Milei y sus trabajadores

El universo de personas que sigue y vota a Milei no es fácil de caracterizar e imposible de homogeneizar. La transversalidad del voto que se cristalizó en las PASO se compone de incontables aristas. Un breve análisis de algunos perfiles. Por Juan de Andrade

Entre las novedades adicionales que ya tuvo el novedoso voto libertario –novedoso por su disrupción en la escena política, por el meteórico ascenso de su candidato, por el cimbronazo que significó para un mapa político bastante establecido desde hace varios años— estuvo su transversalidad. Contra su posible categorización como un “fenómeno porteño” (calificación que, quizás, podía estar amparada en el hecho innegable de que la única experiencia exitosa de La Libertad Avanza había sido en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), Milei venció en 16 provincias, incluyendo lugares considerablemente remotos como la localidad salteña de San Antonio de los Cobres, a más de 3500 metros sobre el nivel del mar, donde sacó el 63% de los votos. La observación, casi de lamento, de un militante libertario en la Comuna 14 de la CABA lo grafica bien: “ésta comuna en la que estamos es donde Milei sacó menos votos”, dice, mientras reparte folletos un sábado a la tarde en las avenidas Coronel Díaz y Santa Fe.

Esa transversalidad está apoyada, en parte, por la capacidad que tuvo –y tendrá, de manera casi segura— Milei, y su espacio político, de interpelar y de llegar a diversos espacios sociales. Lo votaron personas de diferentes estratos sociales, de distintas procedencias geográficas, muy probablemente con divergentes valores políticos y visiones del mundo. La única barrera infranqueable –por ahora— para el voto de La Libertad Avanza parece ser de género, donde la diferencia entre el voto femenino y masculino parece ser el obstáculo para que el economista gane en primera vuelta. Sin embargo, lo que se puede observar siguiendo los espacios militantes es que ahí también las mujeres van ganando terreno, a pesar de que siguen conformando una minoría interna.

Motoqueros, emprendedores y comerciantes

Como sea, donde también se evidencia esa diversidad es en la actividad laboral de los que siguen a Milei. Los dichos de un consultor que calificó –en tono peyorativo— a los votantes de Milei como “motoqueros de Rappi”, generó una ola de reacciones por parte de ellos, que sacaron a relucir el carácter reivindicativo de esa actividad y de la idea meritocrática que de ella se ramifica, como bien marca la socióloga Melina Vázquez en un texto reciente titulado, justamente, “Los Rappi de Milei”. La aparición de los trabajos de plataformas le agregó un matiz novedoso adicional a la conformación del voto que se inclina por el economista libertario.

A raíz de explorar un espacio partidario de Milei que se reivindica como libertario, en la Ciudad de Buenos Aires, se pueden ver distintas instancias de esta conexión. Por un lado, una instancia incidental, donde los pibes que pasan en bicicleta no tienen demasiado tiempo para ponerse a hablar o a escuchar, o a leer propuestas o a afiliarse, pero sí se toman una fracción de segundo para llevarse uno de los volantes con propuestas, un sticker para pegar en su medio de transporte/herramienta de trabajo, o simplemente para dar palabras de aliento que se convierten en algo mutuo por parte de los que están ahí militando.
Esto también se ve en eventos un poco más masivos, como una recorrida de campaña por Ramos Mejía, el primer cordón del conurbano, donde entre todas las cosas que firmó Milei –desde libros propios hasta cabezas de personas— también hubo una mochila de una app de delivery.

Hay relaciones más directas también, por ejemplo: un militante, con casco y bicicleta, un viernes a la tarde, en el barrio de Almagro, muy apurado porque tuvo que traer el stand del partido pero sus compañeros de comuna no llegan, y él sólo puede quedarse un rato porque tiene que irse a laburar. Lo mismo pasa con otro militante, joven y particularmente activo en los eventos del partido, que se volvió viral hace unos meses cuando la cuenta oficial del frente La Libertad Avanza puso una foto de él, a bordo de la Línea B del subte porteño, con su mochila y su sticker de Milei, lo que generó las usuales reacciones tuiteras a favor y en contra, mezcladas con la mirada comprensiva consistente en “¿Cómo no va a apoyar a Milei si está precarizado?”, la auto celebratoria que remarca la independencia laboral, o la peyorativa que marcaba –como si la persona no lo supiera— que “es muy libertario pero está en un transporte público subsidiado”, en una especie de remix progresista de “los zurdos con iphone”.

Sin embargo, si bien esto puede constituirse como uno de los puntos más novedosos del voto libertario, la idea del votante/militante en esta ocupación no se termina ahí; en esta forma de trabajar también aparece el testimonio, por ejemplo, de otro militante que trabaja para Mercado Libre; un joven que todavía no terminó la escuela, que se caracteriza por ser muy activo en redes sociales y que, a partir de esto, se define como “empleado, empresario y emprendedor, todo junto”. Junto con esta autodefinición viene otra idea, ligada a la militancia en un partido político, a la que caracteriza como algo en lo que él se metió y le puso el cuerpo.

No obstante, creo que esta reivindicación del trabajo en paralelo con la militancia política, o simplemente con el ejercicio del voto, nuevamente no se agota en esto. La mentada transversalidad que mencioné más arriba aparece también por fuera de los jóvenes que siguen a Milei y a La Libertad Avanza, y parece funcionar como una forma de reforzar una identidad política, al mismo tiempo que se demarca el tiempo propio que se le dedica al trabajo y el que se le dedica a estar en una mesa de afiliación, a volantear, a hablar con la gente o a asistir a un evento de campaña.

De esta manera, por ejemplo, uno puede hablar con un afiliado de la primera hora que debe volver a una comuna que tuvo problemas internos, y se lamenta por tener que estar ahí, después de aclarar que dejó un poco de lado la militancia porque se dedica a trabajar en el sector privado y no quiere convertirse en alguien que busca un cargo público o una carrera en política; o con un jubilado que aprovecha no tener que trabajar para dedicarse a la militancia política, algo que antes no podía hacer por su trabajo, como él mismo lo plantea. 

Pero también aparece la reivindicación simultánea, que hace que aparezca la definición preferida de muchas de las personas que participan en política –la mayoría de los cuales, tanto jóvenes como personas de más edad, hacen su primera incursión política, o al menos partidaria, a partir de seguir a Milei y a sus ideas—: que en el partido son “laburantes”, “gente de trabajo”, que le dedican una parte de su tiempo a la adhesión y la difusión de las ideas libertarias por la necesidad de que las cosas cambien.

Y es en estos casos donde se evidencia la transversalidad, ya no sólo de los votantes, sino también de los militantes –que, a priori, podrían ser considerados como teniendo un carácter levemente más homogéneo-; entre ellos hay motoqueros de Rappi, o jóvenes que trabajan en Mercado Libre, pero también hay comerciantes, abogados, contadores, docentes o ingenieros que se encuentran a sí mismos dedicándoles parte de su tiempo libre a una actividad política.


La utilidad política de la identificación trabajadora

Incluso en esta diversidad, el discurso sí parece tener en común ciertas cosas, y puntualmente una es la que se destaca y sobresale: la idea de considerarse a sí mismos como sujetos independientes, personas que se ganaron lo que tienen y que a partir de eso pueden proyectarse de distintas maneras: por un lado, como oposición a una población a la que ellos perciben como dependiente de los subsidios estatales, a la que a veces –pero no siempre— se refieren con el apelativo ya conocido de “planeros”: un término que a veces viene cargado de connotaciones clasistas pero que, en otros casos, se apoya en una visión un poco más comprensiva que los percibe como esclavizados por el verdadero mal, que no serían ellos mismos, sino el Estado. Como lo hizo el propio Milei al ir al Barrio Padre Mugica (la ex Villa 31) en su campaña a diputado en 2021, donde planteó la dicotomía entre la limosna y la fuerza del trabajo de la gente. Que este año en las PASO haya ganado en el circuito electoral que contiene al barrio parece evidenciar que al menos algo de este discurso llegó también a ese lugar.

De la misma manera, la identificación como “gente de trabajo” funciona por otros dos caminos. Por un lado, diferenciarse de un “otro” de otros partidos: aquellos que en la categorización del propio Milei contienen a los que representan a “la casta”. Así, no es raro ver que los militantes de espacios que adhieren a Milei se posicionen a sí mismos en el opuesto exacto a los de otros partidos, que no estarían en sus mesas de afiliación por sus ideas sino por un interés, y que en el peor de los casos ni siquiera son realmente militantes, sino gente que, por trabajar en el Estado, ocupa esos lugares por estar obligada o por una mera conveniencia personal.

Por último, sería posible considerar que la idea de apelar a su propia condición de “laburantes”, que no viven ni necesitan vivir de la política, apunta más alto: desterrar de movida cualquier idea de que van a esos lugares sólo por querer un cargo público en el futuro –o, en épocas de elecciones, en el presente cercano—. Puede haber divergencia de opiniones internas en esto –están los que lo niegan rotundamente, y los que dejan alguna puerta abierta—, pero en todos los casos se preocupan por aclarar a quién quiera escucharlos que su actividad política no guarda un interés, y que ellos ya tienen su medio de vida, a diferencia de aquellos otros –en general, los dirigentes políticos ya instituidos— que nunca trabajaron en el sector privado, y que no conocerían el riesgo y las exigencias de ejercer una determinada tarea, ya sea un comercio, un puesto en una empresa o, volviendo al inicio, la tarea de entregar pedidos.

Tener en cuenta lo complejo


La incipiente transversalidad liberal/libertaria/mileísta tiene incontables aristas, de las cuales ésta es una sola de ellas y está claramente incompleta en su análisis. Pero considero que entender la diversidad interna ayuda a no homogeneizar no sólo a las personas sino también a sus discursos, y puede contribuir a comprender de manera más acabada la heterogeneidad que existe ya no sólo en cuanto al universo general de votantes de Milei, sino también a los militantes de espacios políticos que en general no se caracterizan por ser particularmente grandes, y muchas veces se encuentran en formación. Las características del universo de personas que lo sigue y que lo vota aparece, entonces, como más compleja de lo que a primera vista podría parecer. 

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