Antropología del desprecio

«Todo muro en el fondo es una puerta.»
Emerson

«Si la ‘migra’ me detiene en diez ocasiones, intentaré cruzar once.»
Jacinto Hernández, emigrante

En el inconsciente colectivo latinoamericano solo existe una frontera y es la que separa a México de los Estados Unidos, la que separa a Estados Unidos de América Latina. Deben ser pocos los habitantes de esta región que aunque sea una vez en su vida no hayan intentado saltearla, por los menos, imaginariamente.

Desde Tijuana en el Pacífico a Matamoros en el Atlántico, la frontera se extiende unos 3.200 kilómetros y atraviesa valles, desiertos, alturas. A partir de Ciudad Juárez se convierte en el mítico Río Bravo, conocido en el norte como río Grande.

Todos los territorios que se encuentran próximos al norte de esa línea divisoria pertenecieron a México hasta el espurio Tratado de Guadalupe Hidalgo, en 1848, que finalizó la guerra entre ambos países y despojó a México de 2.300.000 kilómetros cuadrados —más de su superficie actual. Podría entonces decirse que esa frontera divide a la patria de Zapata en dos.

500 muertes al año

Todos los años, aproximadamente un millón de personas intenta entrar ilegalmente a los Estados Unidos, por algún lugar de esos 3.200 kilómetros. Las nacionalidades del todo el mundo pobre están representadas en estos emigrantes. Pero son mexicanos y centroamericanos la mayoría de los que intentan dar el salto, que no es solo cruzar un límite, una frontera, una línea, sino también realizar un cambio radical de vida: grandes talleres de costura en Los Ángeles, granjas en Florida, frigoríficos en Iowa, o empresas constructoras en Nueva York —todos ávidos de manos de obra barata.

De este número incierto que puede representarse en un millón, obviamente no hay registros de cuántos lo intentan y cuál es suerte, pero se estima que solo un 10% tiene éxito, y entre 400 y 500 migrantes mueren anualmente en el intento. (Todas las cifras son estimativas. Ni siquiera de la muerte se puede tener certezas, ya que la zona es muy amplia y son muchas las causas que hacen imposible la recuperación de los cuerpos.)

Este río de olvidados rumbo a la frontera norte de México ha creado una verdadera industria que es la de los “polleros” o “coyotes”, grupos ciertamente mafiosos, especializados en cruzar indocumentados al otro lado de la línea y que operan desde el año 1964. Se estima que son más de cien los grupos o “familias” que se dedican al tránsito ilegal de personas. Las tarifas que cobran por el traslado van desde los 1.500 a los 5.000 dólares. Se trata de cifras astronómicas puesto que quienes las pagan son, en su gran mayoría, campesinos desplazados, víctimas del fracaso de las políticas neoliberales (a las que con tanto apasionamiento se han aferrado muchos países del mundo pobre en las últimas décadas).

Los emigrantes perdidos en el desierto, mueren por deshidratación, insolación, hipotermia, o agotamiento, a manos de bandas de asaltantes especializados en saquear indocumentados, traicionados por algún pollero inexperto que equivocó el camino y decide salvarse solo, ahogados en el Río Bravo o Grande o en otros ríos tributarios.

La mayor tragedia con indocumentados en la historia de Estados Unidos, sucedió el 14 de mayo de 2004, con 80 inmigrantes (la mayoría de origen hondureño) que iban a cumplir el último tramo de su odisea desde Harlingen, Texas, a Houston. El camión que los transportaba no hizo caso a los pedidos de los pasajeros que comenzaron a asfixiarse por la falta de ventilación y el calor en plena oscuridad. Los inmigrantes debieron utilizar su transpiración y su orina para refrescarse y beber. Con las uñas consiguieron hacer pequeños orificios en la parte trasera del trailer. Finalmente, y como si fuera poco, el chofer desenganchó la carga, abrió las puertas y escapó en el camión, dejando atrás 19 muertos por asfixia, sed y espanto.

Operativo Xenofobia

Como si la naturaleza, la delincuencia o las leyes fueran pocas barreras para los emigrantes, la xenofobia se levanta ahora como un nuevo escollo.

El Minuteman Project, un bloque civil compuesto por grupos neofascistas, como “Los Patriotas de Yuma” y “Los Arizona Guard”, patrullan la frontera del lado estadounidense. Disponen de armas, vehículos, medios de comunicación y aviones. Se sospecha que el Minuteman —nombre de una milicia campesina que enfrentó a los ingleses en la guerra de independencia estadounidense— es sostenido materialmente por los grandes rancheros de la zona, que han tomado el rol de caza inmigrantes y sostienen que solo se limitan a detener a los indocumentados y entregarlos a la guardia fronteriza. Extraoficialmente, se jactan de haber matado a más de 3.500 indocumentados.

El estado de California desarrolla el programa: “Operación Guardián”. Este programa, cuyos recursos y tecnología supera cualquier otro plan similar, cuenta con más de 1.800 vehículos, glamorosas 4×4 Bronco, motos, bicicletas y caballos, 12 helicópteros de apoyo a los agentes en tierra, miras infrarrojas y sensores sísmicos que perciben los movimientos de las personas y mandan señales al centro de comunicaciones de la Patrulla Fronteriza. Se instalaron en unos setenta y tres kilómetros de la frontera, hecha de columnas de concreto reforzado de cuatro metros de altura, separadas por 15 centímetros y coronada por una red de un metro, inclinada hacia el lado mexicano, dotada de sensores de cuerpos calientes. Un Plan Guardián cuenta, además, con 3.000 agentes para apenas 40 kilómetros, sobre la zona de San Diego – Tijuana y vigilancia aérea durante todo el día.

A pesar de toda esta parafernalia de reglamentaciones y violencia, los desesperados del mundo siguen golpeando las “puertas del cielo” y si no se las abren, las derriban o las saltan.

El jefe de la seguridad de Estados Unidos, Michael Chertoff, pidió que el departamento de Seguridad Nacional (DHS, creado a partir de los ataques del 2001, que agrupa a 23 agencias federales) imponga a la inmigración ilegal las mismas medidas con que se ataca el crimen organizado.

El muro de la vergüenza

El último invento del Departamento de Estado para resolver el problema de los ilegales fue construir un muro a lo largo de toda la frontera.

El proyecto de la Ley de Control de la Protección Fronteriza, Antiterrorista y Control de la Inmigración Ilegal (Border Protection, Antiterrorism, and Illegal Immigration Control Act of 2005 -HR 4437), aprobado por el Senado en 2006 intenta endurecer las normas contra la inmigración ilegal y está considerado como prioridad número uno por el 51% de los norteamericanos, sobre todo en los estados del sur, como Texas, Nuevo México, Arizona y California, Mississippi, Utah, Alabama y Georgia.

La barrera que se construye a partir de la enmienda para la Seguridad Interior y de las Fronteras (HR 4437) debe contar con cámaras de televisión, sensores e iluminación. Esta muralla, que comienza en Laredo (Texas), se extenderá a zonas de California, Arizona, Nuevo México y Texas.

La extensión inicial para el muro de concreto puro (y de 5 a 10 metros de altura), es de 1.130 kilómetros, de los 3.200 kilómetros que abarca la frontera en su totalidad. Tiene un costo de 5 mil a 8 mil millones de dólares y contará con dos murallas paralelas de acero y alambres de púa, separadas entre sí por 100 metros de tierra yerma. Además, la zona estará atestada de cámaras de video y sensores térmicos para la noche. Se destinará presupuesto suplementario para la Patrulla Fronteriza, incorporando más personal, camionetas, helicópteros y armamento.

El representante republicano del estado de Colorado, Tom Tancredo, declaró en diciembre de 2005: “¿Qué mejor regalo de Navidad para los estadounidenses que las fotografías del hormigón que está siendo vertido para la construcción del cerco?»

Entre otras normativas que se intentan aprobar está la presentada por el republicano Nathan Deal que propone:

– negar la ciudadanía estadounidense a los hijos de inmigrantes ilegales,

– cambiar la figura legal del término indocumentado, trasformándolo de “falta de carácter civil” a “delito criminal grave”,

– eliminar el Sorteo de Visas y obligar a los empleadores a comprobar que sus contratados estén legalmente registrados en migraciones y con permiso de trabajo.

– incrementar los castigos civiles y criminales contra los que contraten indocumentados y acelerar los tiempos para las deportaciones.

Mc Cain: la reforma migratoria puede esperar

En 2007 la compañía norteamericana Boeing desarrolló un sistema de protección de alta tecnología con un costo de más de 2 millones y medio de dólares que reforzará el muro en construcción. El sistema SBInet, para el Departamento de Seguridad Nacional que se enmarca en la Secure Border Initiative (SBI), cuenta con sensores, cámaras y radares en torres; sistemas de telecomunicación fijos y móviles, sistemas de detección de túneles, control centralizado, sistemas de análisis y bases de datos.

El senador por Arizona y candidato republicano a la presidencia de EE.UU., John McCain, no solo ha justificado la existencia del muro, sino que promete extenderlo hasta sellar la frontera materialmente y recién después contemplar la reforma migratoria integral: “nuestros ciudadanos quieren que las fronteras sean seguras primero” acaba de declarar a principios del mes julio, tras un encuentro con el presidente mexicano Felipe Calderón.

Solo queda por ver si tanto despliegue de alta tecnología, miles de millones de dólares, y chauvinismo, podrán detener, por ejemplo, el hambre de un campesino hondureño.

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