Modelo con pies de barro

La crisis en la industria del calzado refleja los costos económicos y sociales de las políticas de Cambiemos. Historias de Pymes condenadas por la ley del más fuerte.

El modelo económico e industrial del macrismo estuvo desde un primer momento en discusión por referentes de distintos espacios debido a los efectos negativos que podría producir al trabajo nacional una política comercial aperturista. En plena campaña de 2015, algunos economistas ya alertaban sobre la fragilidad de algunos rubros ante un avance de las importaciones y las posteriores consecuencias que eso traería.

 

Por el avance de los productos importados, el aumento de las tarifas y la caída del consumo, uno de los sectores más perjudicados fue el calzado, una industria que tiene gran anclaje territorial en el Conurbano Bonaerense. Distritos como La Matanza o Lomas de Zamora son el epicentro de la crisis del sector, que ya se cobró 4.430 pérdidas de puestos laborales formales y registrados, según datos del Ministerio de Trabajo nacional.

 

La caída de la industria del calzado sólo es superada por el rubro que confecciona prendas de vestir, ya que sufrió una merma de 4.747 empleos comparando el último trimestre de 2015 y el segundo del 2017. Es decir, estos dos sectores fueron los más perjudicados entre las 59 ramas de actividad industrial del país y son los grandes perdedores del “modelo M”.

 

La pesadilla del importado

Según datos oficiales, el rubro del calzado perdió el 25% de su personal registrado entre 2015 y 2017. Una de sus principales causas fue la decisión política de abrir el mercado a productos extranjeros y, en este nuevo escenario comercial planteado por el macrismo, los productores nacionales cayeron frente a los bajos precios internacionales.

 

Por un lado, se encuentran los pequeños productores y talleristas que se vieron perjudicados por la caída de ventas en el mercado interno y, si sus productos estaban destinados a los sectores populares de la economía, sufrieron el avance del importado hasta en grandes ferias como La Salada, que tuvo el ingreso de zapatillas de países como Brasil, donde la mano de obra se abarató. Es decir, al consumidor con menos dinero en el bolsillo, un calzado importado le resulta más accesible que uno nacional.

 

Por eso, muchos talleres que abastecían a grandes empresas del rubro debieron cerrar por no poder colocar su producción en el mercado local, que es donde principalmente se aboca el sector. Algunos lograron sobrevivir vendiendo a través de páginas de internet pero a un público muy específico.

 

Por otro lado, las grandes marcas de zapatillas empezaron a llevar modelos para producirlos en países asiáticos como China, Tailandia o Filipinas con el fin de obtener productos a gran escala, con menor costo laboral. De esta manera, las grandes empresas redujeron fuertemente su personal pero mantuvieron márgenes de rentabilidad.

 

Según industriales del sector, el consumo de clase media o media-alta viajó a Chile, Miami o Paraguay. Por eso, tampoco es negocio para el comerciante importar zapatillas o zapatos ya terminados desde Brasil o China porque las modas son distintas, y poder producir un modelo propio fuera del país es un lujo que se pueden dar sólo las grandes firmas.

 

La radiografía de esta industria marca que, hoy en día, llega a importarse el zapato entero, en contraposición de lo que pasaba años anteriores cuando todo el producto se producía a nivel nacional.

 

Estos cambios que se produjeron en el mercado desataron una ola de cheques rechazados en las pymes del sector, que debieron recurrir a endeudarse para cubrir los agujeros económicos que produjo la falta de ventas y el aumento de las tarifas.

 

Un pequeño empresario del calzado, que pidió la reserva de su nombre, detalló a Revista Zoom que en su fábrica de La Matanza pasó de producir 70.000 pares de zapatillas en 2014 a 25.000 pares a finales de 2017. Es decir, el nivel de actividad se redujo a un tercio. Esto significó que ahora la empresa cuente con sólo 2 empleados, cuando hace 3 años había 10 trabajadores cumpliendo funciones.

 

Cambiemos la calidad

La principal consecuencia que se ve reflejada por esta caída del sector del calzado es la baja en calidad de los productos, ya que volvieron a utilizarse productos más baratos que perdieron terreno en los últimos tiempos debido a que se había comenzado a trabajar con materia prima de mayor calidad y fueron moldeando los gustos del público.

 

Este punto afecta principalmente a la producción de suelas porque se pasó de trabajar de un material liviano como la goma termoplástica, al P.V.C, compuesto de policloruro de vinilo, que es un producto más pesado y menos versátil para la producción. Los empresarios del sector destacan que los consumidores se habían acostumbrado a un tipo de calzado liviano y, por eso, la vuelta al P.V.C no fue exitosa.

 

El regreso a los materiales pesados para el proceso de fabricación se debe a su bajo costo en el mercado, pero trae aparejado como consecuencia que el público ya no consume ese tipo de zapatos. Por eso, cuando esa problemática se agudizó desde 2016, los talleres o pequeñas empresas que producían con P.V.C debieron padecieron por la falta de ventas.

 

El empujón final a muchas pymes se lo dieron algunas empresas grandes, ya que estas últimas no bajaron del todo la calidad de su producción y aplastaron en el mercado al pequeño competidor. Sin embargo, muchas grandes marcas también recurrieron a los despidos y, en algunos casos, solo mantienen el 10% de su personal, comparado contra el último trimestre de 2015.

 

En este contexto, los industrialistas del calzado debieron recurrir a la innovación para sostenerse. Algunos productores lanzaron versiones de las famosas “crocs”, que fue el producto que más se vendió el pasado verano y están fabricadas de un material barato, como la goma eva expandida, pero de muy fácil desgaste en el uso. El boom de ese negocio propició que muchos talleres se pusieran a producir “crocs”, por lo que dejó de ser tan redituable.

 

Las únicas ganadoras de la historia son las principales marcas, deportivas sobre todo, por tener la posibilidad de tercerizar su producción en países donde la mano de obra es mucho más barata y, de esa manera, no resignar calidad ante el retroceso que sufrió la industria nacional del calzado a nivel general. El fortalecimiento de los grandes holdings económicos frente a la situación calamitosa de pymes y talleristas acorralados por la realidad económica son las dos caras de una misma moneda: el modelo económico macrista.

 


Imagen: Pixabay

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