América latina: una utopía masiva que puede ser realidad

El antropólogo y novelista argentino Adolfo Colombres presentó en la capital española su nuevo libro, en el que avizora como posible y necesaria una utopía mundial que cuando se cumpla asegure dignidad para todos los latinoamericanos en el siglo XXI.
En la obra titulada «América como civilización emergente», Colombres analiza las vías por las que América Latina tendrá que «salir de su servidumbre espiritual y económica» para «contrarrestar la aplastante recolonización en marcha». Para ello, sostiene, «tendrá que adaptarse al mundo de hoy, pero desde su propia identidad».

«Nuestra América«, como la definió el escritor y héroe independentista cubano José Martí, ha comenzado el tercer milenio casi sin proyectos colectivos capaces de afirmarla ante el mundo como una civilización emergente, en contraposición a la entrada que hizo al siglo XX que fue pujante, rememora el autor.

Colombres presentó su libro en la oficial Casa de América. Graduado en derecho, también estudió filosofía, literatura y antropología, escribió 13 novelas y varios ensayos, entre ellos «La colonización cultural de América Latina» (1977), «Bases para una antropología social de apoyo» (1982), «Sobre la cultura y el arte popular» (1987), «Hacia una teoría intercultural de la literatura» (1997), y «Hacia un pensamiento visual independiente» (2004).

Para este literato y ensayista, no se trata simplemente de superar lo que hay, sino de hacerlo teniendo en cuenta la historia y el presente, «trascender lo indígena y lo occidental«, apostando por «una nueva civilización americana, que sea la suma y la síntesis de sus distintas vertientes culturales y excluya, por cierto, a Estados Unidos y Canadá«.

Aunque, aclara, no se trata de desdeñar la herencia occidental, «en buena medida irrenunciable, sino distinguir claramente entre sus aportes culturales específicos y el proyecto histórico de dicha civilización, el que además de ser hoy indefendible nos resulta ajeno».

Se trata de desarrollar un modelo propio «para evitar ser incorporados como una materia inerte a otro proyecto, a la historia de una civilización que en los últimos años ha desertado de los principios filosóficos y éticos que otrora le sirvieran de fundamento», agrega.

Al respecto, indica que esa deserción dejó al descubierto «antiguas contradicciones, como la que le permitió por un lado hablar de los derechos del hombre y por otro llevar adelante feroces empresas coloniales que no vacilaron ante el genocidio«.

Colombres añade que la emergencia civilizatoria americana es ante todo una cuestión de conciencia, que debe llevar a concretar «aquel viejo sueño integracionista que arranca con Francisco de Miranda, Simón Rodríguez, Simón Bolívar y José de San Martín, expresándose luego en el latinoamericanismo como alternativa al panamericanismo».

Esa integración, explica, no debe restringirse al aspecto puramente económico, aunque éste sea importante y tiene que extenderse en especial al plano político.

Y hablando de ello, subraya que, en la estructuración de la conciencia política, lo cultural juega un papel primordial, «pues pertenece a ese ámbito la conciencia de una continuidad en el tiempo de un patrimonio simbólico, material y natural, compartido, así como la necesidad de preservarlo y desarrollarlo».

El proyecto que el antropólogo y novelista argentino propicia, según su propio autor, «apunta a eliminar la discriminación que pesa sobre la América profunda, para que ya sin la venda de los prejuicios se puedan evaluar los aportes valiosos que ésta tiene hoy para hacer en los distintos terrenos de la actividad humana«.

Alertando de ese peligro, puntualiza que «la discriminación no sólo es irracional por apoyarse en una ideología injusta y acientífica, sino porque elimina o mutila una parte significativa del patrimonio simbólico de un país, sin detenerse siquiera a estudiar lo que excluye y destruye».

«La política es el arte de hacer posible lo necesario”

El interés estratégico de los grandes grupos económicos vinculados al Norte industrializado destruye la diversidad y hace que «los pobres de la tierra, en vez de intercambiar valores y experiencias de vida, rivalizan entre sí por quedarse con los mendrugos que posibilitarán su subsistencia».

Asumiendo que «la política es el arte de hacer posible lo necesario«, sostiene que se debe tener presente que «sólo una política que esté parada sobre nuestra concepción del mundo (la de los latinoamericanos) podrá saber a ciencia cierta lo que nuestros pueblos necesitan».

Porque «debe acabarse eso de imponer necesidades que a la postre sólo sirven para acrecentar la dependencia y la deuda externa, sin beneficiar en modo alguno a grandes sectores de la población«.

Un mal que afecta muy negativamente, afirma Colombres, es «la colonización pedagógica«, a través de una denominada «escuela moderna» que, a su entender, es una pedagogía formal que soslaya las materias que en realidad se deben transmitir.

Como ejemplo pone lo que ocurre en su Argentina natal, donde «las encuestas muestran cómo un gran porcentaje de los adolescentes que cursan la educación media e incluso jóvenes universitarios desconocen hasta el nombre de los genocidas que devastaron a su país cuando eran niños», en referencia a la última dictadura (1976-1983).

Y, prosigue, «de los tiempos más lejanos ni hablar, (pues) la oscuridad es completa«. Por eso cita al francés Jean François Mattéi, quien escribió que «la educación actual tiende a encerrar a la escuela en el sujeto y al sujeto en sí mismo, nuevo avatar de la escuela moderna entendida como un repliegue sobre el yo«.

En ese marco Colombres critica a «la pedagogía de la dominación» por considerar que ésta «ha convertido a la enseñanza, no en un esfuerzo del pensamiento crítico, sino en un conjunto amorfo de información que el alumno debe recibir sin tener, para procesarla, más que las tristes categorías que imponen la cultura de masas y el pensamiento único, que (el escritor portugués) José Saramago llama pensamiento cero».

Por ello «y salvo excepciones, nuestra Universidad prefiere corifeos y glosistas del pensamiento de moda en Europa más que investigadores honestos, comprometidos con nuestra realidad social y cultural».

En esa línea propone permanecer fieles al «homo sapiens» y combatir al «homo consumens» u hombre consumista consagrado por la llamada civilización occidental.

Occidente, explica el autor del libro, mide el valor de las personas por su capacidad de consumo «y hace de los shoppings centers (centros comerciales) sus idiotizantes catedrales, sin preocuparse por la circunstancia de que su sistema de vida haya puesto en peligro la misma subsistencia del planeta«.

En los años próximos ese Occidente «deberá enfrentarse con el resto del mundo, ya harto de sus agresiones«. Ese nuevo mundo será «pacificar a los nuevos bárbaros desde una razón reconstruida desde abajo y mediante el consenso».

Así, la economía «debe volver a estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio de ella La agricultura se ocupará de que todos los habitantes del globo tengan alimentos y no de producir enormes ganancias a quienes destruyen la diversidad biológica para establecer monocultivos o especular con el hambre».

Después de analizar el papel del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, Colombres llega a la conclusión de que «el camino que han tomado las potencias no conduce a la igualdad, sino, por el contrario, a la más profunda desigualdad que conoció la historia humana».

Añade que, «frente a un cuadro de tal gravedad, se comprende la importancia de recuperar conceptos que se suponían propios de la Guerra Fría, como el Tercer Mundo, el que no es otra cosa que un proyecto de los países no occidentales de unirse contra Occidente, relegando a un segundo plano los conflictos nacionales, étnicos, religiosos y culturales entre los pueblos«.

Porque, subraya, «sólo la unidad podrá proporcionarles la fuera suficiente para alzarse como alternativa capaz de hacerse respetar».

Su conclusión es reiterativa: «El rechazo radical a Estados Unidos potenciará nuestra emergencia civilizatoria, dando a los movimientos sociales de la región una mayor conciencia de su identidad y la fuerza necesaria para instalarse sin titubeos en el escenario internacional».

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Adolfo Colombres

Ensayista, escritor y antropólogo argentino (1944). Residió en Ecuador y en México, países donde se dedicó al estudio y la difusión de las culturas indígenas y dirigió proyectos estatales relacionados con el tema. Fundó y dirige Ediciones Del Sol. Dirigió el Programa de Rescate de la Literatura Popular e Indígena y la obra Literatura Popular Bonaerense, que se editó en cinco volúmenes. Su producción incluye en ficción, entre otros títulos, Viejo camino del maíz, Karaí, el héore – Mitopopeya de un zafio que fue en busca de la Tierra sin Mal, Tierra incógnita (Del Sol) y Sacrificios; ensayos e investigaciones: La colonización cultural de la América indígena, Sobre la cultura y el arte popular, La hora del «bárbaro», bases para una antropología social de apoyo, Celebración del lenguaje, hacia una teoría intercultural de la literatura, Seres sobrenaturales de la cultura popular argentina, Teoría transcultural del arte. Hacia un pensamiento visual independiente (todos en Del Sol), Manual del promotor cultural (tres tomos, Colihue), América como civilización emergente. Compiló y prologó gran cantidad de volúmenes dedicados a la cultura popular y la antropología. Es autor de los libros para niños El zorro que cayó en la luna, El zorro que se metió a cura y Un carancho muy devoto (los tres títulos Colihue). En 1994 recibió el Premio Konex de Letras, por su actividad literaria en los últimos diez años.

Gentileza IPS, especial para ZOMM.

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