A 50 años de los bombardeos: los golpistas del 55 casi logran borrar la masacre de la memoria colectiva

Por Causa Popular.- Luego de la matanza de peones rurales en la patagonia en 1921 y el fusilamiento masivo de trabajadores en “la semana trágica” de 1919, la masacre de Plaza de Mayo en la que el 16 de junio de 1955 murieron alrededor de 350 civiles, fue una de las experiencias que anunciaron y prefiguraron el sangriento golpe militar del ’76. Pero, si algo diferencian a estos capítulos trágicos de la historia argentina, es como sedimentaron en la memoria del pueblo ambos hechos.

La masacre del 55 sentó el precedente: las instituciones armadas mostraron que su misión se acercaba más a aniquilar el “enemigo interno”, que a preservar la soberanía territorial ante la amenaza de un enemigo externo. En aquella experiencia histórica comenzó a delinearse en buena medida el pensamiento de quienes en la segunda mitad de los setenta pretendieron esconder bajo la alfombra no 300 sino 30.000 cadáveres.

El golpe militar del 55, producido 3 meses después de los bombardeos sobre Plaza de Mayo, puso su mayor empeño en la prohibición de todo lo que tenga alguna relación con el peronismo, llegando incluso a prohibir la palabra Perón y Evita. Por eso, no es casual que haya logrado borrar de la memoria colectiva la primera y única vez en que un sector de las Fuerzas Armadas argentinas bombardeo la Casa Rosada y asesinó más de 300 personas, dejando más de mil heridos.

En aquella oportunidad, como en la siguiente Masacre de Plaza de de Mayo ocurrida en diciembre de 2001, el pueblo se había movilizado por lo que creía. No lo hizo en forma espontánea, ni para derrocar a un presidente, sino, por el contrario, tuvo el apoyo y la convocatoria de la CGT, para defender al presidente constitucional que había ganado con el 68% de los votos sólo tres años antes.

El pasado jueves 16 de junio de 2005, en ocasión de cumplirse 50 años de la masacre, un grupo de militantes peronistas, intelectuales e historiadores, organizaron diversos actos en los que recrearon el sonido de los bombardeos en Plaza de Mayo, colocaron una placa con los nombres de los muertos y realizaron una ofrenda floral, con el objetivo de que el bombardeo salga del olvido.

Para recordar esa página oscura de la historia argentina, en el mismo escenario donde cayeron las bombas, se emitieron con un audio de alrededor de 20 minutos, el sonido del bombardeo, las ambulancias, la gente corriendo y gritando, la metralla y las explosiones de las bombas sobre los ómnibus. Además se realizó una suelta de globos con cintas negras, uno por cada víctima mortal.

Como una muestra más del olvido, la cantidad de víctimas de aquella trágica tarde, hasta el día de hoy no se conoce con precisión. Con un año de anticipación al aniversario, un solo libro intentó dilucidar este capitulo de la historia argentina por fuera de las publicaciones que ahora aparecen en el 50º aniversario.

“La Masacre de Plaza de Mayo” escrita por Gonzalo Chávez reconstruye una lista de aproximadamente 170 nombres tomando como casi única fuente los diarios del 17 de junio. Chávez postula en su libro que los muertos pasaban de 300, pero en la lista reconstruida hay ausencias comprobables y puede haber (hay) repeticiones y datos equivocados.

La idea original de «La Masacre de Plaza de Mayo», como él autor mismo cuenta, surgió de una pregunta y comentario provocadores de Laura Bonaparte -integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Le preguntó a un auditorio relacionado con los Derechos Humanos quien recordaba el nombre de uno solo de los muertos de la jornada. Nadie pudo hacerlo. Laura señaló entonces que, a diferencia de los masacradores de 1976, los del ’55 habían logrado su mayor objetivo: borrar sus asesinados de la historia.

La Secretaría de Derechos Humanos de la CGT y demás organizadores del acto de Plaza de Mayo tomaron la lista de Gonzalo Chávez, la de otra investigación aún inédita (de Pedro Bevilaqua), y la cruzaron además con la incipiente agrupación de familiares de aquellas víctimas, mucho más organizada que hace tres años, cuando Chávez terminó de escribir.

Como resultado, se llegó a 297 identidades comprobables, sin afirmar que esas sean todas. Al contrario, dado que tiene que existir una pérdida de información más o menos importante, en los textos y discurso alrededor de la fecha se habla de 350, “por lo menos”.

En el acto realizado en la Plaza de Mayo, luego de la reproducción del audio del bombardeo, los organizadores exhibieron un video de Gerardo Vallejo sobre el Bombardeo de la Plaza de Mayo.

Antes de finalizar, los camilleros y enfermeras que actuaron ese día, los fotógrafos que arriesgaron su vida para cubrir la masacre, los familiares de los policías caídos, los de los granaderos muertos en la casa de gobierno, recibieron un pergamino en homenaje.

Al finalizar, los participantes se dirigieron al Salón Felipe Vallese de la Confederación General del Trabajo donde colocaron otra placa y recordaron el ataque con bombas a la Casa Rosada, la CGT, el Departamento Central y la casa del presidente Juan Domingo Perón de Gelly Obes y Las Heras -donde hoy se encuentra la Biblioteca Nacional-, atacada con bombas durante esa mañana.

Ese día, los militares sublevados bombardearon la Casa de gobierno buscando matar al presidente en ejercicio y tras acribillar a empleados y militantes que fueron a la plaza, a trabajar o a defender al peronismo, huyeron a Montevideo donde pidieron asilo político.

Como escribiera Rodolfo Walsh “nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de las otras cosas. Esta vez es posible que se quiebre este círculo”

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