Las pymes: un camino lleno de incertidumbres

Breve historia de las políticas industriales en la Argentina: sus vaivenes y el horizonte de un 2017 problemático.
Foto: Flickr
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La Argentina del siglo XX vivió ciclos de industrialización acelerada, como en el período 1945-1955, o más amesetada como en la década del 60 y primeros años del 70. El periodo se caracterizó desde lo económico como stop & go, es decir freno y arranque de la economía. Todo periodo de expansión terminaba en una crisis en la balanza de pagos. La doctrina liberal de la época aconsejaba la devaluación, el aumento de las tarifas, ajuste de los gastos del Estado, recesión, desocupación y cierre de pymes en los eslabones más débiles. Luego de un tiempo el proceso de crecimiento de la industria volvía a empezar.

 

A pesar de las crisis cíclicas el proceso de crecimiento de toda la economía se mantuvo positivo hasta 1974. En ese año la Argentina alcanzó su máximo nivel de industrialización y las menores tasas de desempleo y desigualdad.

 

El país registró en 1974/75 los indicadores de actividad industrial y participación de los asalariados en la economía más altos de su historia y las tasas de desempleo y desigualdad más bajas, al igual que la relación entre la deuda pública externa y el Producto Interno Bruto (PIB).

 

Las políticas económicas del proceso cívico militar iniciaron una serie de medidas destinadas a romper la estructura industrial montada hasta el momento. Se iniciaría una política económica basada en el neoliberalismo, que privilegiaba las actividades rentístico-financieras por sobre las productivas, primarizacion de la economía, servicios, industrias concentradas y extranjerizadas, con una gran deuda externa, que financió todo ese proceso pero condenó el futuro de la Argentina en las siguientes décadas.

 

Este proceso, aunque incompleto, por sus contradicciones internas, más la poca viabilidad económica y política, dejó una huella de ruptura no solo con el pasado industrializador de ciertos sectores sociales, sino que también generó una grieta social que rompió de alguna manera los lazos sociales que habían imperado durante los anteriores cincuenta años.

“Si bien en el periodo 2012/15 el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner intentó financiar el desarrollo productivo con políticas proactivas, es indudable que no alcanzó, a pesar del éxito de hechos puntuales”

Así, en la década del 90, el gobierno de Carlos Menem, aliado a los “mercados”, vuelve con el proyecto inconcluso de la dictadura. La alianza gobernante profundiza la desindustrialización a través de un dólar barato, importaciones indiscriminadas, privatizaciones y, como siempre, un fuerte endeudamiento externo. El resultado de la década del 90 fue nefasto por los altos índices de pobreza, marginalidad, cierre de empresas y desocupación, proceso que hace implosión en el 2001.

 

Luego de la crisis del 2001 y sobre todo después del 2003 con Néstor Kirchner en el gobierno, comenzó un periodo de crecimiento sostenido. La industria atravesó 32 trimestres de crecimiento a tasas “chinas”. En esos 9 años, Argentina logró duplicar su producción industrial y retomar el proceso de reindustrialización que había abortado la última dictadura militar.

 

Este proceso de reindustrialización de Kirchner generó un crecimiento alto -8% promedio- y además alto crecimiento del empleo y las exportaciones. La industria volvió a crear trabajo. Se generaron en este periodo cerca de 500 mil nuevos puestos de trabajo registrados y seguramente otros tantos empleos informales, siendo así el motor de crecimiento de toda la economía y la razón de la reducción de la desocupación y la informalidad.

 

forjadorEn 2011/12 la Argentina alcanzó el punto más alto de industrialización, luego del que se había registrado durante el tercer gobierno de Juan Domingo Perón, en 1974.

 

A pesar del crecimiento importante del consumo interno, la industria generó también excedentes que permitieron aumentar las exportaciones. Los mercados latinoamericanos, como Brasil, Venezuela y Chile fueron destinos claves de las manufacturas nacionales en estos años.

 

Se destacó la recomposición del complejo metalmecánico y el renacimiento de los sectores intensivos en mano de obra, como textil, calzado y marroquinería. Se relanzó la producción de maquinaria agrícola, equipamiento eléctrico, automotriz y de línea blanca (heladeras, cocinas, lavarropas), de embarcaciones, equipos médicos, electrónica, computación, etc.

 

Si bien podemos hacer la crítica en que no hubo una política industrial fina, se plantearon políticas macroeconómicas para alentar al sector: desarrollo del mercado interno, salarios altos que garantizaban el consumo, dólar alto, políticas fiscales, etc. Este esquema funcionó eficientemente hasta el 2008/2009, con la crisis de las “sub prime”: la crisis internacional comenzó a golpear la economía interna.

 

En ese momento era necesario una “cirugía fina”, diseñar una política industrial que definiera sectores estratégicos y corrigiera alteraciones en las cadenas productivas. Por ejemplo, el régimen de promoción fueguina necesitaba y necesita replantearse, no para desmontarlo como ahora, sino para hacerlo más eficiente y viable, o el régimen de la industria automotriz, que necesita correcciones y cambios en sus bases para hacerlo más equitativo para Argentina.

“Iniciamos 2017 con los números de la economía en caída libre en todos los sectores productivos, en especial los sectores industriales pymes”

Hubo políticas sectoriales, y programas puntuales, tanto en herramientas crediticias a las pymes, como de fomento a sectores con innovación y desarrollo, Arsat, o el Plan Atómico, etc. Positivas todas pero insuficientes, a nuestro entender, por la falta de un plan estratégico integral de desarrollo.

 

La crisis en la economía mundial y sobre todo la crisis económica y política brasileña golpearon muy fuerte a la economía argentina. A pesar de las políticas activas del gobierno a fín de sostener el mercado interno y niveles aceptables de actividad económica, la situación tendía a agravarse. Déficit energético, caída de las reservas, fuga de capitales, remisión de utilidades, etc, en un mundo en recesión, donde se caían los precios de las commodities. La industria local perdió al exterior U$S 16 mil millones en esos cuatro años, con un mercado local que, a pesar de las medidas proactivas del gobierno, no tenía capacidad suficiente para compensar.

 

Si bien en el periodo 2012/15 el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner intentó financiar el desarrollo productivo con políticas proactivas, es indudable que no alcanzó, a pesar del éxito de hechos puntuales, como la exportación de reactores, aviones Pampa, satélites y radares, etc.

 

Tal vez se hubiera necesitado, a nuestro entender, un Estado más atento y activo, un Estado productor que se asociara al capital privado en el desarrollo de sectores estratégicos. La nacionalización de YPF, decisión correcta pero tardía -ya el daño de la privatización y el saqueo por parte de los privados estaba hecho- o la no nacionalización de los servicios públicos, las inversiones en el servicio ferroviario de pasajeros y de carga, tarea importante pero tardía, son algunas pruebas de estos problemas.

 

Ante la falta de una burguesía nacional que sea motor del proceso industrializador era necesario que ese rol lo llevara adelante el Estado. El miedo a generar un “Estado empresario” fue una limitante en todo el proceso.

 

Y ahora, es el pasado que vuelve…

Con el resultado de las elecciones de 2015 volvió a imponerse un modelo político y económico que representa a la derecha neoliberal, aliada con los restos de la vieja oligarquía agropecuaria, los sectores rentístico-financieros y la banca internacional que ha lucrado siempre con el desguace y el endeudamiento del país, Vuelve el viejo modelo basado en la producción primaria, agraria y ahora minera, el crecimiento de las actividades financieras, los servicios, y algún sector industrial concentrado y extranjerizado.

 

En general las políticas del macrismo en este año fueron perjudiciales para casi toda la economía real. Recibieron una economía con problemas puntuales, algunos complejos, otros no tanto, pero erraron el diagnóstico y ahí donde había problemas generaron una crisis. Terminaron echando nafta al fuego y agravando todos los problemas y generando nuevos.

 

El pésimo manejo de la devaluación, que se fue toda en inflación de precios, sobre todo en los productos alimenticios, endeudamiento indiscriminado para financiar gastos corrientes, los tarifazos en energía, comunicaciones o impuestos, fueron algunos de los efectos de este primer año. También desfinanciación del Estado vía quita de retenciones al agro y a las mineras, subsidios encubiertos a las empresas “amigas”, y apertura de la economía tanto en el sector financiero, que permite una vuelta al pasado de la “bicicleta financiera”, como en el comercial, con la avalancha de productos importados que compiten y destruyen la producción nacional. Todas políticas económicas mal diseñadas y peor instrumentadas. Todas afectan a los trabajadores reduciendo salarios y horas trabajadas, así como a las pymes que ven afectada su rentabilidad, que no pueden acceder al crédito, ni competir con los productos extranjeros, en un mercado que se achica.

“Los cambios en el gabinete económico, muestran el fracaso de la gestión de 2016 pero muestran también una profundización de las políticas vigentes”

Iniciamos 2017 con los números de la economía en caída libre en todos los sectores productivos, en especial los sectores industriales pymes.

 

Los cambios en el gabinete económico, muestran el fracaso de la gestión de 2016 pero muestran también una profundización de las políticas vigentes.

 

2017 será un año complejo y con pronóstico reservado. Ningún número de la economía parece favorable. La crisis internacional y regional, en especial Brasil, parece no tener solución, por lo menos en el corto plazo.

 

La asunción de Donald Trump en Estados Unidos tampoco parece una buena señal para el macrismo. Las políticas de Trump parecen apuntar a restringir el comercio internacional y el aumento de la tasa de interés internacional con un reflujo de capitales financieros y productivos hacia dentro de Estados Unidos, con lo cual la “lluvia de inversiones” parece de difícil concreción.

 

El escenario para la industria, en especial para las pymes, resulta claramente desalentador. La enseñanza de nuestra historia económica nos muestra que las políticas económicas neoliberales nos llevan inexorablemente a un cierre de empresas y a la desaparición de sectores importantes como el textil, indumentaria, cueros y juguetes, además de gran parte la industria “blanca”, básicamente toda la industria que no pueda competir con la producción importada.

 

Este proceso desindustrializador tiene como consecuencia directa el aumento de la desocupación hasta índices de dos dígitos y el aumento de los índices de indigencia y pobreza.

 

A nuestro entender estos resultados no son “errores”, son el resultado buscado por esta coalición de gobierno que tiene intereses económicos contrarios a la industria y a la producción local. Este proceso no se frenará si no hay una toma de conciencia por parte de los trabajadores y los empresarios pymes, que son la víctimas directas si este modelo resulta exitoso. Si a Macri le va bien, a las pymes y a sus trabajadores les va a ir muy mal.

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