Las responsabilidades básicas del Estado no pueden delegarse en las ONG

Conversamos con Homero M. Bibiloni, abogado y secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación entre 2008 y 2010, sobre debates de política ambiental actual.

Desde hace varios años, las problemáticas ambientales y las demandas de la población por un mayor cuidado de los bienes comunes han ido ganando importancia en la agenda pública. Ya sea por la eclosión de conflictos socioambientales en distintos puntos del país, el recrudecimiento de la crisis climática o por la emergencia de nuevas apuestas como la agroecología y la educación ambiental, la agenda ambiental llegó para quedarse. Sobre estos temas estuvimos conversando con Homero Bibiloni, abogado y secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, entre 2008 y 2010, entre otras funciones en su larga trayectoria en esta área. 

Hace poco participaste de las Jornadas de Ambiente y Justicia Social, actividad que se realizó en Rosario y Granadero Baigorria en conmemoración de los cincuenta años del Mensaje Ambiental del Gral. Perón. Tuvimos el honor de escucharte en el cierre de la misma. ¿Qué balance haces de esa jornada?

Es muy importante recordar lo que fue esa jornada múltiple de militancia política y en donde a lo Ambiental se lo instaló en un sitio correcto de disputa ideológica y de intereses. Además, se le dio un fuerte contenido social. Y, por otro lado, lo que pude advertir – si bien yo estuve en la última reunión– fue realmente muy importante en cantidad de compañeros y compañeras militantes presentes en el cierre, una cantidad enorme de municipios y autoridades municipales y provinciales participaron. Yo me vine muy contento de una jornada cualitativa y cuantitativamente muy interesante, que es un ejemplo a seguir. Así que felicito a todos los que la organizaron y participaron de la misma.

A propósito de los motivos de las Jornadas ¿Qué consideras que debemos recuperar del Mensaje Ambiental de Juan Domingo Perón? ¿Qué podemos reactualizar?

Hoy estamos haciendo esta entrevista en el Día de la Tierra. La vinculación que podemos hacer entre el mensaje ambiental del Gral. Perón y lo que hoy celebramos es que las razones por las que es el Día de la Tierra datan del 2009, cuando las Naciones Unidas plantearon la necesidad de considerar este día como emblemático para preservar la biodiversidad y evitar la contaminación. 

Esto Perón lo dijo en febrero de 1972, en el año en el cual poco tiempo después fue la Conferencia de Estocolmo. Unos cuantos años después fue Rio 92’, después Rio +10, más adelante Rio +20. Después vinieron los Objetivos del Milenio, y ahora están los Objetivos de Desarrollo Sustentable. Se viene diciendo exactamente lo mismo que dijo el Gral. Perón en el 72’. Con poner una fecha en el calendario no es suficiente, porque de lo que se tratan las enseñanzas del Mensaje Ambiental – que además desde 2015 son tomadas desde otra perspectiva, ecuménica, por el Papa Francisco en Laudato Si– son de cómo poner en marcha medidas concretas de cambios culturales generales hacia lo ambiental y  también productivo, para pensar cuales son los límites porque no todo es infinito. Entonces si no ponemos un límite a la capacidad de impacto negativo del hombre en el planeta los que vamos a desaparecer somos nosotros, no las otras especies. En el camino dejaremos un tendal, pero ellas nos van a suceder, la vida va a seguir en el planeta, pero sin nosotros. De eso no me queda ninguna duda, ya pasó con los dinosaurios. 

Tomemos esta lección simplemente como una alerta de que si seguimos por este camino vamos a ser  “los dinosaurios del presente”. Miles de millones de almas pueden desaparecer rápidamente si esta locura de la temperatura planetaria no se detiene y pasamos el umbral de 1.5 grados de temperatura, llegando a +2 grados de variación. Las catástrofes van a ser múltiples y gravísimas.

En tu discurso planteabas que en el mundo existen responsabilidades climáticas diferenciadas, que no todos los actores impactamos de la misma manera en la actual crisis climática y ambiental. Sin embargo, uno aprecia en la discusión ambiental local que hay sectores que intentan proponer a la Argentina como punta de lanza en la región de una transición energética y climática ¿Puede Argentina liderar un proceso así? ¿Cómo debemos encarar esa transición atendiendo a nuestros condicionamientos?

Hay que ser más modestos. Esto de liderar es complicado. Me parece que se están dando algunos pasos en línea para mejorar los perfiles de nuestras matrices energéticas. Esto en lo que se llama una Transición, que viene acompañada de la economía circular, a la cual le tenemos que agregar el dato social porque es una lógica del mercado “ambientalmente amigable”, pero no es algo absolutamente social, sino productivo y con mejoras ambientales. La pata social no está muy presente ni en el discurso ni en las realidades. 

Por otro lado, lo que necesitamos es hacer una fuertísima inversión en el sector público y privado para que esa transición comience a ser una realidad: léase generar energía con recursos renovables. Eso requiere una fuerte inversión, que debe ir acompañada – porque en materia ambiental todo es causalidad y trazabilidad – por esto que vos decías: hay  responsabilidades comunes y diferenciadas. Nuestras responsabilidades comunes, pequeñas y cotidianas están en que nosotros seamos consumidores ambientalmente amigables, porque los esfuerzos de inversión en algún lado se amortizan. Desde el punto de vista público vos tenes las políticas de fomento, que consiste en invertir desde el Estado porque hace al bienestar colectivo, lo cual es intangible. Nadie recibe dinero del estado por una mejor calidad de vida y un bienestar ambiental. Pero, por otro lado, las empresas que se van transformando tienen que vender sus productos, que tienen que ser ambientalmente amigables. Entonces tiene que haber un consumo responsable y ambientalmente vinculado a la mejora de la calidad de vida. Allí empieza a haber una rueda que tiene una lógica de mercado, pero distinta a la del capitalismo más cruel y salvaje que consiste en hagamos negocios a costa del ambiente. 

Me surgen algunas preguntas respecto del drama social ¿Es posible construir una agenda social del ambientalismo? Un ambientalismo popular que se ocupe de los conflictos ambientales urbanos que sufre nuestro pueblo en las villas y los barrios humildes como los basurales informales y a cielo abierto.

Es un tema amplio. Por un lado, desde el punto de vista social ambiental, nosotros como peronistas tenemos que valorizarlo, a algunos le cabrá más la responsabilidad que a otros. Sin duda el Movimiento Obrero Organizado tiene que tener una mayor participación en las cuestiones ambientales. No es solo seguridad e higiene en el trabajo, sino que es además la parte de externalización de los impactos de donde ellos trabajan hacia el ámbito socio-ambiental externo. Debemos protegerlos en su seguridad –que tiene un componente ambiental–, pero por otro lado ellos tienen que militar lo ambiental en cuanto a los efectos de las actividades que  realizan, que son sus fuentes de trabajo, para que estas no impacten negativamente hacia afuera porque se quedan sin trabajo. 

El sindicalismo tiene un rol social ambiental muy importante que está apenas despertando. Nosotros en su momento, con Carlos Tomada y con Hugo Moyano veníamos trabajando una línea de “Ambiente y Trabajo”, eso después fue descontinuado o no se siguió con la misma intensidad. El movimiento obrero trabajó estas temáticas, inclusive nosotros planteamos delegados ambientales porque es un componente central ante cualquier externalización propia de las actividades productivas. Incluyendo el planteo de transición justa en materia de reconversión por cambio climático. 

Por otro lado, tenemos dentro de la economía circular el enorme servicio ambiental de los movimientos sociales a través de sus cooperativas y sus formas de organización. Allí también hay un segmento a cuidar, a fomentar, a facilitarles medios de mejor escala y calidad. Tenemos al carrero que va con el bolso de la construcción en desuso, es allí donde hay que poner más tecnología para que su esfuerzo les rinda más en ingresos y a su vez aumentar la escala del recupero para que se recicle y se reuse. Aquí tenemos dos patas de la cuestión socio-ambiental. 

Y la tercera, que ya le adelantamos, sería la nuestra como consumidores. ¿Vamos a elegir un producto de menos envase? ¿Vamos a elegir un producto agroecológico? ¿Vamos a elegir un producto orgánico? En esa suma de cotidianidades hay masa crítica. Después está lo que desde la parte estatal se obliga a hacer a las empresas al respecto. Pero en los social tenemos trabajadores, movimientos sociales y nosotros, pero no como individuos de la lógica neoliberal sino como individuos solidarios, comprometidos con el resto del pueblo a mejorar la calidad de vida del conjunto con nuestro esfuerzo en un conjunto pro-ambiental y socialmente responsable.

Durante tu exposición hiciste una caracterización del rol de las ONG y Fundaciones Internacionales en la agenda ambiental. Me gustaría que abordes este tema con más profundidad.

Yo parto de una premisa ideológica, en el peronismo se les llamaba Organizaciones Libres del Pueblo precisamente. El organismo, el cual yo no comparto el nombre porque organizaciones son todas: es un sindicato, un movimiento social, una empresa, un municipio, organizaciones son todas. Cuando se dice “No Gubernamentales” estoy anteponiendo dialécticamente y valorizando una oposición a lo gubernamental: “yo no soy gobierno”. Allí hay una fuerte carga ideológica que viene desde el Consenso de Washington, donde el estado tenía que desaparecer y cuando este se retraía ¿Quién tenía que tomar algunas responsabilidades que inexorablemente se dejaban de realizar? Las entidades no gubernamentales, que asumieron un rol de sustitución de lo público sin tener impregnado ese interés público y colectivo que tiene el Estado en el estado de derecho. Entonces, es ideológicamente muy peligroso delegar a las ONG esta tarea. 

Siempre distingo: están las ONG globalizadas, que son las grandes del planeta; están las grandes de Argentina, las cuales tienen sede en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a estas hay que mirarlas con un perfil crítico ideológico y preguntarnos: ¿Dónde están paradas? ¿Para qué sirven? ¿Quién las financia? ¿Cómo sobreviven? ¿Qué proyectos realizan? Después si, están las organizaciones libres del pueblo, comunitarias, locales, pequeñas y que tienen otros objetivos, otros perfiles, otros actores y les duele el zapato realmente ambiental. Una entidad civil que tiene sede en CABA o en Puerto Madero no tiene ninguna idea de lo que está pasando en Tostado, en Gálvez, en Baigorria. Les resulta un concepto abstracto. En cambio, a la entidad local que está en estas comunidades, lo saben  bien porque sus integrantes son parte, son afectados o les interesa y están motivados. 

Creo que hay que trabajar desde lo público sabiendo generar políticas de articulación. No hay que excluir a nadie, pero con las entidades locales debe haber una mirada, una alianza estratégica de hacer juntos sobre los lineamientos públicos. Estamos todos en la misma vereda. Cuando ya pasamos a las nacionales cabría preguntarse ¿Usted está en la misma vereda que estoy yo o está en otra? Porque si a usted lo financia una fundación norteamericana, si a usted lo financia la embajada británica, ¿Usted para quién juega? Ni hablar de las que reciben fondos globales para poder monitorear lo que pasa en el planeta. Son como un Gran Hermano Ambiental. Con esas, yo tengo enormes reservas ideológicas. Y muchas de las grandes fundaciones nacionales tienen alianzas estratégicas con ellas. Por eso yo separo como tres pisos: en la planta baja están las que uno conoce, con nombres sencillos, con balances por ahí incompletos, con algún acta que le falta, pero a esas todo el apoyo, con todo el fomento público posible. A las otras, las nacionales con sede en CABA, les pregunto un poco; y con el tercer piso, las fundaciones globalizadas, tengo muchísimo cuidado porque realmente tenemos que observar si nuestras miradas estratégicas y políticas coinciden. Y si es que no, me planto en la vereda de enfrente.

La Agroecología viene siendo una agenda emergente desde hace un tiempo ya, desde los últimos 30 años, pero actualmente está tomando mucha fuerza ¿Tenés algún tipo expectativa especial con ella? ¿Le ves limitaciones también?

En realidad, está creciendo mucho. Hay que diferenciar lo que son producciones orgánicas de lo que son producciones agroecológicas. Hay distintas gradaciones de los niveles de control. Debemos disputar el mercado a los productos que vienen con transgénicos ante las producciones agroecológicas. Eso es una disputa ideológica, pero también de mercado. 

Para que las producciones agroecológicas tengan éxito las tenes que llevar a espacios de consumo en los mercados de cercanía. Entonces es clave el rol de los municipios, que puedan poner un gran tinglado para que estos productores se acerquen a los consumidores, vendan lo que hacen a un buen valor y puedan ampliar su perspectiva, junto a su producción, a los fines de que vivan mejor. Porque en general los productores agroecológicos son muy esforzados. 

Justamente, la mañana del 22 de abril estuvimos en la Universidad Arturo Jauretche, en Florencio Varela, donde el segundo y cuarto viernes de cada mes tenemos lo que se llama la feria “La Periurbana”. Es un conjunto de productores de la región, que exponen durante los días de clase – nuestra universidad tiene miles de alumnos por día que pasan por su sede  – y venden sus productos. Son productos notablemente sanos, de calidad y sustancialmente más baratos. Ese es un ejemplo de cómo la Universidad, a través de la articulación social, les dio mayores elementos a esos productores. Pero los saberes lo tienen los productores. Conversé con los dos profesores que están a cargo de esa actividad y me decían “cuando hay algún problema yo le pregunto a tal o cual productor/a” – porque todos tienen nombre y apellido- Esto demuestra que el que sabe esas cuestiones es el productor. 

El otro tema que también es muy interesante es que, esas experiencias a nivel universidad, tienen como ejemplo a dos cátedras: la Cátedra que tematiza con el Periurbano y la Cátedra  que trabaja con Indicadores de Sustentabilidad. Estas dos realizan clases prácticas en las casas de los productores, donde desarrollan las actividades con los estudiantes y son los mismos productores los que enseñan. Es un proceso educativo que a su vez tiene una salida comercial de dignidad social y solidaridad. Porque si nadie les compra nada, cierran la tranquera y se vienen a una periferia urbana a vivir en la pobreza. 

Me parece que es un tema que hay que mirarlo políticamente. Actualmente hay una Secretaria de la Agricultura Familiar, que va ganando terreno, desde la cual se han realizado importantes inversiones para esto. Ahora hay que generar una mayor fluidez en los canales de comercialización. Ellos tienen que poder vender bien y rápido. Recuerdo una anécdota de cuando cerramos la campaña del Frente de Todos en 2019; desde los equipos del FdT invitamos para una charla final a una compañera productora agroecológica y ella contaba si mal no recuerdo “Yo tengo dos vacas, produzco por cantidad de litros de leche por día y tengo unas escuelas cerca que se le podría ofrecer leche fresca para los chicos, pero no tengo forma de hacer que se me acepte el producto fresco en la comunidad escolar, que le vendría muy bien porque es de muchísima calidad alimentaria y grasa butirosa sana”. Entonces se trata de como el Estado busca ser un articulador entre esos productores agroecológicos, para que crezcan, se amplíen o haya más, para conectarlos con los consumidores, no por la góndola de los hipermercados, que además no los reciben. Por otro lado, así tenes comida más sana y sustancialmente económica  para el bolsillo de los argentinos y las argentinas. Es muy virtuoso lo que plantea la agroecología.

– Muchas gracias Homero, un gusto poder escucharte. 

Gracias a ustedes, estoy a disposición para lo que necesiten.

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