El Papa suramericano y Guardia de Hierro

Extracto de "Guardia de Hierro. De Perón a Bergoglio", de Alejandro C. Tarruella

bergoglio

 

En Guardia de Hierro. De Perón a Bergoglio, Alejandro C. Tarruella narra con detalle la historia de la agrupación creada por Alejandro «El Gallego» Álvarez. El título, de reciente edición, incluye un apartado relacionado con Jorge Bergoglio, actual Papa Francisco, a quien se lo suele señalar -erróneamente- como miembro de la organización. A continuación, un extracto de esa historia que conecta al hoy Papa con el peronismo y la verdad sobre su relación con la ya mítica Guardia de Hierro. 

 

Un hombre del fin del mundo

Cuando el 13 de marzo de 2013, Jorge Bergoglio, entonces arzobispo de Buenos Aires, fue elegido papa, diferentes exponentes políticos, periodísticos, sociales, en un estallido de personalismos mediáticos, se expresaron críticas muchas veces infundadas al hombre que por varias semanas iba a acaparar el interés de los medios de comunicación en todo el mundo. Los había argentinos del campo internacional, del plano local y algunos de ellos eran personas que habían pasado por el ancho campo del estalinismo de indias. Lo ideológico como absoluto les permitía, en muchos casos, acusarlo sin fundamentos y estigmatizar sin fuentes para ganar espacios en la comunicación. El ajetreo al que someten los medios a las personas comunes para arrastrarlas detrás de ciertas posiciones, volvía a encandilarse con la marquesinas de la política internacional. Se trataba también de arrebatarle al amante papa parte de los espacios que le ofrecían periódicos, radios, sitios de internet, canales de televisión, que, por otra parte, en el caso de Francisco papa, jamás había reclamado. Era un sacerdote argentino y suramericano, un hecho inédito en la historia y tenía peso propio no únicamente en su país, de mayoría católica, sino en la región (Brasil, que fue decisivo para su elección, es un país de notoria mayoría católica) y podría suceder que las críticas estuviesen vinculadas al hecho histórico y político que significaba su inesperada entronización como obispo de Roma.

 

Un argumento arrumbado en los calendarios volvía sobre las mesas de redacción a procurar herir la trayectoria del amante pontífice. Se lo acusaba de haber pertenecido a la organización peronista Guardia de Hierro y se calificaba a la organización peronista de grupo de derecha, y los más severos la relacionaban al fascismo. Y se proclamaba, sin pruebas, que en tal carácter, había entregado a sacerdotes durante el gobierno militar. Esa postura parecía pretender, en una afirmación, eliminar al otro, sea la organización, sea una persona. El filósofo Cornelius Castoriadis ha advertido al respecto: “La idea de hacer tabla rasa de todo lo que existe es una locura que conduce al crimen”.

 

Un camino reformista

Hay que considerar que Bergoglio pertenece a la orden de los jesuitas, y la Compañía de Jesús es, en la historia, una de las más reformistas de la Iglesia. En América y el sur asiático, como en otros puntos del planeta, los jesuitas fundaron escuelas y universidades, y acompañaron la formulación de nuevos paradigmas con políticas sociales de fuerte influencia.

 

Bergoglio fue elegido provincial de los jesuitas a mediados de 1973 y permaneció en el cargo hasta 1979. El 13 de marzo, día de su elección papal, The New York Times recuperó declaraciones de Bergoglio de 2010 cuando relató que ayudó a perseguidos políticos a ocultarse y abandonar el país, y que actuó frente los jefes de la dictadura para profundizar su aporte. Ahí se inscribe el incidente de los secuestros de los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics. En particular, exponentes de la izquierda casi olvidaron que fue responsabilidad de la dictadura militar y acusaron a Bergoglio. Algunos incluso, como se escribió en Tiempo Argentino, medio de importante trayectoria hasta su sentido cierre que dejó cientos de periodistas en la calle, insinuaron que preparó listas negras. El mismo Adolfo Pérez Esquivel se encargó de remarcar que “Hubo obispos que fueron cómplices de la dictadura, pero Bergoglio no”. “Hice lo que pude con la edad que tenía y las pocas relaciones con las que contaba para abogar por las personas secuestradas”, afirmó Bergoglio al declarar como testigo ante la justicia el 8 de noviembre de 2010. La ex defensora del pueblo porteña y ex secretaria de DD.HH de Cancillería, Alicia Oliveira, dijo expresamente que al producirse el secuestro, Bergoglio “movió cielo y tierra para liberarlos”.

 

“‘Estos son los hechos: el padre Bergoglio no denunció a Orlando Yorio ni a mí’”, manifestó Francisco Jalics en un comunicado, publicado hoy en el sitio oficial de los jesuitas alemanes”, informó el diario La Nación días después de la entronización de Francisco. Y agregó: “Alguna vez yo mismo estuve inclinado a creer que éramos víctimas de una denuncia’”, precisando que: “A fines de la década de 1990, tras numerosas conversaciones, me quedó claro que esta sospecha era infundada. Por lo tanto, es un error afirmar que nuestra captura ocurrió por iniciativa del padre Bergoglio”.

 

El 5 de octubre de 2013, Jalics visitó a Bergoglio en el Vaticano y no se difundieron imágenes ni declaraciones en torno del encuentro que se observó como una reconciliación. En la semana del encuentro se publicó en Italia el libro La lista de Bergoglio. Los salvados por Francisco durante la dictadura, del periodista italiano Nello Scavo, con prólogo de Adolfo Pérez Esquivel, en el que con testimonios del ex superior provincial de la Compañía de Jesús, se afirma que salvó la vida a más de un centenar de personas perseguidas por grupos de tareas de la Armada argentina. Scavo, periodista del diario Avvenire, de la Conferencia Episcopal italiana, reveló que Bergoglio creó una red clandestina que evitó la acción de los esbirros de la dictadura, asistió a perseguidos e ideó dispositivos para que pudieran salir del país.

 

Provincial jesuita y peronista

Jorge Bergoglio fue designado en 1973, a los 36 años, provincial de los jesuitas de la Argentina, cuando la Universidad del Salvador era propiedad de la orden. Una corriente de la Iglesia a nivel internacional, que los especialistas en temas religiosos sitúan en el papado de Pablo VI, la orden de deshacerse de la propiedad de los institutos de enseñanza en todo el mundo. Además, la orden jesuita había nominado a Bergoglio en 1973, como un modo de acercamiento al peronismo. Nadie tenía dudas de que Bergoglio, como el padre Hernán Benítez que pertenecía a la misma orden, tenía una profunda afinidad peronista. Algunos interlocutores políticos recuerdan sus reflexiones con frases completas de Perón, Evita o el mismo John William Cooke. Su abordaje de la dictadura militar lo realizó desde ese lugar. Su eje partía de la construcción nacional para una inserción regional y esa construcción política con piso en el país, típica de los movimientos nacionales de América del Sur a partir de 1930 cuando surge el liderazgo de Getulio Vargas en Brasil, es considerado por cierta izquierda de base estalinista como de derecha. La pereza intelectual produjo una suerte de militarización del pensamiento surgido como necesidad política de las grandes potencias luego de la segunda guerra mundial.

 

En 1973, cuando Montoneros competía por ser la organización más numerosa del país, se estigmatizó a organizaciones políticas que no confluían hacia el espacio de Firmenich. Así, sin rigor analítico, Guardia de Hierro fue calificada de derecha. Algunos periodistas, en seguimiento de esas construcciones, agregaron otras presuntas adhesiones según términos afines a la visión de posguerra. En ese análisis, se intenta estigmatizar al hoy papa Francisco.

 

Otro dirigente de Guardia de Hierro en la década de 1970, Alejandro Pandra, pensador y escritor, señala que las acusaciones de la izquierda peronista, cuadraban con las que les hacía la derecha: “de la misma manera como fuimos acusados de derechistas por el ala izquierda del peronismo, también fuimos acusados muy fuertemente de izquierdistas por el ala derecha del peronismo. Nosotros tuvimos un enfrentamiento muy directo, por ejemplo, con López Rega que nos acusaba de trotskistas”, recordó. Pandra reseñó que “Un grupo de compañeros con los cuales militaba en ese momento, aunque no trabajaba especícamente en el Salvador, sino en torno al rector que se llamaba Francisco Piñón, hoy rector de la Universidad Católica de Cuyo. Él se hizo cargo de la USAL y tuvimos una relación muy estrecha con los jesuitas en general y con Bergoglio en particular”. En ese momento, Bergoglio se acercó a algunos militantes en retirada de la organización que se había disuelto a la muerte del general Perón, en 1974, y realizó una labor de contención y ayuda a perseguidos por la dictadura del general Jorge Rafael Videla. Es más, la relación de Bergoglio fue con Piñón y algunos miembros de Guardia de Hierro. Álvarez no lo menciona porque no fue parte de ese vínculo.

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Guardia de Hierro. De Perón a Bergoglio

 

Alejandro C. Tarruela

 

2016

 

Punto de Encuentro

 

 

 

 

El libro se presenta este lunes 19, a las 19 hs, en Avenida de Mayo 1110

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