Alan II: ¿De terror, “Thriller” o comedia con final feliz?

Por José Vales, gentileza El Universal de México, especial para Causa Popular.- La tentación con el cine siempre aflora. Holywood, y América Latina, todo lo pueden. Alan García se dio el gusto de regresar a la presidencia. “¿Cuándo creyó que el volver al poder podría convertirse en realidad?” le preguntaron no hace mucho: “Siempre”. Y al verlo erguido, casi en pose imperial desfilar por el jirón Junín para hacer su ingreso triunfal en la Plaza Mayor, antes de ingresar al palacio Pizarro, uno comprende que se había preparado para ese momento, aún cuando el recuerdo de su primer gobierno aún provoca escozores.

Aquella primera parte fue lo que fue: una película de terror. Esta nueva versión tiene argumento y un guión aún por la mitad y todos los peruanos la ven como una de suspenso, aunque esperan que termine siendo una comedia con final feliz.

De ese guión sólo se conoce hasta ahora, las medidas de austeridad política que García comenzará por casa. Habló de “La hora de los pobres”, de inversiones en infraestructura para todo el sur del país -allí donde el voto de Ollanta Humala fue contundente-, y de una reforma política y social que ayude a reconciliar a la sociedad con la política para evitar “alteraciones del orden democrático”.

Ese fue el argumento. Nadie quiere por aquí que el guión esté a cargo de burdos imitadores de Claude Chabrol o Stanley Kubrick, no abundan en Perú los psicólogos como en Buenos Aires, para soportar una de Woody Allen. Es García quien deberá decidir por cuál de los tantos estilos de guiones se decide para que su premier, el hábil Jorge del Castillo, lo ponga a funcionar con su elogiado estilo abierto al diálogo y su envidiable muñeca para hacer política.

No tienen mucho tiempo. Sólo cuatro meses para plasmar las líneas directrices de esa acción a favor de los casi 14 millones de pobres, sin alterar los buenos números macroeconómicos que sorprenden a sus vecinos en la región.

Por eso el viernes, García habló durante una hora y veinte minutos a ese sector, mirando el delicado frente interno que se le presenta. En cuanto a su política externa, tal como lo adelantó a El Universal el canciller José Antonio García Belaunde, todo está claro.

Las imágenes de ayer del presidente junto a su colega, Michelle Bachelet -en plena acción de seducción política-, encabezando la parada militar fue el mayor gesto que se podía hacer a favor de una alianza con Chile y para despejar cualquier amago militarista.

En ese delicado frente interno, García deberá enfrentar las elecciones municipales de la segunda semana de noviembre, y allí apuntará la primera batería de políticas. A Evitar que un triunfo del humalismo en 15 de los 24 departamentos, convierta a esta segunda parte en un “thriller” político de pésimo gusto.

Un resultado negativo en esa elección puede tranquilamente cerrar los caminos a la gobernabilidad y pintar el peor de los escenarios. “hay un gran número de peruanos que no le perdonarán ni el más mínimo error. Lo votaron con la intención de fiscalizarlo”, explican tanto analistas como hombres de a pie.

“Al discurso le faltó citar cómo va a financiar todas las políticas que enumeró. O no lo tiene en claro o ya lo tiene y esperará a anunciarlo en las próximas semanas cuando los ministros acudan al Congreso”, explico el analista Augusto Alvarez Rodrich.

Artista contumaz de la política, Con García la región gana una figura estelar en las Cumbres y reuniones presidenciales. Pero por ahora, este “Ave Fenix” de la política en su segunda versión, no piensa en ello. Está ya abocado a intentar demostrar que posee el pragmatismo necesario para colocar a Apurimac, Huancavelica, Cuzco, Puno y todos los departamentos donde habitan los casi 14 millones de pobres, en el avión de la distribución social e irse caminando como Humprey Bogart en Casablanca o terminar como en cualquier burda producción hollywoodense: repitiendo el final de la primera: rodeado y feneciendo políticamente en el intento.

Un breve balance sobre el que se va

Alejandro Toledo, había llegado hace cinco años al poder, como el primer indígena de la historia moderna Latinoaméricana en alcanzar la primera magistratura y con un cúmulo de promesas y esperanzas que hoy parecen incumplidas, aún cuando para los parámetros políticos peruanos, su gestión será recordada como eficiente en lo macroeconómico, recuperadora en términos democráticos y desigual y desaprensiva en lo social.

Cuando su titular entregó el poder, el gobierno de Toledo pasó a ser parte de la historia y hasta un caso único en la región de sobrevivencia política. A los pocos días de estar ocupando el despacho principal del Palacio Pizarro, “El Cholo” había decidido fijarse un salario de 18 mil dólares, convirtiendo la medida en el primer escándalo de este quinquenio.

Lo siguieron la relación de su flamígera esposa, Eliane Karp con el banco Bisse, el mismo que operaba con Vladimiro Montesinos, el tráfico de influencia de varios de sus hermanos, su hija no reconocida y otros tantos.

La sociedad, mejor dicho los sectores más humildes del país que creyeron en su slogan “soy indio y rebelde con causa”, de inmediato le dieron la espalda. Lo observaban como un “bon vivant” recorriendo las noches los restaurantes Limeños de San Isidro y Miraflores más que un presidente que rebobinara la “película” de su vida, cargada de penurias, pobreza y superación personal.

Soportó, huelgas, protestas conatos de destitución en el Congreso. Su gobierno se asemejaba tanto al del argentino Fernando De La Rúa (defenestrado por una movilización popular en diciembre del 2001) que muchos apostaban sobre la fecha de su caída. “¿Por qué no se cae si en Argentina, por mucho menos se cayó De la Rúa?” Se sorprendía uno de los principales analistas del país, en conversación con EL Universal allá por diciembre del 2003, cuando las protestas contra el modelo neoliberal arreciaban.

Y la clave era que en Perú no existía el Peronismo bonaerense, factotum del derrumbe del gobierno de la Alianza. Aquí, en la oposición estaba el APRA y Alan García, que si de algo puede vanagloriarse, después de un gobierno marcado por el desastre es de sus credenciales democráticas.

EL Cholo, logró sobrevivir y trabajar el último año y medio de su gestión a recuperar su deteriorada imagen. Hoy las encuestas le dan un 35 por ciento de imagen positiva y un país con un PBI que en cinco años creció un 20,8 por ciento con las reservas internacionales y las exportaciones batiendo récord al igual que la pobreza, que afecta al 82 por ciento del país (contra el 77 por ciento en el 2001).

“Lo he criticado en todos los tonos. Al menos se respetó la democracia formal, que de donde veníamos es decir bastante. Pero la democracia en serio, la que distribuye y vela por todos los componentes de la sociedad, esa Toledo no la conoció ni la conoce”, dice el analista Nelson Manrique.

La historia dirá si se quedó con las ganas o si el pedido de extradición estuvo mal hecho para lograr una de las metas que se había autoimpuesto desde antes de asumir la presidencia. Hacer que el ex presidente Alberto Fujimori, al que obligó a huir del poder en octubre del 2000, regrese al país para rendir cuentas ante la Justicia. El lo lamenta por lo bajo: “me hubiese gustado que lo extraditen durante mi gestión, pero no podrá ser”, le dijo a El Universal, en su última entrevista.

Así Toledo dejó el gobierno. Listo para iniciar una etapa redistributiva para que no arda la Troya peruana, identificada en el Sur del país. Pero con un cúmulo de promesas incumplidas, que mañana en la tarde, lo convertirán en un ex presidente que desperdició una oportunidad inmejorable para cambiarle el rostro al Perú, como el suyo, que por primera vez había cambiado de color y de rasgos en la historia del Perú.

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