A 30 años del inicio de la tarea militar: 16 de abril día del combatiente internacionalista

Por Germán Cordobez, Por www.memoriaviva.net

Hace 30 años, cuando Cuba conmemoraba un año más de la Victoria de Playa Girón, entre el 15 y 16 de abril de 1975, un grupo de jóvenes chilenos becados para estudiar medicina en la isla fue convocado a una casa de La Habana por dirigentes del Partido Comunista de Chile. Se les plantearía una misión muy concreta: dejar su carrera universitaria para incorporarse a las Fuerzas Armadas de Cuba para recibir formación de Oficial Regular

Más de un centenar de jóvenes estudiaba medicina en Cuba, la mayoría de orígenes populares. Habían obtenido sus becas del gobierno de la Unidad Popular, y para la mayoría de ellos era impensable estudiar esa carrera en Chile por razones económicas. Su edad promediaba los 20 años, y al ser convocados por la dirigencia del PCCh en La Habana, cursaban de segundo a cuarto año de medicina.

Dos años antes, los generales chilenos, obedeciendo a la derecha económica, a sus partidos y a un país extranjero (EEUU), habían derrocado al gobierno legítimamente elegido en Chile, reprimiendo, torturando y asesinando a sus propios compatriotas.

Como hoy atestiguan los informes Rettig y Valech, militares y civiles chilenos, representantes de las clases pudientes y partidos de derecha, imponían a sangre y fuego el aplastamiento de la soberanía popular que el pueblo chileno, los sectores populares, hasta entonces ejercían en el gobierno de Salvador Allende.

Ahora, los partidos populares tomaban la histórica decisión política de formar sus propios cuadros militares para apoyar la lucha del pueblo chileno, que estaba siendo atacado por las Fuerzas Armadas, ya no de Chile, sino de las clases económicas poderosas -chilenas y extranjeras. Era la primera vez que partidos populares de izquierda chilenos tomaban la decisión de formar cuadros profesionales en las múltiples especialidades de una fuerza militar moderna.

Ese reclutamiento no sólo se hizo en Cuba, aunque en ese país, en esa decisión ejerció gran influencia el espíritu internacionalista de los cubanos, de sus dirigentes y de Fidel. Permitía un hecho inédito: un país como Cuba, agredido por Estados Unidos, decidía soberanamente que extranjeros ingresaran a sus Fuerzas Armadas profesionales como cualquier cubano, a formarse como oficiales de carrera.

Entre el grupo de estudiantes de medicina en Cuba, devenidos en reclutas, podemos mencionar a Days Huerta, de Valparaíso, caído en combate en junio de 1979 en la guerra de liberación de Nicaragua; Roberto Lira, muerto en un combate guerrillero en El Salvador; Charlo Reyes, también muerto en El Salvador.

A éstos se fueron sumando jóvenes provenientes del exilio de prácticamente todo el mundo. Entre ellos, Edgardo Javier Lagos, muerto en Costa Rica por las heridas recibidas en los combates del Frente Sur de Nicaragua, y Raúl Pellegrín, posteriormente jefe del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, asesinado por las fuerzas represivas luego de la toma del pueblo de Los Queñes, en Chile, en 1988.

Y sin duda, lo más significativo: presos políticos expulsados por la propia dictadura militar, condenados al exilio después de haber sido apresados, torturados y expulsados de su propio país. Estos jóvenes se someterían a la dura, pero esta vez fraterna, disciplina militar. De este grupo procede Galvarino Sergio Apablaza, detenido actualmente en Argentina.

No sólo el Partido Comunista emprendía esta construcción de una fuerza militar propia; también lo hacían el Partido Socialista y el MIR. Sin lugar a dudas, esta decisión de los partidos populares significó un cambio en la forma en que abordarían el problema político-militar en los años venideros.

La formación de estos cuadros, que incluían a hombres y mujeres, fue un proceso complejo. Sumado a las deficiencias en la selección para este tipo de profesión, la motivación política a veces superaba las limitaciones físicas. En los propios partidos populares, sus dirigentes vacilaban en cuanto a qué hacer con ellos y cuándo emplearlos en Chile, o si era conveniente o no seguir con esta formación.

Ningún dirigente actual de esos partidos puede decir hoy que no sabía que esto estaba sucediendo. Son pocos los que conocen la existencia de un Mausoleo de los combatientes internacionalistas en el Cementerio General de Santiago de Chile, a pasos del Memorial de Salvador Allende.

Ese mausoleo fue construido con el esfuerzo de sus familiares, que en algún momento, en algún lugar del mundo, se enteraron de que sus hijos no estaban donde ellos creían. Estos jóvenes no aceptaron el exilio dorado, las carreras TOP, los doctorados.

Prefirieron ser dignos chilenos y asumir el exilio combativo. Socialistas, Miristas, Comunistas y Rodriguistas yacen hoy en esa cripta.

Este 16 de abril conmemoramos esa histórica decisión tomada hace 30 años, con un acto. Es un homenaje a la lucha del pueblo chileno, a los jóvenes, a los pobladores, a las mujeres y a los niños.

Dignos socialistas, comunistas, miristas y rodriguistas que formaron parte de la Tarea Militar del pueblo chileno, hoy están muertos. Sería imposible nombrarlos a todos aquí. Varios están presos, otros siguen clandestinos o sin poder entrar a Chile, y en su represión se unen la derecha y sectores de la Concertación.

Pero nos dejan una enseñanza: el pueblo chileno no es un pueblo cobarde. Cualquier tiranuelo que se digne a golpear al pueblo sin duda se enfrentará a la resistencia de otros jóvenes.

No serán los mismos, pero siempre habrá hombres y mujeres dispuestos a tomar las armas y combatir la injusticia.
Los chilenos son recordados como héroes en Cuba, Nicaragua, El Salvador y en otros países.

Son recordados como internacionalistas. Proponemos conmemorar el día 16 de abril en Chile como el Día del Combatiente Internacionalista.

Estos jóvenes que se sentían orgullosos en los combates guerrilleros, con las imágenes de las barricadas poblacionales y en las protestas estudiantiles, ingresaron al interior y contribuyeron a formar el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, entre otros destacamentos populares, y apoyaron la vuelta a la democracia. Muchos murieron en enfrentamientos, pero muchos más sobrevivieron.

Una minoría indigna, colaboró y colabora con los servicios de inteligencia para reprimir a sus propios compañeros, pero la gran mayoría se siente orgullosa de su pasado, fiel a la memoria de sus hermanos caídos, superando la odiosa división de partidos.

En los enfrentamientos guerrilleros y en la clandestinidad, se hermanaron en sangre. Son oficiales y combatientes populares, y continúan al interior o fuera de los partidos populares, pero siempre en el seno de la izquierda, cumpliendo tareas revolucionarias, concientes de que hoy las armas de la lucha revolucionaria son la organización del pueblo.

Sin duda las Fuerzas Armadas actuales se ven diferentes a las de la época de Pinochet, pero cuando éstas aseguran en su mea culpa que “nunca más”, no queda claro si se refieren a que ellos no volverán a atentar nunca más contra su propio pueblo, o que el pueblo chileno nunca más debe intentar hacer un gobierno como el de la Unidad Popular.

El papel jugado por ellas en la dictadura de Pinochet, asumir la protección, a sangre y fuego, de los intereses de una clase social, la más poderosa, abrió camino a que sectores de clases populares, a través de sus partidos, asumieran como suyas las tareas del Arte y la Ciencia Militar para defender sus propios intereses, y eso ya no se detendrá.

No hay garantías de que no nos aplasten de nuevo.
Las FFAA chilenas son clasistas. Cualquiera no puede ser oficial; los requisitos a cumplir por un hijo de trabajador son imposibles de cumplir, sus antecedentes deben ser “intachables”: ser hijo de alguien, tener recursos, avales.

A través de los partidos populares y en el seno de la izquierda, se seguirá desarrollando el estudio de la historia combativa del pueblo chileno y latinoamericano. Existen chilenos que nunca han estado en las FFAA chilenas, pero que tienen mayor experiencia de combate que los propios oficiales de esas FFAA. Esta historia debe ser conocida por todos los chilenos en los colegios, universidades y organizaciones sociales. Entre otras tareas.

La izquierda chilena debe aprovechar esta experiencia para que los caídos en estos 30 años, desde que se inició la Tarea Militar, no hayan entregado sus vidas en vano.

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