Volver al futuro. La teología política del papa Francisco

El papado de Francisco ha generado fuertes controversias tanto dentro como fuera del catolicismo desde su llegada a Roma en 2013. Analizamos algunas de sus ideas teológicas, así como sus intentos por delinear una “nueva” utopía cristiana capaz de posicionar al catolicismo como un actor político de peso en el futuro.

Cuando en 2013 Bergoglio fue elegido papa pocos apostaron por un papado prolongado. De hecho, el propio Francisco consideró que su estancia en la silla de Pedro sería breve en vistas de su avanzada edad. Sin embargo, en contra de los pronósticos, Francisco se acerca a cumplir una década en Roma. En estos años sus intervenciones han generado fuertes controversias tanto dentro como fuera del catolicismo. Las disputas llegaron a adquirir incluso una cierta cuota de dramatismo cuando durante el 2021 el propio Francisco reconoció que muchos deseaban que no superara sus problemas médicos y se preparaban para un futuro cónclave. En las últimas semanas volvieron a circular rumores sobre el deterioro de su salud y, aunque Francisco lo niega, diferentes medios hablaron de su inminente renuncia.

Al interior de la Iglesia, sus críticos consideran que el papa hace una lectura errónea del pensamiento social católico y cuestionan lo que consideran la “reducción” del catolicismo a sus ideas sociales y políticas en perjuicio de la dimensión espiritual. Para sus defensores, por el contrario, Francisco hace precisamente lo opuesto: sacar a la Iglesia de las viejas disputas ideologizadas de la Guerra Fría para conducirla a su territorio natural, el de la fraternidad y la igualdad enseñada por Jesús.

Puertas afuera de la Iglesia, las discusiones y los debates son tanto o más intensos. Mientras una parte sustancial de los movimientos populares latinoamericanos, así como algunos de los dirigentes de centroizquierda en Europa y Estados Unidos suelen recuperar las declaraciones del pontífice, desde las centroderechas arrecian los cuestionamientos. Para estos sectores críticos el problema es diferente. La cuestión no pasa por la supuesta alteración del pensamiento social de la Iglesia, sino todo lo contrario: el problema para ellos es la fidelidad del papa al fondo supuestamente anticapitalista del catolicismo así como su apego a nociones consideradas “autoritarias” por definición como la de “pueblo”.1 Sin ir más lejos, el año pasado las consideraciones del papa sobre el carácter “secundario” del derecho de propiedad, un principio que tiene una larga historia en la teología católica, generó una catarata de críticas. La histeria tocó uno de sus puntos más altos cuando la “comunicadora” argentina Cristina Pérez, visiblemente alterada, llamó por televisión a la resistencia de los ricos contra el comunismo del papa. Más recientemente, a este coro de críticas se sumaron las opiniones de algunos historiadores que, como Carlos Malamud desde España, cuestionan las opiniones de Francisco sobre el pasado, muy especialmente su frecuente reivindicación de la figura de Simón Bolívar. En síntesis, para sus críticos, el papa habla de lo que no sabe y se mete dónde no debe.

Para sus defensores, como ocurre con la teóloga Emilce Cuda, recientemente nombrada al frente de la Comisión Pontificia para América Latina, ocurre todo lo contrario. El papa habla de lo que sabe y se mete dónde debe. En su opinión, además, las acusaciones son infundadas y expresan la posición de los think tanks neoliberales que ven con malestar las críticas de Francisco a las desigualdades sociales y su apuesta por alentar una utopía social que vaya más allá de las relaciones de producción y consumo del capitalismo actual. 2

La muerte del futuro

El historiador François Hartog considera que uno de los rasgos más definitorios de las sociedades contemporáneas es su apego al presente. Si las sociedades tradicionales miraban al pasado y las modernas al futuro, las “posmodernas” están atrapadas en el presente. El diagnóstico de Hartog coincide con el de algunos filósofos y analistas de la realidad contemporánea como Mark Fisher, Nicolás Casullo o Franco Berardi quienes también toman nota del debilitamiento del pensamiento utópico en las izquierdas globales tras la desaparición del bloque comunista y la crisis del pensamiento emancipatorio a finales del siglo XX. En este contexto, como suele insistir el filósofo Slavoj Žižek parafraseando al teórico marxista Fredric Jameson, «es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo». Hollywood, dicho sea de paso, nos lo ha enseñado hasta el hartazgo en las últimas décadas. Muchos meteoritos, maremotos, zombies e invasiones alienígenas pero poca imaginación política. En este marco, las preguntas se acumulan y frente al desconcierto, como anticipó el historiador Reinhart Koselleck, las expectativas se abarrotan de experiencias y el futuro se llena de pasado.

¿Qué sociedad y qué economía quieren construir los movimientos políticos y sociales contestatarios y opuestos a la hegemonía neoliberal? Seamos sinceros, nadie lo sabe, o, lo que es peor, pocos creen de verdad que las utopías que defienden y militan puedan concretarse. En consecuencia, en los hechos, lo que guía sus acciones suele ser, más bien, una política de la “resistencia” basada en la defensa de los escombros de la utopía socialista o bien en la fortificación de lo poco que aún queda en pie del reformismo keynesiano. El futuro que vislumbran las izquierdas y los movimientos populares, parafraseando a Koselleck, es más una versión devaluada del pasado que un futuro propiamente dicho.

En este contexto de derrota histórica de las izquierdas y las clases populares, a contramano de las tendencias dominantes, Francisco propone volver a hablar de futuro resucitando el potencial utópico del cristianismo con el fin de impulsar una política con mayúsculas, capaz de mirar hacia adelante con esperanza y entusiasmo. En esta clave, en el 2021 pidió no dejarse abrumar por el desencanto ni diluir la profecía convirtiendo a la “Iglesia en una pieza de museo, hermosa pero muda, con mucho pasado y poco futuro».

Una doctrina social católica 3.0

Si leemos con atención sus dos principales encíclicas, Laudato si’ y Fratelli tutti, queda claro, al menos en mi opinión, que Francisco lleva a cabo importantes actualizaciones de la doctrina social de la Iglesia. Aun cuando su retórica, como ocurre en todos los papados, subraya las continuidades, sus diferencias con el catolicismo social e incluso con las teologías del pueblo y la cultura son cuanto menos significativas. En primer lugar, porque a mediano plazo ya no propone pensar en términos de conciliación de clases y justicia social. En coincidencia con lo que plantean economistas de diferentes orientaciones, el papa parece coincidir en que no existen ya las condiciones para alentar un nuevo ciclo de capitalismo keynesiano medianamente duradero. Una discusión que recientemente, a nivel local, han protagonizado al interior del campo «nacional y popular» Cristina Kirchner y Juan Grabois mediante declaraciones y entrevistas.

En sus encíclicas, el papa argumenta que los niveles de desigualdad generados por el neoliberalismo y la destrucción de los recursos naturales no solo vuelven cada vez más incierta la vuelta a los años “dorados” del capitalismo sino también la propia supervivencia de la humanidad. Por tanto, a diferencia de lo que ocurría con la idea de justicia social gestada por los católicos sociales y reelaborada por la teología del pueblo en el siglo XX, la utopía política del cristianismo de Francisco ya no parece conservar para el capitalismo y las clases sociales ningún lugar significativo en el futuro.3 Por el contrario, sus definiciones promueven una progresiva disolución de las clases sociales desde adentro, buscando las fronteras interiores del capitalismo, en beneficio de nuevas formas cooperativas, solidarias y autogestivas de producir, consumir y convivir. Una suerte de reformismo comunitarista, político y económico, que, en cierto modo, recuerda algunas de las ideas de John Holloway, el intelectual de izquierda que hace dos décadas propuso cambiar el mundo sin tomar el poder.

Una utopía política cristiana

El planteo, claro está, puede sonar políticamente inviable, incluso naif, pero la virulencia de las críticas que despierta entre sus detractores sugiere que, al menos en un cierto grado, preocupa más que las ritualizadas proclamas “antisistema” de tintes tradicionales en las que pocos creen y a las que nadie teme. Otra prueba de la vitalidad de la apuesta de Francisco es su impacto en parte de las mismas izquierdas que buscan algún tipo de salida y, por qué no, como he señalado en otro lugar, la llegada de un mesías que los guíe en medio del desamparo.4 Francisco, por su parte, no hace leña del árbol caído. No condena al comunismo y reconoce que los comunistas y socialistas se inspiran en ideas cristianas, aunque con errores. El principal de ellos el haber sustituido el fundamento religioso de la idea de igualdad por argumentos y “leyes” sociológicas.5 Una crítica que recuerda mucho a la que Walter Benjamin sistematizó en sus tesis Sobre el concepto de historia en 1940. En este sentido, Fratelli tutti puede interpretarse como una crítica benjaminiana a la idea de progreso de las izquierdas en el siglo XX y como una apuesta por restituir el fundamento metafísico de la política ante la constatación de que sin una idea de dios no hay forma de defender lógicamente los principios de igualdad y fraternidad frente al avance y evolución del capitalismo global. Francisco lo dice sin eufemismos: “La razón, por sí sola, no consigue fundar la hermandad […] Solo la conciencia de hijos de Dios”, argumenta en su última encíclica, “puede asegurar la fraternidad”.6

En síntesis, en una suerte de inversión del papel asumido por la Iglesia de finales del siglo XIX y principios del XX, el dios que busca resucitar Francisco no viene ya a intentar obstaculizar ningún proceso revolucionario en marcha, sino más bien todo lo contrario. Su objetivo es casi el opuesto: insuflar nuevos bríos y horizontes a la lucha política y social por la igualdad y la fraternidad.

1https://nuso.org/articulo/que-entiende-por-pueblo-el-papa-francisco/

2 https://www.tiempoar.com.ar/politica/emilce-cuda-especialista-en-el-papa-francisco-no-todo-es-cortar-y-dar-de-nuevo-como-en-el-truco/

3 http://revistarea.com/la-utopia-posperonista/

4 http://revistarea.com/la-utopia-posperonista/

5 https://nuso.org/articulo/encarna-el-papa-francisco-una-nueva-utopia-cristiana/

6 https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html

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