Alemania y la larga incertidumbre europea

A casi tres meses de las elecciones los alemanes siguen sin gobierno y las dificultades para consolidar una política común repercuten en un continente que vive su era de encrucijadas.

Después de que los demócrata cristianos (CDU), los socialcristianos de Baviera (CSU) y los socialdemócratas (SPD) dieron a conocer el pasado viernes 12 los acuerdos alcanzados para negociar la formación de un gobierno de coalición, estalló una ruidosa disputa dentro del SPD. Por ahora, los dirigentes de CDU y CSU callan, pero también allí se escuchan ruidos subterráneos. Es que el retraso en formar gobierno, a casi tres meses de la elección parlamentaria del 24 de septiembre, es sólo el síntoma de la falta de rumbo de Alemania. Cuanto más demora la búsqueda del mismo, mayor es el peligro que acecha desde la derecha.

 

Como si repentinamente les hubieran sacado una mordaza, apenas publicado el viernes el documento de 28 páginas con los acuerdos alcanzados, socialdemócratas de todos los niveles y corrientes comenzaron a discutir a los gritos. Mientras que la izquierda interna rechaza abiertamente la perspectiva de una gran coalición, otros dirigentes piden que en la plataforma se introduzcan mejoras. Al respecto resolverán el próximo domingo 21 los 600 delegados reunidos en el congreso partidario que se encontrará en Bonn, pero, de hecho, decidirán también sobre el futuro de Martin Schulz como presidente del partido. Si el congreso partidario rechaza el acuerdo alcanzado, el líder recién electo en mayo pasado se retirará.

 

El acuerdo alcanzado

El documento con los acuerdos alcanzados en las negociaciones tiene 28 páginas. Angela Merkel lo calificó como «un clásico texto de toma y daca», es decir, un compromiso difícil entre posiciones muy encontradas. Los tres partidos participantes pudieron meter allí algunos de sus temas más queridos, pero también debieron comerse muchos sapos.

 

No va a haber suba de impuestos ni, mucho menos, aumento en la tarifa que paga la categoría máxima del impuesto a la renta, como quería el SPD. En cambio, se pusieron de acuerdo en reducir en 10 mil millones de euros el subsidio que se paga a los estados del Este desde la reunificación de Alemania en 1990. Al mismo tiempo convinieron reducir las contribuciones sociales para los sectores de menores ingresos.

 

Asimismo acordaron limitar la cifra anual de inmigrantes extraeuropeos «a entre 180.000 y 220.000».

 

Un gran éxito socialdemócrata fue la reintroducción de las contribuciones patronales paritarias al seguro médico, pero el SPD no pudo imponer el seguro social universal obligatorio.

“Las más recientes encuestas muestran el cansancio de los electores ante la indecisión de sus líderes”

Para los sectores de menores ingresos, especialmente, si durante años han criado niños o cuidado familiares, se acordó una pensión especial que les otorgue un ingreso en un diez por ciento superior al mínimo de la región donde viven. Un compromiso con gran repercusión social fue la decisión de subir “sensiblemente” los subsidios para cuidados especiales de ancianos y discapacitados. Al mismo tiempo se crearán 8000 nuevos puestos de trabajo para especialistas en el área. Para mantener las contribuciones sociales por abajo del 40 por ciento de los ingresos (una consigna de la CDU), empero, se reducirá el pago para el seguro de desempleo.

 

La Unión y el SPD se pusieron del mismo modo de acuerdo en fortalecer financieramente la Unión Europea y en proteger la Eurozona de oscilaciones monetarias y financieras. Para ello, proponen destinar presupuestos especiales para la estabilización de las economías de la zona, para su convergencia social y para la “adopción de reformas estructurales”. Junto con Francia se diseñaría, en consecuencia, un presupuesto europeo con fuertes inversiones productivas.

 

Para la estabilidad del sistema político alemán se convino en rechazar toda forma de acuerdo de gobierno que no se base en coaliciones parlamentarias duraderas. No obstante, en la mitad del período de gobierno se evaluará el rendimiento de la próxima coalición.

 

La elite alemana se muerde la cola

Las más recientes encuestas muestran el cansancio de los electores ante la indecisión de sus líderes. Según la revista Focus de este lunes 15, si ahora hubiera elecciones parlamentarias, la neonazi Alternativa por Alemania (AfD, por su sigla en alemán) obtendría el 11 por ciento de los sufragios, los partidos de la Unión sumarían 33 por ciento, igual que en la elección de septiembre, el SPD se mantendría en 20 por ciento, los Liberales (FDP) y La Izquierda (Die Linke) alcanzarían respectivamente el 9 por ciento y Los Verdes llegarían al 12 por ciento.

 

A pesar de la mala imagen de los partidos, si hubiera elección directa del Canciller federal, Angela Merkel obtendría el 46 por ciento. Sin embargo, mientras que el 43 por ciento de los ciudadanos está a favor de que permanezca en el gobierno durante cuatro años, el 50 por ciento preferiría que se retire en la mitad del período. Es que 16 años de Cancillería –como alcanzaría Merkel en 2021– resultan demasiado para cualquiera. No obstante, los votantes aman aún menos a Schulz. El 67 por ciento está en contra de que el líder socialdemócrata sea ministro en el nuevo gobierno de coalición.

“Después de años de crecimiento económico y con una bajísima desocupación, la desigualdad, las carencias sociales y la falta de viviendas pagables se sienten duramente”

En realidad, la crisis política afecta a todas las fuerzas democráticas. Es que, después de años de crecimiento económico y con una bajísima desocupación, la desigualdad, las carencias sociales y la falta de viviendas pagables se sienten duramente. A esto hay que sumar las dificultades para incorporar a la sociedad al millón y medio de refugiados e inmigrantes que se sumaron desde 2015.

 

La clave de estas cuestiones debe buscarse en Europa. La Unión Europea se construyó sobre el supuesto de que EE.UU. marcaba las líneas maestras de la política mundial y se encargaba de la defensa del continente. Desde que gobierna Donald Trump, empero, éste obvia a Europa en sus decisiones, le muestra los dientes en los temas comerciales y pretende que se pague sola su propia defensa.

 

A la vez, la salida de Gran Bretaña de la UE da al tándem París-Berlín una centralidad en el continente para la que no está preparado. Dentro del propio poder germano chocan los atlantistas con los continentalistas. Así, Angela Merkel oscila entre el realismo y el ideologismo. Toda la elite política parece indecisa y falta de ideas. En este contexto hacen su agosto fuerzas como la AfD que, con consignas simples, ponen todo el mal en los inmigrantes y en “los de arriba”.

 

La democracia alemana es fuerte, estable y tiene la capacidad de renovarse, pero, si no resuelve rápido su rumbo, el nacionalismo irá carcomiendo la base electoral de los partidos democráticos, hasta obligarlos a coaligar con él. Y ésta puede ser la antesala de una catástrofe.

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