Antecedentes de la privatización del agua en el mundo: contaminación, escasez, empobrecimiento y tarifas altas

Por Causa Popular.- Casi contemporáneamente a que la Organización de las Naciones Unidas y la UNESCO declararan que el agua debe mantenerse en el sector público por ser un bien irremplazable para la vida del planeta y la humanidad, el Banco Mundial y el Fondo Monetario internacional le imponía a sus países deudores la privatización de la explotación y distribución de este recurso. El conflicto suscitado con la concesionaria de la explotación del servicio de agua potable Aguas Argentinas, no es un caso aislado de las experiencias que en el mundo se desarrollaron al calor de la privatización de este recurso natural fundamental para la vida. Las deficiencias en el servicio, la calidad del agua y el aumento espectacular de los precios, así como un acceso restringido del suministro a los sectores de la población más empobrecidos, fue la constante que acompañó la privatización del Agua en todo el mundo. La resistencia del pueblo fue una vez más la variable que no habían previsto.

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En la foto: Cochabamba: A cinco años de la guerra del agua.
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A principios de los años 90, las corrientes neoliberales comenzaron a proyectar la privatización del agua potable. El Banco Mundial (BM), la Organización Mundial de Comercio (OMC), y el Fondo Monetario Internacional (FMI), fueron los actores que asumieron la tareas de presionar a los Estados para que se “liberen de tan pesada carga” a favor del sector privado.

La extorsión, fue la de siempre, atar a este traspaso el otorgamiento de los créditos que estaban en condiciones de ofrecer gracias a que el G7 (los siete países más industrializados), desde donde provenían las empresas más interesadas en hacerse del negocio del agua, llenaban sus arcas con miles de millones de dólares.

En última instancia, la creciente escasez de este recurso, por la misma ley de oferta y demanda a la que siempre adoraron y veneraron, les garantizaba la seguridad de sus inversiones. Claro que las poblaciones del mundo que se vieron afectadas nada de esto escucharon por aquella época, estos grandes consorcios provenientes de los países más exitosos del mundo, se presentaban como la solución a la crisis mundial que se avizoraba sobre tan vital recurso.

Pero importantes sectores de la población mundial notaron las maniobras que ocultaba la explotación del agua. Tan es así que luego de rotundos fracasos en garantizar el servicio, aunque no en las ganancias obtenidas, el 75% del abastecimiento de agua potable en el mundo se encuentra bajo la responsabilidad de entidades gubernamentales, siendo predominantemente público en cuanto a su financiamiento, regulación y prestación, lo que continua dificultando a los Consorcios del Agua el acceso a este sector, uno de los últimos que se resiste con más fuerza a no ser regidos por las leyes del libre mercado.

Ejemplos de este proceso de resistencia fueron la Cumbre Mundial de la Tierra en Río de Janeiro realizada en 1992, Johannesburgo en el 2002, y Kyoto en Abril del 2003. En cada uno de estos encuentros quedaron explícitas las posturas de un gran sector que aboga por la no privatización del agua, quedando plasmado en infinidad de foros como el de Florencia entre el 21 y 23 de Abril del 2003, donde se elaboró como una alternativa el Manifiesto del Agua, donde se declara al agua como una herencia vital común y global.

Según el Doctor en Ciencias Geológicas Juan José Duran Valsero y la Doctora en Ciencias Económicas Maya Khelladi, citados por Alejandro González en el sitio de Internet, rebelion.org , en los casos concretos en los que se tiene conocimiento de una evaluación del proceso privatizador, los datos son lapidarios.

Para estos expertos hay dos países que muestran el fracaso de la privatización del agua, que al ser dos de las potencias mundiales le otorga al análisis un carácter estructural que da por tierra con los argumentos que apuntan a la mala administración, y no al carácter privado que asume la explotación de este recurso en los países del tercer mundo.

Según estos expertos, uno de ellos es nada más, y nada menos, que los Estados Unidos. Allí las privatizaciones han ocasionado una caída en picada de la salubridad del agua potable en muchas ciudades. Millones de norteamericanos han estado entre los años 93 y 94, consumiendo agua contaminada con plomo, pesticidas y productos clorados, e incluso en otras ocasiones con la presencia masiva de coliformes fecales.

No por nada este país se muestra tan interesado en la Triple Frontera formada entre Paraguay, Brasil y Argentina, el centro del Acuífero Guaraní, una de las reservas de agua potable más importantes del mundo.

En el caso de Gran Bretaña, las privatizaciones realizadas entre 1990 y 1994, significaron un aumento inmediato del 55% del precio del agua. Aunque las empresas obtuvieron importantes beneficios pese a la multiplicación de averías en la red de suministro, que se vio fuertemente deteriorada por la falta de inversiones, degradando acentuadamente el servicio.

Si a estos dos países les sumamos la mayoría de los países latinoamericanos como Argentina, Brasil, Uruguay y Bolivia, o del cono sur como Sudáfrica, o las ciudades españolas en las que se ha privatizado, nos encontramos con que, sumado a las deficiencias en el servicio, las promesas de una mejor calidad del agua, las metas como la lucha contra la pobreza o el suministro a los sectores de población mas desfavorecidos, no se alcanzaron en ningún caso.

En todos estos casos si algo tuvo éxito, fue el aumento de las tarifas que alcanzaron las empresas, volviendo más restringido aún el servicio.

Tanto la ONU en su declaración del milenio, como la UNESCO, expresan claramente que el agua debe de mantenerse en el sector público por ser un bien fundamental e irremplazable para la vida del planeta y de la humanidad.

Que tengamos que defender algo tan simple como esto es una de las tantas paradojas de la humanidad de este momento. Por lógica ¿como un bien tan vital -al igual que el aire- para nuestra supervivencia, puede entrar en los caminos tortuosos de la obtención de beneficios?

Ampliamente demostrada la inoperancia del mercado para administrar este recurso, sólo queda una cosa por hacer: convencer a los pueblos del mundo que el agua, más que un bien negociable, es un derecho básico, y que como tal requiere la protección estatal para ser garantizada a la ciudadanía.

Si cada Estado es incapaz de asegurar este derecho, como parece mostrar por estos días el Estado argentino, tendremos que seguir el valiente ejemplo de los bolivianos cochabambinos, quienes a fuerza de desobediencia civil, lograron expulsar a Suez- sí la misma, la empresa francesa que opera Aguas Argentinas y que está en todos los diarios por estos días-, y recuperar su derecho fundamental de contar con agua para seguir viviendo.

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