Votar con el culo

El palacio y la calle, versión cambiemita. Un repaso por la aritmética de los votos que le asfaltaron el camino a la reforma, entre piedras, gases y las primeras cacerolas antimacristas.

Pasadas las 7 de la mañana, dieciséis horas después de iniciada la sesión, el presidente de la Cámara de Diputados llamó a votar el ajuste que afectará a 17 millones de jubilados, pensionados y beneficiarios de la AUH. La votación resultó favorable para los intereses del gobierno: 127 votos positivos, 117 en contra, 2 abstenciones. Y 10 ausentes.

 

No hay que ser un as de las matemáticas para verificar que los votos positivos fueron minoría respecto al total de votos posibles de la Cámara. Pero la aritmética parlamentaria se rige por leyes distintas a la de las matemáticas.

 

En el ámbito parlamentario, las presencias y las ausencias son una herramienta táctica. En la jerga legislativa se conoce como “votar con el culo” al acto de, por ejemplo, sentarse en la banca para favorecer el quórum que posibilita el tratamiento de una ley. Eso hicieron los tres integrantes del bloque filo cambiemita que conduce Martín Lousteau –que al final votó en contra– y los 20 legisladores del peronismo federal que habilitaron el debate.

 

Por otro lado, también colaboraron con la aprobación de la norma quienes se abstuvieron (dos) y los 10 legisladores que estuvieron ausentes al momento de votar. La ausencia más notoria fue la de Daniel Scioli, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires y ex candidato a presidente por el Frente para la Victoria

«En la jerga legislativa se conoce como “votar con el culo” al acto de, por ejemplo, sentarse en la banca para favorecer el quórum»

Scioli se hizo ver en el inicio de la sesión y abandonó el recinto pasada la medianoche. En sesiones tan extensas, es usual que los legisladores vayan y vuelvan de sus bancas. Pero Scioli no volvió, ni siquiera, a la hora de votar. ¿Dónde estaba? Una explicación amable indicó que “tenía sueño y se fue a dormir”. La maledicencia política sugirió, en cambio, que fue una ofrenda al oficialismo, un gesto para detener la avanzada judicial que se abate sobre él y su entorno. Una sospecha sin sustento, por ahora.

 

¿El resultado habría sido distinto si Scioli y los otros ausentes hubiesen estado en su banca a la hora de votar? No. Desde temprano se supo que dos legisladores no asistirían a la sesión por problemas de salud, y es obvio que Julio de Vido está impedido de asistir, por permanecer en prisión. Otros dos ausentes –los sindicalistas Alberto Roberti y Jorge Taboada– aportaron al quórum antes de partir para no volver. De los cinco faltazos restantes, no se sabe cuántos habrían votado en contra y cuántos se habrían plegado a las abstenciones funcionales de Elda Pertile (Justicialista–Chaco) y Mirta Pastoriza (Frente Cívico por Santiago).

 

La presencia de los ausentes, entonces, no hubiese alterado el resultado legislativo. Pero el faltazo tiene magnitud política por lo que ocurrió afuera del recinto. Los asistentes a la multitudinaria manifestación vespertina –dispersada con una salvaje represión policial– y las muchedumbres que –cacerolas en mano– se autoconvocaron en el Congreso en una conmovedora vigilia merecían, cuanto menos, que quienes dicen representar los intereses populares expresaran su rechazo a una norma que afecta a los sectores más vulnerables.

 

No son tiempos para jugar a las escondidas ni especular con mantenerse a resguardo para salir inmaculado del temporal.

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