Animales

Rovilder Petroni tenía un mini pincher color negro fuego, al que abrigaba afectuosamente con un suéter. Una señora lo encontró perdido y lastimado en el Highland Park Country Club de Del Viso, a cuya guardia lo entregó envuelto en una manta para que le procurasen atención. Cuando la familia Petroni se presentó 40 minutos después, le informaron de mala gana que el perrito se había ido. Esta respuesta
desaprensiva no los amilanó y se entregaron a una intensa búsqueda hasta conocer la verdad: «Al poco tiempo de ser depositado en la guardia, fue llevado al exterior, y un cobarde disparo acabó con su vida». Los Petroni hicieron la denuncia policial y dieron intervención al club, ante cuya pasividad recurrirán a la justicia, en una demanda por daño moral y daños y perjuicios. Sin embargo perciben «cierta indefensión, debido a la maraña de mentiras y a la cobardía de callar para encubrir a un superior de gatillo fácil».

Rosa Malgor fue al cine a ver Las aventuras de Chatrán,una película japonesa de aventuras protagonizadas por animales. «La única forma de mostrarlos en difíciles trances y que expresen miedo o terror, es hacer que realmente estén aterrorizados. Chatrán no es un actor humano, que puede fingir miedo; para mostrarlo asustado tiene que realmente estarlo», repara la espectadora. Se comenzó a sentir mal cuando pensó que lo que veía no era ficción: «Estaban torturando al pobre animal para que realmente experimentara miedo». Además, leyó que no se trataba de un gato, sino de treinta que se utilizaron en la filmación, y que terminaron «magullados, fracturados, y quizás
muertos»
.

El viernes 2 de setiembre de 1988 Rolvider Petroni, de la calle Guido 1640, bajo el título No debemos callar contó la historia de su mini pincher negro fuego en el correo de los lectores de La Nación, como ejemplo «del cuidado que debe tenerse sobre la calidad de la gente armada que contratamos para nuestra protección y seguridad». El mismo día, Rosa Malgor, de Blanco Encalada 1715, desahogó su corazón en las Cartas a La Prensa. «Si los animales pudieran hablar, estoy segura que dirían que esta película tiene mucha violencia», concluyó.

Reconforta apreciar el firme repudio de la población de la Capital Federal al terror, su enérgica reacción moral contra las torturas y ejecuciones clandestinas de seres inocentes. Es admirable la decisión con que honestos ciudadanos buscan a los seres que aman y bregan por obtener castigo de la justicia para sus victimarios. Merece aplauso el
coraje cívico de los diarios más antiguos del país, que sin medir riesgos publican esas cartas escritas con santa indignación.

La Argentina es un país como no hay.

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