A un año de la invasión en Haití la guerra silenciosa continúa

Por Causa Popular.- Con la misma táctica con la que fue derrocado por unas horas al presidente de Venezuela Hugo Chávez en el 2002, los Estados Unidos terminaron con el gobierno democrático de Jean Bertrand Aristide en Haití el 29 de febrero de 2004. Así como sucediera con Chávez, las agencias de noticias internacionales difundieron en todo el mundo una supuesta renuncia de Aristide que nunca existió. A un año de la resistencia del pueblo haitiano a la invasión de las tropas norteamericanas y de la ONU -que cuentan con 600 soldados argentinos-, 10 mil personas ya perdieron la vida, y las prometidas elecciones parecen estar cada vez más lejos. Claves de la resistencia de un pueblo, pionero en la lucha contra la esclavitud y la colonización de las metrópolis. Haití para muchos analistas internacionales de ha convertido para los Estados Unidos en la punta de un triángulo que incluye a Cuba y Venezuela.
El 29 de febrero de 2004, un presidente democrático de un país americano fue derrocado y secuestrado por el imperialismo norteamericano en Haití.

Un golpe de Estado que ha tratado de ser disfrazado, ocultado y borrado del calendario. El golpe de Estado en Haití nunca existió, según lo difundieron por el mundo las agencias internacionales de noticias y se hicieron eco los principales diarios y cadenas televisivas del mundo. Como muestra, el diario La Nación tituló en tapa, al día siguiente: «Renunció Aristide y Estados Unidos despliega tropas».

Jean-Bertrand Aristide fue sacado de su residencia por tropas norteamericanas en un avión sin identificación, y trasladado a la Republica Centroafricana. Aristide terminaba su mandato en febrero de 2006, nunca firmó su renuncia.

Meses antes de ese hecho, había comenzado una campaña de oposición en Haití encabezada por los sectores más ricos de la sociedad haitiana entre los que se destacaban dueños de medios de comunicación, agrupados en la llamada Plataforma Democrática. Según el informe de un ex fiscal estadounidense, durante ese tiempo, los marines entrenaron en República Dominicana a un grupo paramilitar formado por ex militares del disuelto ejército haitiano que tomaría tres ciudades de Haití fomentando la violencia e inestabilidad política.

Una semana antes del golpe, Otto Reich -ex subsecretario de Estado de Estados Unidos para Asuntos Latinoamericano- y Roger Noriega -actual Secretario de Estado norteamericano- hicieron su aparición alentando la conspiración. Tras el secuestro de Aristide, las tropas norteamericanas permanecieron durante dos meses «controlando la situación», o sea, asesinando seguidores del presidente y sometiendo militarmente las zonas populares que apoyaban la constitución. Pocos países le prestaron atención real a estos hechos. Luego la ONU, cumplió uno de los más nefastos papeles de su historia, avalando el golpe y enviando una «Misión de Estabilización» llamada «Minustah», con 6.000 soldados para continuar la labor de apoyo a un régimen impuesto por Washington. Entre los efectivos militares se encuentran, tropas de Brasil (1.200 hombres), Argentina (600) y Chile (900).

A un año de la invasión franco-estadounidense que derrocó al presidente constitucional Jean Bertrand Aristide, Haití se hunde en el caos y la pobreza. Las míseras condiciones de vida de la población no mejoraron un ápice en un año de «reconstrucción». El hambre también gatilla a la inseguridad como problema principal, mientras los derechos humanos son violados cotidianamente por los ex miembros de las bandas armadas que patrocinó EEUU para desestabilizar a Aristide y que ahora integran y controlan a la policía. Las violaciones y abusos contra el ser humano hoy parecen legítimos, bajo el gobierno del presidente provisional Boniface Alexandre y del primer ministro Gérard Latortue.

Las bandas paramilitares que desestabilizaron al gobierno de Aristide, fueron la excusa perfecta para legitimar la invasión norteamericana y de la vieja metrópoli colonial, Francia. Estas bandas fueron armadas por los mismos Estados Unidos con dólares de la National Endowment Development (NED), un fondo del gobierno destinado a «promover la democracia», uno de los tantos eufemismos utilizados para ocultar las verdaderas intenciones
De los financiadores.

La NED fue creada por Ronald Reagan para continuar las acciones secretas de la CIA en países extranjeros aportando apoyo financiero y dirigiendo sindicatos, asociaciones y partidos políticos bajo el interés norteamericano.

Como se podía prever, una vez que Naciones Unidas legitimó la invasión franco-estadounidense, los cascos azules fueron incapaces de desarmar a las bandas que en gran parte ya fueron integradas por el gobierno a la policía, que a su vez fue reforzada con ex militares golpistas enemigos del ex sacerdote Aristide. Claro que hacia el exterior, el gobierno de facto explica que el objetivo de estas fuerzas combinadas es devolverle el orden y la paz al pueblo Haitiano sumergido en la anarquía. Sin embargo,
Mientras transcurrían los primeros meses de la ocupación, fue quedando más claros el objetivo de las nuevas fuerzas policiales: destruir al Fanmi Lavalas, el partido del Presidente derrocado.

Los excesos de poder y las violaciones de los derechos humanos forman parte ya de la vida cotidiana en los suburbios pobres de Cité Soleil y Bel Air de Puerto Príncipe, la capital. El jueves 10 de febrero, 12 personas fueron muertas en los tugurios pro-Aristide de Bel Air. El día viernes, los trabajadores de la Morgue informaron a la Agencia Reuters, que recibieron cinco cuerpos después de una incursión de policías encapuchados que buscaban a partidarios de Lavalas. Los habitantes de Bel Air dijeron que por lo menos ese jueves fueron asesinado 12 vecinos, mientras que un corresponsal de la misma agencia reportó haber visto seis cuerpos tendidos en la vía pública, incluyendo a dos mujeres.

Por lo menos 200 personas han muerto desde septiembre 2004, según el balance de las agencias internacionales de noticias, mientras decenas han sido arrestadas en las incursiones de la policía a los tugurios de Puerto Príncipe, con ayuda de tropas brasileñas de la ‘fuerza de paz’ de Naciones Unidas. Por su puesto que cuando el gobierno es consultado por los asesinatos que se produjeron desde que Aristide fue depuesto y expulsado del país por los franceses y estadounidenses, éste no cesa de atribuirlos a la violencia del partido Lavalas.

Otra de las grandes mentiras de la invasión a Haití, fue la ayuda financiera de miles de dólares prometidos por el Imperio norteamericano.

La única ayuda material que recibe el país más empobrecido de la región, consiste en la costosa presencia de las tropas extranjeras y unos pocos dólares para preparar unas elecciones todavía sin fecha, producto que de realizarse en el corto plazo nadie duda que sería
elegido nuevamente Jean Bertrand Aristide. En definitiva la ayuda más efectiva para el pueblo de Haití, ha sido la que presta Cuba, que tiene 700 voluntarios, entre médicos y para-médicos, que ofrecen “salud pública” en lugares apartados.

Como es costumbre de las invasiones imperiales, Haití ya fue despojado de sus recursos naturales. Apenas producido el golpe, los franceses acabaron con los árboles de caoba, depredaron los suelos con cultivos intensivos de tabaco y algodón y afectaron severamente al medio ambiente. Desde que los ex esclavos se liberaron de Francia en 1804, la ex metrópolis promovió como venganza su aislamiento histórico. Para terminar con el bloqueo, el país de Jacques Chirac exigió una indemnización a los haitianos por su independencia.

Arístide pidió la restitución de esos haberes abonados en luises de oro, pero no cobró las vidas humanas que pagó Haití con los esclavos que los franceses trajeron del África, en una travesía en que la mitad moría y la expectativa de vida para los recién llegados era de 7 años de una miserable vida de trabajo en cautividad.

El pecado de no tener Internet

Una de las razones por la cual la resistencia del pueblo haitiano no recibe la solidaridad internacional que debería, e incluso algunos sectores del progresismo argentino hasta han justificado el envío de tropas, es que la resistencia no cuenta con los medios alternativos de difusión a partir de los cuales desmentir las mentiras de la prensa extranjera, y la censura impuesta por Francia y Estados Unidos. Las zonas populares de Haití además de no contar con agua potable, no cuentan con luz eléctrica. A esto se suma que en las zonas populares sólo se habla creole, la mayoría ni lo escribe y pocos dominan el francés.

La resistencia haitiana está organizada en condiciones muy precarias de formación, logística y medios de agitación y propaganda. La dirigencia política con mayor experiencia se encuentra presa e incomunicada, y la conducción de la resistencia descansa en jóvenes que no pasan de 25 años, con un dominio básico de los análisis políticos, no saben leer ni escribir, y sólo se expresan en creole. La población local es básicamente joven, ya que allí
– estadísticamente- apenas se vive 49 años.

La contraparte necesaria y arma fundamental para haber sostenido ya un año de resistencia ante dos potencias imperialistas y la ONU, es que cuentan con una sabiduría de pueblo suficiente para luchar bajo una misma consigna, el respeto a la constitución y la oposición a la invasión imperialista.

Pero en última instancia, a un año de la ocupación de un país por tropas extranjeras, con 1400 presos políticos y una represión sistemática, aún persiste la resistencia gracias a la existencia un pueblo movilizado que el actor principal de esta resistencia.

Sesenta y siete Estados africanos y caribeños, entre ellos Venezuela reconocen a Aristide como único dirigente legítimo de Haití y denuncian el gobierno títere impuesto.

No hacen más que defender un proceso democrático, no sólo el de los haitianos, sino el de todos los países del hemisferio que sin excepción, aunque no lo perciban, se encuentran bajo la amenaza de un modelo de intervención que lleva adelante el gobierno de Bush para ocupar militarmente la región.

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