El tercio para el peso

Fortalezas y debilidades de macristas y el PJ-K para seducir al tercio de "indecisos" que definirá la elección. Endurecimiento ideológico vs. pragmatismo centrista: las estrategias invertidas en tiempos de polarización.

Las listas están definidas, con todas sus contradicciones y complejidades inherentes. Que la ideología parece disolverse cuando se trata de llenar requisitos burocráticos, un partido político concreto que banque al candidato. Esas artimañas de papeles que pusieron en riesgo la candidatura de Espert y que originaron que la llamativa alianza de Stolbizer y Barrionuevo no pudiera materializarse en la Ciudad de Buenos Aires. La ideología parece morir, sucumbe cuando se trata de necesitar el sello, la venia incómoda que autoriza la presentación del postulante. Se fue Asseff y apareció Amalia Granata para avalar al economista.

 

Salteado lo burocrático, lo legal, salta a la arena la campaña electoral. La de las promesas no vinculantes, la que da espacio a la riña simbólica de los imaginarios sociales. Voy a concentrar la atención entre los dos principales contendientes, Juntos por el Cambio y el Frente de Todos.

 

Parece ser una confrontación cerrada entre tercios definidos, los oficialistas y los opositores. Treinta por ciento para cada uno. El reflejo concreto de la grieta, ese verdadero oximorón. Son esas personas que denuestan la corrupción a ambos lados y que tienen mayormente definido su voto, aunque siempre pueda haber volatilidad por alguna causa de fuerza mayor. El tercio restante, el que define la elección, no son sólo los indecisos sino los que simplemente varían su voto de acuerdo a preferencias ocasionales o por disgustos con algunos de los contendientes. No están claramente embanderados, aunque no son indiferentes a lo que pasa. La disputa de ese tercio es la que definirá la elección. Ahora bien. ¿Qué hicieron las dos principales fuerzas en pugna para seducirlos?

 

Juntos por el Cambio designó de candidato a vicepresidente a Miguel Ánguel Pichetto. Una decisión que, en un principio, va más orientada a garantizar la gobernabilidad de acá a fin de año. El primer gobierno no peronista que llegaría a concluir su mandato luego de Marcelo T. de Alvear. Bien. ¿Y con eso se gana?
Para poder competir con chances de éxito, hay que domesticar el dólar y asegurar el buen diálogo con los gobernadores. Sobre ese piso de mínima y precaria estabilidad, se puede competir. El candidato incorporado al binomio presidencial cumple también la función de retener el tercio de votantes propio, que pudiera eventualmente perderse por la crisis económica. Las ideas bolsonaristas, facistoides, apuntan al reaseguro de los propios. ¿Y el otro tercio, el tercio en disputa de los independientes, de los volátiles?

 

Bolsonaro tenía, en comparación a esta actualidad del macrismo, dos ventajas para que proliferaran sus ideas macartistas: encarnaba la oposición a un gobierno desgastado luego de más de una década en la gestión y la sociedad brasileña es, en parte, más desigual a la argentina, con una fragmentación social que llega al antagonismo. Millonarios, sectores enriquecidos y pobres de toda pobreza, poca clase media. Bolsonaro, aún con su ideología recalcitrante, representaba el cambio ante una situación económica y social que había soportado el ajuste heterodoxo de Dilma Rousseff y el ajuste ortodoxo de Temer. La candidatura de Lula, que podía presentarse como un cambio, tropezó con la discutida condena judicial. Esa ventaja con la que contó Bolsonaro de presentarse como cambio no la tiene el macrismo. Tal vez, la pudiera haber encarnado la eventual candidatura que no fue de María Eugenia Vidal. En resumidas cuentas, Juntos por el Cambio hizo poco para atraer al tercio en disputa, el que definiría la elección.

 

El Frente de Todos ha tenido otra estrategia electoral. Ha exhibido, si se quiere, una postura autocrítica de los desempeños electorales anteriores. Tomó nota, en parte, del descontento de mucha gente para con la figura de Cristina Fernández. La candidata asegura un piso alto de votos y un techo que pareciera que no alcanza para ganar. La incluyó en la fórmula como una especie de reaseguro , pero en segundo lugar. Los vicepresidentes no hacen cadenas nacionales, esas que tanto irritaron a la clase media sobre todo luego de que el boom de los comodities y el ciclo económico expansivo dieran señales de agotamiento. Una campaña que intenta disolver la confrontación y el liderazgo personalista, cristalizada en un candidato presidencial presentado como un hombre del común. Casi que tomando nota del caso brasileño y la proscripción por la condena de Lula, encabeza la fórmula un candidato que no está en la función pública desde el 2008. Con perfil más dialoguista con el resto de la sociedad, con críticas hechas al kircherismo en su recorrido político. Nos integramos pero no somos iguales. Unidad en la diversidad. Sumando también a Sergio Massa, queriendo concertar una unión para vencer al macrismo en el poder y retomar una agenda productiva. Todos movimientos sutiles o evidentes que tienden a seducir a ese tercio del electorado volátil y determinante. Lo que no hizo Daniel Scioli en la campaña del 2015, cuando con un discurso ultrakirchnerista decidió aferrarse y convencer a los propios y perdiendo los votos y la imagen que le habían permitido ser atractivo a sectores medios y altos de la sociedad argentina.

 

En medio de las estrategias de ambas campañas, la situación económica. Que aún no había detonado en el 2017, con el triunfo del oficialismo incluso frente a la candidatura de Cristina Fernández. Inflación de 58% anual, tarifazos y desocupación de dos dígitos. Una especie de veranito del dólar que no se sabe cuánto durará. Una paz cambiaria y cierta estabilidad económica que le dan al gobierno la chance de competir y retener a los suyos. El Frente de Todos parece haber incorporado ciertas enseñanzas del pasado reciente, tirando líneas de seducción a los independientes. Se viene lo álgido de la campaña, los momentos definitorios, el final está abierto. Unidos por el Cambio y el Frente de Todos. Todos unidos triunfaremos, sobre todo si logran el tercio que les falta para el peso.

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