contra 17.

Han pasado ya 99 años desde el inicio de la extracción petrolera en el país, cuando Argentina pasó a estar entre los 9 o 10 países del mundo que explotaban el petróleo. En 1927, justo a los 20 años de ese inicio, Baldrich afirmó en su famosa conferencia del 25 de junio que el país había llegado al décimo puesto por su nivel de extracción, entre los 30 países del mundo que lo hacían.

La historia petrolera argentina es una continua tensión y lucha que se manifiesta en varios temas y problemas sin resolver. ¿Cuáles son los temas hoy vigentes que se discuten y se legislan y que también fueron tratados por Baldrich y Mosconi en las décadas de 1920 y 1930?

1. La propiedad nacional o provincial del petróleo (hoy denominada la «Ley Corta»)

La propiedad provincial se impuso en 1994 con la reforma constitucional de ese año y en 2006 con la promulgación de la «Ley Corta» (que votaron diputados y senadores en la actual democracia delegativa, donde usan y abusan de mandatos no recibidos, sin prever las gravísimas consecuencias que provocarán para el futuro del país.

La propiedad centralizada (que aparece en la Ley con media sanción de Diputados en 1927 -pero que no fue tratada nunca por el Senado, mientras se preparaba el golpe con olor a petróleo en 1930- y en el Art. 40 de la Constitución de 1949, derogada por proclama militar luego del golpe de 1955) y la propiedad provincial fragmentada del Código de Minería de 1885, resumen esta cuestión.

Baldrich se preocupó por este problema y fue un infatigable defensor de la sanción de la HC Diputados de 1927. Su pensamiento se sintetiza en la siguiente frase: «¿Cómo podría sostenerse, dada la incapacidad técnica y financiera de las provincias, que ellas pudieran explotar esta compleja, difícil, grande e importante industria del petróleo? Se verían obligadas a entregarla a las compañías
extranjeras, como ya sucede en el norte…»

Ahora deberíamos recordar que, con la privatización y la desregulación, las provincias recibieron acciones de Y.P.F. y los yacimientos menores, pero inmediatamente vendieron las acciones, concesionaron los yacimientos y no crearon empresas petroleras (reales) en sus provincias.

No han desarrollado experiencia y tecnología, en un mundo donde la tecnología de las grandes petroleras mundiales ha ampliado el bache con las empresas que no desarrollan tecnologías y el poder de las grandes concentraciones petroleras ha achicado el poder de los Estados, con más razón si éstos son provinciales o municipales.

2. La fragmentación del subsuelo de las naciones y las separaciones territoriales a causa del petróleo (como el actual separatismo en Bolivia)

El segundo tema que preocupó profundamente a Baldrich, y que estudió en detalle, fue la fragmentación del subsuelo de las naciones y las separaciones territoriales a causa del petróleo. Ya hemos visto el tema de la fragmentación del subsuelo nacional. Pero las acciones de los grandes monopolios en este sentido provocaron incluso guerras
entre naciones hermanas.

Baldrich analizó una Guerra del Petróleo, la del Chaco o Gran Chaco, o sea la guerra entre la Standard Oil (bajo la bandera de Bolivia) y la Shell (bajo la bandera de Paraguay). Temía el acoplamiento de tierras del norte argentino, donde los gobiernos conservadores concesionaban grandes extensiones especialmente a la Standard Oil , con las tierras bolivianas de Tarija y Santa Cruz que había logrado esa petrolera estadounidense.

«Me acusan… por haber dicho con honrada franqueza el peligro que significa la penetración de la indeseable compañía que ha invadido el norte argentino, de donde es deber y previsión patriótica sacarla».

En su famosa conferencia del 25 de junio de 1927 (un año antes de que se firmara en Escocia el acuerdo de Achnacarry, que dividió el mundo entre las grandes petroleras) advirtió: «Mírese a Salta y Jujuy, donde ya ha puesto sus tentáculos el coloso de la Standard Oil , que viene del Norte, después de haber acaparado 5 millones de hectáreas en Bolivia, y qué sé yo cuántas en el Perú».

Muchos autores incluyen entre las causas de la guerra entre Ecuador y Perú de 1941 una lucha entre la inglesa Shell (con concesiones en Ecuador) y nuevamente la Standard Oil (con concesiones en Perú). Al término de la guerra, el territorio que se reconoció a Perú era la zona ecuatoriana que estaba concesionada a los británicos.

En dos de las conferencias de Baldrich (que constituyen verdaderos folletos sobre la Guerra del Gran Chaco) se tratan las causas petroleras de esa guerra de 1934/35. El gran Acuerdo de Achnacarry (de agosto de 1928) no dividió la América Latina entre las 3 empresas que firmaron el acuerdo secreto: Standard Oil, Shell e Iranian Oil (actual BP).

Estas empresas dejaron sin dividir, sin tratar -como si fuera la «res nullius» de las petroleras- el territorio latinoamericano. Por eso ese acuerdo monopólico no tendría influencia tampoco en la Guerra de Ecuador con Perú (1941), también entre la Standard Oil y la Shell. Está tan presente la preocupación de Baldrich sobre la división de nuestros países, que hoy Bolivia vive las exigencias de un autonomismo separatista por parte de los cuatro Departamentos (o provincias) agrogasíferos.

3. El papel del Estado y las sociedades mixtas en el petróleo (como Enarsa con 35% para los capitales privados y extranjeros)

Otro tema tan vigente antes como ahora son las empresas mixtas, que intentan reemplazar a las empresas del Estado, donde la participación nacional es plena.

Enrique Mosconi cuando comenzó a preocuparse por el petróleo, coincidía con su amigo, el ingeniero Jorge Newbery, en impulsar la empresa mixta. Pero luego de sufrir las presiones de la Standard Oil (que no proveía aeronafta a los aviones del Ejército nacional, y su prepotencia corruptora en los campos de Salta, etc.) rechazó la asociación del Estado con capitales privados en las empresas petroleras.

Junto con Baldrich defendieron la sociedad estatal, como queda demostrado en el apoyo irrestricto que dieron a la Ley que aprobaran los diputados yrigoyenistas y de otros sectores nacionales en 1927. Ambos defendieron sin titubeos a Yacimientos Petrolíferos Fiscales como sociedad estatal y monopólica. Mosconi afirmaba que Y.P.F. nunca debía asociarse con sus enemigos.

La experiencia que Baldrich desarrolló con Y.P.F., que logró invertir y obtener rentas sin pedir dinero al fisco ni endeudar al Estado, le permitió sustentar su concluyente afirmación sobre las multinacionales del petróleo:

«Maldita la hora en que llegaron. Bendita, mil veces bendita, la hora en que se van…»

No era con análisis suaves e incompletos como denunciaba a quienes prometían capitales que, aunque no los traían, se llevaban toda la renta «al mar», y a los que creen que sin petroleras multinacionales no es posible el progreso hidrocarburífero de América Latina. La historia de Y.P.F., Pemex, Petrobrás y PDVSA y las demás petroleras de América Latina lo ponen en evidencia.

Como conclusión, afirmamos que los hombres que fueron funcionarios honestos, administradores eficaces y estudiosos inteligentes que supieron ver los signos de su tiempo y de su país, deben ser recordados, para que su pensamiento y conducta no se pierdan, porque esos pensamientos son vivos y vivificantes, y se han convertido en conductas que debemos propagar y seguir.

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