VETERANAS

Ejerciendo la memoria con una perspectiva de género, recordamos a las veteranas de la Guerra de Malvinas.

Volví a cursar de manera presencial. Pensé que no, pero cuando entré a la facultad me di cuenta: extrañaba muchísimo las aulas. Extrañaba el café en vaso de telgopor, estrenar un cuaderno en blanco, las asambleas en el tercer piso, escuchar a un docente un poco maníaco recitar a Shakespeare, las estudiantes de danza clásica que caminan por los pasillos de una forma en que nunca caminaré. 

Ayer, en una materia que investiga la historia de la lectura y la escritura, la profesora nos pidió que, para estudiar como lo hace ella, siendo historiadora, diferenciemos los conceptos memoria e historia. Nos explicó que antes del siglo XX, el siglo de las guerras mundiales, de las matanzas, de los genocidios, estas dos palabras estaban mucho más delimitadas. Pero luego de tantas muertes, luego del nazismo, por ejemplo, o luego de la última dictadura argentina, ¿qué iban a contestarle los y las historiadoras a las víctimas, a lxs sobrevivientes, a las familias, a lxs hijxs de desaparecidxs? 

Cuando escuché la insistencia de ella en diferenciar memoria de historia, lo primero que pensé es “qué polémico”. Una alumna se lo dijo. Hasta usó el mismo adjetivo que yo había pensado. Y la profesora contestó que claro, que sí, que es muy polémico. La existencia de la memoria colectiva e individual es fundamental para los pueblos y para concebir sus historias como tales. Es fundamental la existencia de los testimonios. Es fundamental en nuestro país el Nunca más. Después de escuchar esto pude volver a respirar y concentrarme. La clase fue un placer. 

Cuando salí de la facultad, caminando por Bartolomé Mitre, pensé: ¿cuándo me enteré de que hubo veteranas mujeres que participaron en el conflicto de Malvinas? ¿Cuánta gente lo sabrá hoy en día? Porque las hay, y están las fuentes para corroborarlo. Pero, a su vez, estas mujeres fueron olvidadas por muchísimos años. Ellas mismas guardaron silencio por más de dos décadas. Hasta que empezaron a hablar. Y es ahí donde entra en juego la memoria. 

El filósofo Paul Ricoeur (1913-2005) sostenía que historia y memoria son dos formas de representación del pasado gobernadas por regímenes diferentes: la historia aspira a la veracidad mientras que la memoria aspira a la fidelidad. Los historiadores buscan pruebas documentales para reconstruir los hechos históricos explicando sus causas, motivos y razones para encadenarlos en la escritura historiográfica. La memoria, por su parte, se aboca a recuperar las experiencias de los testigos, en las historias más íntimas, próximas y vitales, en reconocer su carácter único e irremplazable. 

El 2 de abril de 1982 el dictador genocida Leopoldo Fortunato Galtieri anunció el desembarco de tropas argentinas en las costas de las Islas Malvinas. Lo que sucedió luego ya es conocido por todxs. seiscientos cuarenta y nueve soldados argentinos muertos. Más de mil heridos. Derrota, masacre. El conflicto del Atlántico Sur nos lo enseñan en la escuela, en nuestras casas, en los medios, en los libros de historia. Pero, vuelvo a preguntar, ¿cuándo supimos que también hubo mujeres participando de una u otra manera en este conflicto? Yo, por lo menos, hace unos pocos años. No las nombraron ni en mi escuela, ni en mi casa, ni en los medios ni en los libros de la secundaria. Hasta hace poco ni siquiera se las nombraba cada 2 de abril. Habitualmente, las mujeres no están incluidas en el relato de las Malvinas (salvo cuando se habla de tejidos que hacían las abuelas, cartas que mandaban las madres o donaciones de joyas que realizaban señoras pudientes). Estas mujeres fueron omitidas en la reconstrucción colectiva sobre uno de los episodios más tristes de nuestra historia reciente.

Las veteranas de Malvinas son aproximadamente entre veinte y treinta mujeres de las FFAA: estaban en barcos-hospitales, en el continente o en aviones sanitarios. Eran trabajadoras de la salud (enfermeras, instrumentadoras quirúrgicas, especialistas en terapia intensiva) y también cadetas, espías y radio operadoras. La mayoría de ellas eran muy jóvenes, algunas ni siquiera habían terminado la carrera de enfermería, y había también chicas menores, estudiantes de secundaria, que habían entrado a un curso que se tomaba para entrar luego como enfermeras a las FFAA. Cuando terminó el conflicto de Malvinas, les hicieron firmar un pacto de silencio, al igual que a todos los ex combatientes. 

El proceso de desmalvinización no hizo más que recrudecer las consecuencias en los veteranos y en las veteranas, sobre todo a nivel psicológico: fueron ignoradxs y revictimizadxs. Volvieron ocultxs, y se los intentó ocultar por mucho tiempo. Después de la guerra y de la dictadura, surgieron centros de veteranos hombres a lo largo de toda la Argentina, y desde ahí comenzaron una larga lucha por el reconocimiento de sus derechos y honores. Lamentablemente, en ningún momento se habló sobre las veteranas.

En el documental Nosotras también estuvimos (2021), dirigido por Federico Strifezzo, tres de las catorce enfermeras que atendieron a los soldados en el Hospital Reubicable de Comodoro Rivadavia vuelven al lugar para contar sus historias. En él, Alicia Reynoso, Stella Morales y Ana Masitto coinciden en el relato: ni sus amigas sabían la historia hasta hace poco. Callaron por muchos años, primero a la fuerza, después por temor, luego por ser víctimas de actos machistas dentro de las FFAA. Muchos veteranos de Malvinas hicieron fuerza para que no se reconozca su labor: 

El nombre veteranas de la guerra de Malvinas no está en ningún lado, solo hay una placa en el hospital, y estamos peleando para poner la placa en el monumento. Los veteranos no nos dejan.

Entonces nos encontramos, otra vez, ante un caso de machismo colectivo.

Quizás piensen que sea una densa, que con las Malvinas una no se puede meter, etc., etc., pero parte de la Educación Sexual Integral (que es Ley, señoras y señores) es poder volver sobre las huellas, repensar y resignificar los hechos que marcaron nuestra historia con perspectiva de género. Por eso es importante recordar que hubo mujeres en Malvinas, por eso el 2 de abril no es sólo el día de los veteranos: es también el día de las veteranas. 

En 2013, bajo la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, el Ministerio de Defensa les entregó medallas en calidad de Veteranas Femeninas de Guerra. Y en el 2014, recibieron la primera invitación a un desfile del 2 de abril. 

Volviendo un poco al concepto de historia, a los 40 años del conflicto de Malvinas, me puse a investigar sobre el archipiélago, haciendo un intento de historiografía, como nos recomendó la profesora. 

Después de la Revolución de Mayo de 1810, los españoles fueron replegados y las islas pasaron a ser parte de las Provincias Unidas del Río de La Plata. La primera crónica sobre las islas la escribió una mujer: María Sáez, esposa del primer gobernador argentino de las islas, Luis Vernet. En Diario de 1829 en Malvinas, aparecen anotaciones de ella sobre sus primeros días en las islas: 

(…) Viernes 24 de Julio — Buen tiempo. Impaciente por aprovechar tan hermoso día, salí sin esperar a Vernet. Me encaminé hacia el arroyo del puente y queriendo beber del agua tan cristalina que veía correr pedí un vaso en la casa más próxima y con ese motivo vi lo bien que se habían acomodado alguno de los nuevos colonos. No sentía frío alguno sin embargo de llevar la cabeza descubierta y hablando sobre la hermosura del pasto, siendo tan verde y tupido que parecía se pisa sobre una alfombra. Este hombre me dijo que en su país la Alemania permanece la nieve por cuatro, cinco o seis meses en el suelo y no podía concebir se ponderaba tanto en Buenos Aires el frío que hacía en esta isla cuando no veía sobre el suelo nieve alguna, pues cuando la hay no dura sino dos días sin derretirse. Encontramos un pequeñito manantial que sale de un costado de una loma como de una cuenca, circundado de una infinidad de plantas de varias clases, probé esta agua y me ha parecido la mejor que he tomado en mi vida: me resolví no tomar otra mientras estuviese en la isla (…)

La primera persona registrada como malvinense también fue una mujer: Matilde Vernet y Sáez, hija de Luis y de María. Su apodo era Malvina. 

Historia y memoria, dos conceptos diferentes pero que están en diálogo constante para la reconstrucción de nuestras identidades individuales y colectivas. Veteranos y Veteranas, Matildes y Malvinas, soberanía e independencia.

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas.

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