América Latina: la guerra por otros medios

La avanzada imperialista sobre Irán y Corea del Norte, se suma a la que viene llevando adelante en Latinoamérica, Afganistán, Irak y Pakistán. Bases militares, Flotas de guerra, desembarco de marines, agencias “democráticas” que desestabilizan gobiernos y medios de comunicación masiva, son parte del andamiaje ideado por el Pentágono y la CIA.

El incremento del esquema bélico de Estados Unidos en el mundo nos lleva hacia una nueva escalada de guerra, que en un acción conjunta con Israel se está desarrollando en Medio Oriente. El transcurso de naves de EE.UU e Israel, entre ellos portaviones y submarinos que se desplazan rodeando a Irán, no sólo amenazan a este país, con posibilidades de conflagración nuclear, sino que colocan a América Latina en una difícil situación.

No podemos olvidar que hay buenas relaciones de varios e importantes gobiernos de la región con Irán. Y esto nos coloca en la mira.

No es el único frente que se está abriendo, ya que Washington utilizó un esquema similar al que se usó para entrar de lleno a la guerra de Vietnam, en el caso del hundimiento de una fragata surcoreana frente a la Isla de Baengnyeon, en el Mar Amarillo. En ese lugar Naciones Unidas trazó una frontera al finalizar la Guerra de Corea (1950-1953), para dividir el Norte con el Sur, lo que Pyonyang nunca aceptó. Washington atribuyó la explosión y hundimiento de inmediato a Corea del Norte con un supuesto disparo de un torpedo, lo que el pasado 12 de julio el Comandante Fidel Castro, en su primera aparición pública en una entrevista en la televisión cubana, demostró como imposible. En este caso también el gobierno de Corea del Norte había advertido al mundo que ese país no había realizado ningún disparo de torpedo ni era responsable del hundimiento de la fragata de Corea del Sur en que murieron 46 tripulantes.

Esto pone en evidencia que Washington está dispuesto a todo para su nuevo armado de guerra lo que significa además la reinstalación de viejas Flotas, como la IV que amenaza a América Latina y también el apoderamiento de la Organización del Atlántico Norte, cuyos tentáculos ahora avanzan hacia el sur, con el silencio cómplice de muchos Estados.

Afganistán, Irak y Pakistán

El presidente Barack Obama, reciente Premio Nóbel de la Paz, incrementó el presupuesto de guerra y especialmente el destinado a la ilegal invasión y ocupación de Afganistán. Cada día esto se va pareciendo más a Vietnam, aunque los expertos de Washington instrumentaron el plan de desinformación y manipulación para que su población quede cautiva del miedo al supuesto “terrorismo internacional”, que también aparentemente nos amenaza a todos, pero cuyos actos curiosamente sólo sirven a los guerreristas estadounidenses, israelíes, británicos y demás. Curioso “terrorismo” que sirve específicamente a los intereses del Pentágono, y de sus fundamentalismos asociados del mundo.

Con el agravante de que anulada la justicia en casos de “terrorismo” y funcionando la tortura a nivel universal, las cárceles y los tribunales secretos, los traslados ilegales de prisioneros sin abogados y sin control internacional, nadie puede asegurar quién es el verdadero responsable de uno u otro acto.

Hasta hoy nadie en Estados Unidos puede demostrarle al mundo quién derrumbó las Torres Gemelas, en cambio el mundo puede demostrar que en nombre del supuesto “terrorismo” responsable de esos actos, fueron invadidos y ocupados Afganistán (2001) e Irak (2003) produciendo el primer genocidio del Siglo XXI y la virtual anulación de las potestades internacionales de Naciones Unidas.

Hay otros focos como Pakistán donde nadie puede señalar con pruebas a los responsables de los constantes atentados, aunque es un hecho concreto que se necesita una estructura y tipos de armas, explosivos y logística que sólo pueden manejar a la perfección los agentes de las inteligencias del Primer Mundo. Con Pakistán, queda bajo amenaza India y otros países. A esto se agrega la serie de escudos misilísticos colocados en una innumerable cantidad de naciones, que son rehenes de esta guerra que nadie quiere.

La conquista del Caribe

Coincidente con estas actividades, Estados Unidos está diciendo a América Latina que en realidad su política exterior para este siglo XXI en el continente se diseña en el Pentágono y los organismos de seguridad dependientes de ésta institución con una visión militarista que cada día avanza territorialmente en nuestra región.

En el Pentágono y otras oficinas, pero esencialmente en la CIA y en las instituciones de seguridad se apoyan los grupos económicos que dominan el mundo. Desde que la Guerra de Baja Intensidad (GBI), trazado básico de contrainsurgencia (es decir ilegalidad) en los años ’60, que luego se expandió a los terrenos político, económico, cultural y social en los años ’80 bajo el gobierno de Ronald Reagan, sus Fundaciones, que manejan a la mayoría de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y medios de comunicación masiva, han invadido América Latina y los países del llamado Tercer Mundo, con una finalidad: el control y el reapoderamiento neocolonial y colonial.

Por eso no es sorprendente el nuevo “acuerdo de seguridad” con Costa Rica, cuya presidenta Laura Chinchilla Miranda, puso en marcha en una acción secreta con el Congreso de ese país, que autorizó la entrada de 7 mil marines y 46 barcos de la Flota estadounidense a ese país centroamericano.

Como Costa Rica no tiene ejército, a partir de ahora tendrá uno de ocupación.

Chinchilla Miranda, una politóloga con especializaciones en universidades estadounidenses es desde hace años empleada de la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID), una de las más importantes ramas de la CIA, y para ésta trabajó informando en los años ’90 sobre temas de justicia. Además presidió la Fundación para la Paz y la Democracia (Funpadem) ligada a la National Endowment Foundation (NED), otra creación de la CIA en tiempos de Reagan para infiltrar los movimientos políticos y sociales en la región.

Esto nos lleva a recordar que en los años ’90, en una reunión convocada por el Pentágono se trazó el nuevo proyecto de Guerra de Baja Intensidad, diseñando el apoderamiento de partidos políticos, organizaciones civiles, que a sabiendas o no quedaban dependientes de la CIA y otras instituciones, con la finalidad de llevar a integrar los Congresos en la región a diputados dependientes de las “necesidades” estratégicas de Washington.

También se diseñó entonces trazar el esquema de las “democracias de seguridad”, que se están imponiendo en estos tiempos. Es decir, con el manejo de los Congresos, la Justicia y hasta si es posible de las Cortes Supremas y las Cortes Electorales.

En el año 2009 lograron en Panamá, mediante tareas divisionistas, imponer al empresario derechista Ricardo Martinelli, ligado a la CIA. Pocos meses después, éste firmaba con la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, un acuerdo de seguridad para instalar cuatro bases militares en las costas Atlántica y Pacífica, que ahora serán unas once instalaciones.

Tampoco Panamá tiene ejército ya que las incipientes fuerzas armadas creadas por el general Omar Torrijos en base a una Doctrina de Seguridad Nacional propia y de defensa de la Soberanía de ese país, fueron destruidas durante la brutal invasión de Estados Unidos el 20 de diciembre de 1989.

A Costa Rica y Panamá sin ejército ingresarán fuerzas armadas extranjeras, con inmunidad para hacer lo que “necesiten” en ambos países. Y lo mismo sucede con su “invasión humanitaria” en Haití, donde aprovechando un terremoto que mató a más de 200 mil personas, destruyó la capital, incluyendo la sede del gobierno, y donde tampoco hay ejército ni policía, fueron enviados 20 mil marines y naves de guerra que están levantando su base ante el silencio cómplice del mundo.
En Centroamérica, el golpe cívico-militar en Honduras del 28 de junio de 2009 estaba destinado a asegurar a EE.UU. la continuidad de sus bases militares, como la de Palmerola, altamente estratégica para controlar la región. El golpe continúa bajo una fachada de democracia inexistente.

Completando el mapa se puede hablar de su entrada triunfal en México, mediante el Plan Mérida, que reproduce el Plan Colombia con el mismo objetivo y cuyas consecuencias estamos viendo en los miles de crímenes que se atribuyen al “crimen organizado”, aunque se sabe muy bien que la “organización” viene desde muy arriba.

Con este trazado, más algunos centros de entrenamiento en Guatemala, Escuelas policiales y otras en El Salvador, Estados Unidos ya tiene asegurada la implantación a pleno del Plan Puebla Panamá (para controlar Centroamérica) y trazar la carretera estratégica destinada al tránsito libre de mercancía y tropas estadounidenses desde el Río Bravo hasta Colombia, vigilando territorios de enormes riquezas. Uno de los países más amenazados en esa subregión es Nicaragua, cuyo Gobierno ha sido colocado en la mira de ataque.

De un sólo zarpazo nos colocaron un gran cerrojo por el norte, encerrando a los países del Caribe, donde además la base de Guantánamo, que ocupan ilegalmente en la isla de Cuba, ha sido convertida en un campo de concentración y de ensayos sobre todo tipo de torturas y sometimientos humanos.

Las siete bases y otros enclaves que tienen en Colombia y que reconocieron en 2009 como tales, han convertido a ese país en un portaviones terrestre. En Perú mantienen otras bases junto con un fuerte contingente de tropas. Y en el extremo sur cuentan con la base que Gran Bretaña mantiene en las Islas Malvinas, ocupadas colonialmente.
A este ya complicado escenario hay que añadir el acuerdo de Seguridad firmado entre Colombia y Paraguay en 2008. En este último país hay tropas de Estados Unidos que mantienen su inmunidad desde 2005, además de asesores colombianos e israelíes, afectando a todas las fronteras paraguayas con varios países. En especial la zona de la Triple Frontera (Argentina, Paraguay, Brasil) un punto estratégico, si los hay.

Por eso es inevitable seguir el desplazamiento de la flota de guerra en un virtual bloqueo ilegal a Irán, preanunciando que el mínimo detonante puede llevar a un incendio de tal magnitud que nadie puede asegurar hasta dónde llegarán las llamas.

Las “nuevas” derechas.

Pero mientras extienden su control militar, el trabajo más activo de Estados Unidos es la “recreación” de las derechas en América Latina y el mundo. Nunca como ahora esas derechas han sido tan dependientes del poder hegemónico mundial.

Como lo ha demostrado el gobierno del presidente Evo Morales en Bolivia, la mayor parte del dinero de la USAID, supuestamente destinado a “ayuda para el desarrollo” en su país, ha sido derivado a grupos políticos incluyendo a los que participaron en el intento de golpe de Estado que dejó decenas de víctimas en agosto y septiembre de 2008.

Esas son las “nuevas-viejas” derechas, absolutamente dependientes de dineros externos destinados a la desestabilización de los gobiernos que en varios países latinoamericanos con mayor o menor involucramiento lograron cambiar parte del mapa latinoamericano especialmente en el tema clave; el de la dependencia.

Esa derecha que conforma una verdadera tropa colonial de invasión encubierta, cuenta con todo el apoyo de los medios masivos del sistema, empeñados en atacar día por día a los gobiernos que el imperio considera “sus enemigos”.

El analista Ricardo Salgado, señaló recientemente (Cubadebate) que Estados Unidos ha ofrecido a la derecha una oportunidad de “reinar de nuevo en América Latina” y advierte que la derecha “internacional acude en auxilio de sus adeptos y pone todos sus recursos, todos sus argumentos y el peso de su poderoso aliado para desestabilizar la región”.

El nuevo camino son las “dictaduras” de hecho o las “democracias de seguridad”, como lo que ocurre en Colombia, donde el terrorismo de Estado se disfraza detrás de “formas democráticas”.

Lo que muestra este nuevo-viejo tiempo de las derechas, es que la mayoría de los pueblos de la región han protagonizado -y lo continúan haciendo- verdaderas rebeliones ante la injusticia, la miseria y la exclusión que les dejó la oferta neoliberal, que todavía algunos intentan imponer a sus poblaciones. Miremos el símbolo de la resistencia del pueblo hondureño que no ceja después de un año del golpe de estado, continuado con un falso gobierno “democrático”, o el levantamiento popular de trabajadores en Panamá o los sucesos de Puerto Rico.

Y también otro tipo de respuesta como la reelección por una cantidad aplastante de votos de Evo Morales, a pesar de todos los afanes de Estados Unidos para derrocarlo.

Todo esto está sucediendo al borde de las guerras preventivas -y de todo tipo- que se plantean en estos tiempos.

“Cuando analizamos la dialéctica de nuestras luchas olvidamos incluir en esta práctica el desarrollo de las fuerzas de la derecha; a veces somos proclives a entrar en contradicciones internas que olvidan que el esquema general de agresión va dirigido a dividirnos. No siempre somos capaces de visualizar la íntima relación de todas estas fuerzas en el mismo contexto. Nos olvidamos de cuestiones esenciales como el hecho de que en la lucha existen dos partes, una de ellas un adversario formidable, el imperio, que no escatima nada, absolutamente nada, para alcanzar sus objetivos (…) Este adversario, al que no le conviene para nada el despertar nacionalista de los países latinoamericanos, cuenta con una división de empresarios, oligarcas sin patria, cuyo único símbolo es el dinero, que sirve localmente a sus intereses a cambio de mantener todos sus privilegios ad perpetua. Sería muy ingenuo de nuestra parte pensar que las conspiraciones de EE.UU en nuestros países se derrotarán sin que nuestras propias fuerzas hayan alcanzado mayores niveles de coherencia. (…) Mientras ellos han puesto en marcha su maquinaria asesina y conspiradora, nosotros mantenemos posiciones encontradas que generan tremendas contradicciones internas, impulsadas desde fuera por el adversario, y promovidas por muchos que creen en la pureza de los dogmas. Nosotros debemos estar a la altura de las circunstancias”, advierte Salgado.
Y una de las respuestas debe ser parar la guerra en las calles de Nuestra América.

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