, ,

Incorregibles e impresentables

Sobre los que quieren parecer aceptables y terminan siendo funcionales al saqueo. Por Carlos Caramello y Eric Calcagno

«Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos
porque uno termina pareciéndose a ellos»

Jorge Luis Borges

Todo empezó el día que uno de Nosotros quiso ser Ellos. O, al menos, ser aceptado por Ellos. Ese que en vez de quemar el Jockey Club buscaba y lograba la ansiada membresía. Alguien que paga puntualmente la cuota de un club que no lo quiere como socio, como mucho, un negro con guita, el peroncho de servicio, el peronista presentable. Los llamaremos Esos. En contra de los Esos (hay que resaltar Esos de alguna forma porque entre Nosotros y Ellos están Esos) está dirigida esta nota.

Este fenómeno no sucedió de la noche a la mañana. No ha podido establecerse con exactitud ni el día, ni el año, ni tampoco el protagonista. Algunos indican a Carlos Menem como el personaje central del evento pero otros, más memoriosos (y acaso con mejor análisis), invitan a pensar en el contexto internacional, el avance del neoliberalismo, la imposibilidad excluyente de que esto así fuese dado que, si hay algo que Ellos no aceptan, es “la turcade” (intruso, sinónimo que no ha ido más allá de los límites del barrio de Recoleta salvo en las ocasiones en las que se lo traslada al quincho de un country o a Punta del Este).

Muchos, acaso con inquina, pretenden remontarse en el tiempo y echar, sobre los esmirriados hombros de Juancito Duarte, la pesada carga de la primera traición de clase. Confunden el “bocha flojismo” con la defección. Otros se incendian con la figura de don Ítalo Argentino Lúder (“demasiado fino para presidente del peronismo, demasiado flojo”, explican) y hasta existen quienes ponen la carga en “la Renovación” post-derrota de 1983 y tratan de embadurnar a Antonio Cafiero por aquel discurso que mezclaba las 20 Verdades con el Estado de Derecho y los Derechos Humanos. Cuestiones de época, nada más. Es el esfuerzo de Esos en la búsqueda de justificaciones en el pasado que legitimen las agachadas del presente. Vana tarea.

Como fuere, es más que evidente y fácilmente comprobable de manera empírica que, del seno mismo del Movimiento Nacional, han surgido algunos especímenes más preocupados en no ser vetados por la Embajada de los Estados Unidos y la Sociedad Rural que por los compañeros y compañeras en situación de calle. Es probable que haya quien, a esta idea, la tache con un resonante “zurdito”. No es así. Uno de los apotegmas dejados de lado por los compañeres paquetes es “la tercera posición” tal como la estableció Perón. Los peronistas presentables adoran la “tercera vía”, esa elucubración del británico Tony Blair. Pero qué no se hace por un traje de Savile Row.

Nunca viene mal recordar qué es la tercera posición. “El mundo se divide hoy en capitalistas y comunistas en pugna, nosotros no somos ni lo uno ni lo otro”, sostenía Perón, y agregaba que tanto el capitalismo como el comunismo son sistemas ya superados por el tiempo. Consideramos al capitalismo como la explotación del hombre por el capital y al comunismo como la explotación del individuo por el Estado.

Pero los presentables peronistas pretenden torcer y torturar a la doctrina justicialista hasta que se parezca a lo que cometen. Así, por ejemplo, uno dirá que la invasión norteamericana a Venezuela no se puede analizar “con la visión ideológica de los setenta del siglo pasado”. Antes que los conceptos de 1970, sin duda preferirá las ideas de 1870, cuando unitarios porteños, colorados uruguayos e imperiales brasileños arrasaron con el Paraguay, culpable de ser justo, libre y soberano. Además, Esos tienen posicionamientos económicos. Sostienen que el interés nacional debe “protegerse de la importación indiscriminada aplicando medidas antidumping, especialmente frente a productos chinos”. Si mañana prohibiésemos todos los productos chinos, tampoco habría recuperación económica, ya que esta se apalanca sobre el consumo popular, la producción nacional y el mercado interno, como decía un tal Perón, pero bueno.

Frente a la invasión de Venezuela, otro gobernador sale muy orondo a decir que “creemos en la democracia y en gobiernos que respeten la voluntad popular. Ningún país puede construir un futuro cuando se persigue, se reprime y se gobierna de espaldas a su gente, negando derechos y cerrando caminos de diálogo”. ¿Habla de Venezuela o del régimen de Milei?

Porque si hay una característica entre los Esos es que critican en los demás las cosas que ellos hacen. ¿Habrán leído en un libro de autoayuda, a menos que sea en una sesión de coaching, que se debe cargar a los otros con los defectos propios? Con seguridad eso no está en “Conducción Política”. Los Esos tienen una articulación remota, antojadiza, improbable con lo real. Nosotros sentimos y sabemos que “la única verdad es la realidad”. Y la realidad es que Esos siempre están para apoyar leyes que destruyen el Estado y hambrean a los argentinos. Eligen el lado de un gobierno que persigue periodistas y opositores (ver, por ejemplo, el DNU 941/2025 sobre Inteligencia), reprime sistemáticamente a los jubilados que, miércoles tras miércoles, reclaman en la Plaza del Congreso, y gobierna vetando cada ley favorable a sectores como la salud, la educación y los discapacitados, entre otros.

Esos son los referentes que legitiman el ataque contra Venezuela como único modo de sacar al “dictador” Maduro, sostienen la pertenencia de la patria al “occidente ampliado” e incluso llegaron a reconocer a usurpadores como Guaidó. Esos son los gobernadores que alquilan votos para acompañar las medidas antinacionales y represivas de Milei, a veces a cambio de una mina de oro. Esos son “tiempistas” que no hacen nada, salvo mercantilizar la política, agradar a la Embajada y entregar los recursos nacionales a Estados y monopolios extranjeros. Esos son los garantes del saqueo.

Nos dicen que queremos modelos extranjeros. Pero no somos como Ellos ni hacemos como Esos. Queremos una política social como Formosa, la Constitución de La Rioja, la administración gubernamental de La Pampa, las obras públicas y la reindustrialización de la provincia de Buenos Aires. Hijos de la gesta independentista conducida por San Martín y Belgrano, somos herederos del partido popular de Manuel Dorrego y de los Caudillos Federales que luego se llamaron peronistas. Tenemos vocación de poder, no ansias de quedar bien. No queremos ser presentables. Es necesario que seamos efectivos y eficaces, nunca “eficientes”, porque la eficiencia es un concepto del mercado.

No queremos ser Esos peronistas. No queremos ser mejores ni correctos, ni una instancia superadora de nada. Peronismo liso y llano, comprensible para el pueblo. Sin vergüenza por nuestra historia. Sin culpa por nuestras luchas. Sin pudor y sin renunciamientos.

Compartí el artículo