Azertia: las nuevas formas de la lucha sindical

Azertia es una empresa de servicios que comenzó a funcionar allá por el año ’98 básicamente con dos unidades productivas: una de digitalización de cheques y otra de impresiones y acabado que luego complementó con el ensobrado en polipropileno y en papel. El arco de clientes va desde las distribuidoras de gas a bancos privados, compañías de seguros, financieras, afjps, etc., es decir, todas compañías con grandes niveles de facturación, y unos cuantos municipios del conurbano.

Todos sus trabajadores eran contratados en blanco, con sueldos casi decentes y algunos beneficios extra que hacían que los trabajadores nos sintiéramos contenidos en un ámbito de trabajo bastante agradable y profesional. En plena crisis del 2002 la política cambió drásticamente, hubo despidos masivos, retiros voluntarios, etc…

“Se nos pidió a los trabajadores esfuerzos extra como concurrir a trabajar en fines de semana sin pago de horas extra y cargando toda la responsabilidad del éxito de la empresa (y de la conservación de la fuente laboral) en los hombros del trabajador, conformando por ejemplo un sistema de compensación de horas trabajadas llevadas adelante en prolijas planillas y concedidas en forma poco respetuosa de la persona del trabajador”, relata uno de los trabajadores.

Pero lo cierto es que se llegaron a deber cientos de horas a cada trabajador bajo este sistema en el cual la compensación obligaba al resto del equipo de trabajo a absorber las horas-hombre faltantes ante las compensaciones. “Desde ya que era lo menos que podíamos hacer por ser los privilegiados que conservábamos la fuente de trabajo ante tamaña crisis, y en esa lógica se nos disciplinó: la de tener que agradecer que éramos mal pagos en todo sentido por el trabajo que realizábamos.

Ahora bien, ante esa injusticia existe la posibilidad del reclamo colectivo y había que eliminarla. La mejor forma es desuniendo a los trabajadores mucho antes de que pensaran en organizarse. y la mejor forma de desunirlos es fomentando el individualismo y la competencia, sumiendo a los trabajadores en una lógica de erigirse en cuasi-supervisores de todos los demás atendiendo las diferencias de magnitud de sueldos, aptitudes personales y grado de especialización y productividad.”

Esto lleva a que cada trabajador negocie según su rendimiento y productividad; de más está decir que la relación de fuerzas existente permite que con dos palabras se le vayan las ganas a cualquier trabajador de reclamar algo mejor para el mes que viene cuando se lo amenaza con no tener nada para el mes que viene: “tenés razón pero no hay plata”; “si no te gusta renunciá”; “el tema es otro, vos hay muchas cosas que no sabés”, “ustedes son empleados caros”; “no jodas porque te rajo, vos sos un empleado caro”; “vos calláte o te paso a otro turno”, o “bajá y ya sabés lo que tenés que hacer (*)”.

A esto le sumamos la cantidad de compañeros que deambularon por meses y años por diversos sistemas de contratación como trabajo por agencia y monotributistas, configurando una relación de dependencia encubierta e incurriendo en claro fraude laboral cuando no directamente de trabajo en negro.
Pero eso no es todo.

El cuadro puede resultar peor si tenemos en cuenta las claudicaciones gremiales. “Los trabajadores de Azertia contamos con un delegado incorporado abiertamente a la tibia burocracia sindical reinante hasta hace poco tiempo en el Sindicato de Empleados de Comercio comandado por Cavalieri, delegado poco comprometido con el trabajo de campo entre los trabajadores y más bien comprometido con los intereses de la empresa como pudimos ver a lo largo del conflicto”.

Por conveniencia más que por presión de los compañeros, ese delegado presenta a la empresa, el día 28/05/07, un petitorio bastante filtrado del original que le presentaron los trabajadores. Cabe destacar que completa la maniobra haciéndolo pasar por propio en el Sindicato, tanto el petitorio como la conformación de la asamblea de trabajadores y su liderazgo.

“Los trabajadores de Azertia somos plenamente concientes de que el Sindicato es una herramienta básica e insustituible en la lucha de los trabajadores en su conjunto y de que es producto de esa lucha por lo cual es sistemáticamente atacada o absorbida y sobornada por la patronal conviertiéndola en su herramienta disciplinante más efectiva junto con los altos grados de desocupación.

Cabe destacar también que gracias a la militancia de tantos trabajadores y delegados, el Sindicato se encuentra hoy en proceso de renovación y realzamiento de las banderas reivindicativas, proceso liderado por el compañero Ramón Muerza.”

A dicho petitorio (en el cual los trabajadores solicitamos aumento al básico de $800.-, francos compensatorios según ley 20744, categorización y recategorización junto con determinación de escalas salariales, provisión de elementos de seguridad y ropa de trabajo, respeto del descanso de 45 minutos en su carácter de uso y costumbre desde los inicios de la unidad productiva) la empresa responde con una iniciativa de otorgar aumentos selectivos de entre un 5% y un 12% a los mejor puntuados por sus supervisores en una evaluación de desempeño, proceso en el cual se tiene en cuenta únicamente a los trabajadores efectivos que hubieran prestado servicios durante 2006, en definitiva a solo la mitad de la planta y sin ofrecer ninguna solución al tema de las disparidades de salarios en un abierto intento por volver a enfrentar a los trabajadores entre sí, además de directamente no responder algunos otros puntos.

El viernes 16 de junio los trabajadores, además de deslegitimar al delegado, decidieron comenzar a partir del lunes 18 un moderado quite de colaboración dejando a la planta funcionando en un 50%, proceso que culmina con un rápido pedido de encasillamiento en categorías por trabajador a los jefes de turno con una consiguiente determinación de aumentos de entre un 2% y un 25% al básico según escalas salariales definidas por la empresa a liquidarse a partir del mismo mes de junio a lo cual se suma el 12% no remunerativo en el marco del Acuerdo de aumento paulatino del 23% logrado por el Sindicato de Comercio, más la unificación del monto de los tickets en $100.- para todos los trabajadores.

Llamativamente habían dejado de ser empleados caros, había aparecido la plata, y el Director de la empresa pasaba a ser “uno más” según sus propias palabras; y los trabajadores, también según sus palabras, tenían que aceptar para luego “seguir luchándola”, todo esto una vez que los teléfonos se inflamaron de clientes quejándose por los tiempos de entrega dilatados por el quite de colaboración y la imposibilidad de darles explicaciones creíbles.

Las maniobras por deslegitimar la asamblea de trabajadores argumentando la acefalía en la representación sindical no les sirvió de nada.

“Los trabajadores de Azertia, más que nunca sabemos que la empresa tiene grandes ganancias y que no respondemos más a sus intereses sino a los nuestros, que merecemos sueldos y condiciones dignas, que no nos podemos seguir enfermando por las presiones laborales.

Sabemos que la lucha recién comienza, y que SI TOCAN A UNO TOCAN A TODOS; sabemos que la solidaridad de los trabajadores de la rama es importantísima ya que compartimos problemáticas y unidos somos más fuertes, como trabajadores y como ciudadanos de una Nación que edificará su libertad y bienestar únicamente a partir de la justicia social.”

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