100% K

El régimen de capitalización se caía a pedazos, obligando al Estado a compartir sus pérdidas sosteniendo con recursos públicos las jubilaciones “privadas”, como detallan Paredes y Devincenzi en esta edición. Al establishment económico, financiero y mediático no parecía molestarle este singular sistema mixto, acostumbrado a socializar sus desmanes y a privatizar las ganancias.

Ahora, la iniciativa oficial de estatizar la totalidad del sistema previsional disparó todo tipo de operaciones en la city y puso en estado de alerta a los defensores de las corporaciones. Está claro: ya que a la larga o la corta era el Estado quien debía poner la tarasca, ahora será también el Estado el que administrará la totalidad de los fondos, al menos los que sobrevivieron a 14 años de timba desenfrenada.

Chilla la Bolsa. La derecha se encolumna con los bancos (¿quién lleva a un banquero como primer candidato en Capital en 2009?) y los grandes medios no saben ya cómo asustar a ese argentino medio adicto a las cuotas que, como bien se afirma acá, “usa la cacerola sólo cuando ve que lo perjudican individualmente, planteando la línea de que las AFJP te cobran por un servicio pero el Estado te afana”.

Ahora bien, ¿quién puede creer en los medios y los periodistas que se niegan a asistir al entierro de las AFJP, a la sazón principales avisadores de programas, diarios y canales de TV?

¿Alguien puede confiar en los banqueros que fugaron divisas al exterior y alambraron el corralito de la mano de Cavallo para que sigan cuidando nuestros aportes provisionales?

La restauración de un sistema previsional estatal solidario tiene argumentos que el lector de ZOOM ya habrá repasado (o puede hacerlo luego) aquí o aquí, en lecturas mucho más provechosas que estas líneas. Para sumar uno más, pragmático, de modesta estirpe, de mesa de café y mano en el bolsillo, podemos decir que trabajadores de ayer y de hoy, jubilados de hoy y de mañana, tienen más chances de discutir y pelear por esa bola de guita si la guarda el Estado (que somos todos, a nadie se le olvide) que si la encanutan empresas gigantescas sin dueño visible a los que ni siquiera se puede votar. Plata en mano, culo en sota, dice el dicho.

En este sentido, y en el de la discusión de “qué harán los Kirchner con la caja”, el proyecto de eliminación de las AFJP constituye una medida 100% K. Surfeando la ola de la crisis del capitalismo casino, tanteando a puro olfato el tamaño de la sequía en ciernes, la Presidenta apeló a una bandera histórica de los sectores populares para recuperar una herramienta fundamental de la administración pública y dejar calenchu al poder concentrado que, como se sabe, odia que el poder se concentre en el Estado.

¿Qué harán los Kirchner con la caja? Si el Congreso troca en ley el proyecto (aprobación que parece darse por hecha y, por ende, la solidez rediviva del bloque oficialista), se verá si el Gobierno desmiente con hechos los pronósticos agoreros. Mientras, no hay que perder de vista lo trascendental de esta decisión 100% K que, como tantas otras veces, no se sabe muy bien por qué ni para qué fue tomada, pero que apunta en la dirección correcta y pone nuestro destino un poco más en nuestras manos.

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