10 años del protocolo de Ouro Preto: El MERCOSUR entre el ALCA y la Patria Grande

Por Causa Popular.- El viernes 17 por mañana el presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, dio comienzo a las sesiones de la Cumbre del Mercosur en el Palacio de Convenciones de la antigua capital del Estado de Minas Gerais, Ouro Preto. «En este mismo lugar y la misma fecha, hace 10 años, se firmó el Protocolo de Ouro Preto, que dio origen a la unión aduanera», dijo Lula, ante los presidentes de Argentina, Venezuela, Uruguay, Chile, Paraguay, Bolivia, Perú y Panamá. El encuentro se realizó en el marco del persistente conflicto entre Brasil y Argentina por las condiciones de intercambio comercial entre ambos países. Para proteger la Industria Argentina el ministro de Economía Roberto Lavagna propuso en septiembre la aplicación de mecanismos de salvaguarda para determinados productos, mecanismos que Brasil se niega a conceder.

Los momentos más tensos de la confrontación dejaron entrever un Mercosur que tiende a la Industrialización de Brasil y la primarización de la economía Argentina. Pero la verdadera discusión se mantiene velada detrás del culebrón regional: ¿Hacía donde se integran los países del sur, hacía el ALCA o la Patria Grande Bolivariana?

La XXVII Reunión del Consejo del Mercado Común (CMC) del Mercosur, el principal cuerpo de decisiones del bloque, comenzó a sesionar el pasado miércoles 15. Desde el comienzo el conflicto comercial entre Brasil y Argentina ya estaba presente en la cumbre. La razón inicial fueron dos ausencias. Ni el ministro Roberto Lavagna, ni el Canciller Rafael Bielsa asistieron a la apertura.

En la primera jornada de trabajo de la cumbre las principales figuras argentinas fueron el secretario de Comercio Internacional, Alfredo Chiaradía, el secretario de Industria, Alberto Dumont, y el subsecretario de Integración, Eduardo Sigal. Tal circunstancia no pasó desapercibida para los medios de comunicación que cubren las alternativas del encuentro y durante una conferencia de prensa, el canciller de Brasil, Celso Amorim, tuvo que negar que la Argentina le estuviera sacando contenido a la cumbre. «Acá no hay vaciamiento, la delegación estaba bien representada a través de los secretarios. Argentina tiene una participación activa y constructiva en la región», enfatizó Amorim.

El mismo día, en declaraciones a una agencia extranjera, Lavagna insistió con la posición argentina de pretender reformular la política industrial de la región, a la vez de mantener restricciones a las importaciones brasileñas. Luego se sumo el subsecretario de Integración de la Cancillería, Eduardo Sigal, quien afirmó que la Argentina pretende de Brasil una respuesta a sus reclamos sobre política industrial «que sea negro sobre blanco» y que está dispuesta a «escuchar soluciones creativas».

Sigal dijo además que la Argentina espera una respuesta en la que digan «qué aceptan, qué rechazan y qué proponen» sobre la iniciativa que presentó el ministro de Economía, Roberto Lavagna referido a la aplicación de mecanismos de salvaguarda en determinados productos. Sigal insistió en que «hay que darle respuesta hoy a los sectores productivos» y aclaró que si esas respuestas «son de mediano y largo plazo, entonces tenemos que empezar a transitarlas».

Citadas las declaraciones de Sigal en el matutino Folha de Sao Paulo, la respuesta de la cancillería brasileña no se hizo esperar. Celso Amorin rechazó la propuesta del ministro de Economía Roberto Lavagna de reformular la política industrial a nivel regional.

Amorin expresó que «la mejor solución es que ganemos mayor competitividad para competir a nivel internacional antes que proteger nuestros mercados». El canciller brasileño agregó que con Argentina «tenemos relaciones intensas, no carnales», al recordar que dicha frase había sido puesta de moda por el fallecido ex canciller Guido Di Tella para graficar la relación con Estados Unidos.

El viernes de la semana pasada, funcionarios de ambas partes estuvieron durante todo el día en el Palacio San Martín, donde la delegación brasileña se negó a aceptar las propuestas de Lavagna, aunque admitió que existen «asimetrías» entre ambas economías. A cambio, Brasil le está ofreciendo a la Argentina financiamiento por la vía del Banco Nacional de Desarrollo Social (BNDES) para obras de infraestructura.

* Ouro Preto, más allá de las peleas comerciales

«Ouro Preto II no será una fiesta de celebración. Va a ser una cumbre más, donde lo más importante será demostrar que las peleas no impiden que sigamos unidos», expresó un funcionario argentino dando cuenta de las dificultades con la que llega la integración regional a diez años de su creación, pero sin especificar que tipo de unidad espera.

Lejos quedaron los proyectos de transformar el encuentro en una nueva bisagra en la historia de la comunidad regional, en coincidencia con los diez años de la firma del Protocolo de Ouro Preto. Hoy el proceso de integración está estancado y esto es muy difícil de ocultar. Sin embargo varios analistas no atribuyen esta situación a la actual relación entre Brasil y Argentina, sino como la resultante de una década de dificultades.

El Protocolo de Ouro Preto de 1994 tuvo tres elementos centrales: estableció una estructura institucional básica para el Mercosur, le asignó al bloque personería jurídica internacional y creó un arancel externo común para que a partir de enero de 1995 se transformara en una unión aduanera. El acuerdo intento así alcanzar un mejor balance entre el carácter meramente comercial que había adquirido el Mercosur en su plasmación en el Tratado de Asunción de 1991 y las ideas integracionistas más políticas y estratégicas que habían guiado a Raúl Alfonsín y José Sarney en la década del ’80.

Algunos analistas internacionales creen que las razones del estancamiento están centradas en los factores externos y las divergencias que afectaron a las naciones de la región en la década pasada, entre ellos la falta de concordancia macro-económica, la convertibilidad y la política pro-norteamericana de Carlos Menem, además de las crisis del tequila, del real y del peso.

Los que se oponen a esta interpretación creen que todos los obstáculos fueron producto de la falta de mecanismos de coordinación política en el Mercosur. Como consecuencia de esto señalan que no se pudieron cumplir aún con plenitud ninguno de los tres supuestos bajo los cuales fue creado el Mercosur: que los mercados se abrirían completamente al concluir el período de transición; que se aprobaría un arancel externo común que facilitaría la competitividad internacional; y que se lograría la coordinación de políticas macro-económicas.

Más allá de estas interpretaciones, en definitiva, el Mercosur se debe un replanteo conceptual e institucional para evitar transformarse en un mero ámbito de negociación de salvaguardias. Este replanteo debe trascender los acuerdos meramente comerciales que terminan en un callejón sin salida cuando se pretende negociar entre intereses empresariales de ambos países. La lógica económica indica que en este tipo de negociaciones siempre prima el interés empresarial en obtener una ventaja monetaria en el intercambio.

Lejos de las discusiones de Ouro Preto, y del Mercosur, en esta década de vida, estuvieron la integración de los pueblos latinoamericanos para resistir los embates de los Estados Unidos para evitar cavarse la propia tumba que significa el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Los cambios institucionales deben realizarse pero sumando plenamente a la discusión los intereses populares de los países latinoamericanos en el intercambio estratégico no solo a nivel comercial sino también político, cultural, social y militar. Sin la perspectiva integral de los acuerdos el proceso estará más cerca de la consolidación del patio trasero norteamericano que la Patria Grande libre y soberana soñada por Simón Bolivar.

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