Rosario: Ciudad Futura a la luz de la ciudad pasada

Similitudes y diferencias con las elecciones de 1989, en las que el PS ganó por primera vez las elecciones municipales, inaugurando un largo ciclo en la intendencia de la ciudad. Un análisis de Pablo Suárez

Rosario, 1989.

Como mucho de lo que lo rodeó en su vida, la salida de Horacio Usandizaga de la intendencia de Rosario fue grotesca (sí, yo también estoy pensando en eso, pero no vamos a hablar de fútbol). El hombre había ganado cómodamente su reelección en 1987, y anunció que renunciaría en el caso de que Menem ganara las elecciones presidenciales. El 14 de mayo Menem lo hizo. El 22 de mayo renunció Usandizaga. El 28 de mayo los saqueos –donde no faltaron muertos— agregaron más caos al desgobierno de Alfonsín y así fue que se adelantó la entrega del mando.

Entonces debían realizarse elecciones para completar ese mandato trunco. Allí se impondría Héctor Cavallero con 179.000 votos sobre el candidato “de Menem” Alberto Joaquín.  Hasta entonces el “Tigre” había sido concejal del PSP y si bien había tenido cierto protagonismo y exposición pública, nada hacía presagiar esa aplastante victoria. En 1987, el PS había conseguido 17.000 votos para intendente y 43.000 para concejales. ¿Qué había ocurrido para que en dos años se multiplicara por diez?

Hubo, sin dudas, un mecanismo de descartes. El radicalismo se autocastigó con la renuncia de Usandizaga y la ciudadanía le haría pagar a todo el partido no sólo el desastre económico y social del alfonsinismo, sino también la deserción del Vasco, tras seis años en el cargo. La segunda opción (el peronismo) no estaba pasando por su mejor momento, con algunas sospechas de corrupción –tanto a nivel provincial como en el seno del Concejo Deliberante— más allá de la persistencia de la imagen de un posible fraude en las elecciones de 1983.

Y aquí es donde Cavallero logró posicionarse eficazmente a partir de su gestión en el Concejo Deliberante donde había denunciado coimas y se había convertido en un representante de los barrios. Personalmente –y aunque esta opinión se basa en “el diario del lunes”— creo que la ciudad ya había estaba delineando una intención de voto inclinada hacia los candidatos locales que no mostraran alineamientos explícitos con los referentes nacionales y sobre todo, se irá consolidando un voto fuertemente antiperonista en ciertos barrios. Habrá que esperar hasta 2001 para que el peronismo sea ganador en votos (en concejales), pero esa victoria no pudo refrendarse en 2003, año que fue reelecto Hermes Binner. En el caso del Partido Socialista, (en ese entonces sumaba el adjetivo “popular”) su estrategia lo hizo mantenerse en segundos planos en la política nacional –aún cuando participaba de alianzas para las elecciones generales— y su comunicación prestaba mucho más atención a los problemas municipales que a los nacionales.

Volvamos a 1989. La situación no fue fácil entonces para el nuevo intendente. Cavallero logró que la nación tomara cartas en el desastre social en que se había convertido Rosario y su zona y pronto se implementó una inmediata cobertura a los sectores más complicados por la crisis.

El PSP era un pequeño partido de alcance local, muy homogéneo, muy disciplinado (sus militantes eran conocidos como “los pitufos” en referencia a atributos como la homogeneidad, la disciplina, y por sobre todo la endogamia) que había desarrollado una política exitosa en el ámbito universitario y que llegaba al gobierno de una ciudad de las grandes, para administrarla durante la mayor crisis social de su historia. Una verdadera prueba de fuego de la cual Cavallero y su equipo saldrían –hay que decirlo— airosos.

Rosario 2023

Ya lo adelanté en los títulos. Me puse a pensar qué cosas emparentan al escenario actual y las posibilidades del frente PJ-Ciudad Futura.

Simplificando, me permito decir que el PCF tiene algunos puntos en común con aquel PSP. Un grupo dirigente pequeño y homogéneo, compuesto de gente de clases medias que comparte una trayectoria de militancia añeja, en este caso no tanto en la universidad sino más bien en el “territorio”. Como es común en los partidos pequeños, esa homogeneidad implica endogamia y núcleos familiares eternos compartiendo militancia. No han descuidado la preparación técnica en temáticas específicas: problemas urbanos, políticas sociales, economía popular, etc. Habrá que ver cuál fue la importancia de la gestión universitaria que tenían los hombres del PSP y su previa inserción en el sistema de salud estatal para hacerse cargo de aquella ciudad estallada y habrá que ver también si el PCF puede homologarla con su mayor experiencia en la gestión de territorios, trabajos de base y gestión de algunos emprendimientos como el Tambo La resistencia, los Bachilleratos Populares o el exitoso Distrito Siete (una sala de espectáculos en el macrocentro de la ciudad de masiva concurrencia donde se alternan producciones culturales alternativas con festivales de cumbia). Y aquí una pregunta ¿la gestión por afuera del Estado -aunque con diálogos y articulaciones más que evidentes- prepara a las organizaciones para gerenciar desde las secretarías o ministerios?

Podrá decirse que la comparación es absurda o forzada, porque la realidad actual de Rosario es mucho más grave que la de 1989. Más allá de eso, está clarísimo que en 1989 se vivía la peor situación posible hasta ese momento. Y el PSP pudo pilotearla con una especial particularidad: si la política de esos años estuvo signada por el neoliberalismo y el retraimiento del Estado (un clima de época que puede volver a instalarse) la gestión del socialismo se caracterizó con una fuerte presencia estatal.

Es claro que la situación institucional no es la misma que en aquellos años, pero todos recordamos el descrédito que había en la sociedad respecto de “la política” apoyada en la ola de renuncias, los altos niveles de corrupción, los mandatos acortados, etc. Las actuales gestiones de gobierno nacional, provincial y municipal actual no tienen muchos puntos en los que puedan revertir ese desprecio.

Cavallero -quien luego de su paso al peronismo en 1990 fue borrado y omitido brutalmente del relato del actual PS sobre su gestión en la ciudad- representaba “otra política”, una de “partido chico” que logró seducir ¿por eso? al electorado descreído de “la gran política”.

Incluso, la comparación puede tornarse maniquea si tenemos en cuenta que el criticado paso de Cavallero al PJ ha sido mejorado con la prudencia con que PCF traza su alianza con el peronismo local. Alianza que le permitió estar en carrera en la futura elección, ya que difícilmente hubiera obtenido los votos necesarios para entrar en el “mano a mano” con Javkin de haber ido en soledad. En ese sentido, creo que el macartismo de la sociedad rosarina -que incluye a muchos peronistas dolidos por la derrota en la interna- puede ser un lastre difícil de revertir para Monteverde, un estigma que no pesaba sobre Cavallero o Binner, como es obvio recordar. Por otro lado, ciertos sectores (sobre todo las seccionales del centro) se verán alejados de votar a la alianza PCF-PJ por el gorilismo atávico que es ya una identidad para ellos.

Desafíos

Si el PSP pudo quedarse en Rosario a partir de estructurar un gran proyecto de Salud Pública que sería la nave insignia de la gestión y de la comunicación de la gestión. ¿Encontrará la alianza PJ-Ciudad Futura ese área-franquicia que le garantice éxitos inmediatos y resonantes mientras que permita alinear el proyecto de ciudad detrás suyo? Todo indica que es imposible pensar que en Rosario ese área no sea “seguridad” y en eso es difícil delinear políticas de rápida visibilidad desde la gestión municipal. Quizás la apuesta sea lograr que el intendente se presente exitosamente ante provincia y nación como gestor local de la seguridad brindada por los otros.

Pensando en las “políticas de contención social” respecto de la pobreza o marginación, (algo que tiene prioridad en la agenda de PCF) creemos que los niveles de fragmentación social y el borramiento de ciertos lazos de solidaridad serán obstáculos ciertos para constituir a aquellas políticas en pilares de la gestión. Pero la realidad es cambiante y nadie puede predecir los efectos que una política y una comunicación tengan sobre un cuerpo social.

Creo que el ejercicio planteado puede ayudar a mirar en perspectiva histórica, que es la que nos gusta, la conformación y dinámica de ciertos escenarios políticos y sociales locales en los últimos años.

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