El hundimiento de la isla

Córdoba: entretelones del vertiginoso escrutinio y un análisis sobre los resultados de los comicios, por Lea Ross.

Ni Martín Llaryora ni Luis Juez toleraron el gusto amargo en aquella pesada pero reciente madrugada. Desde la presidencia del Tribunal Superior de Justicia anunciaron que se libraría una investigación sobre el porqué de la demora del escrutinio, que llevó a que lxs cordobeses no pudieran conocer, en pleno domingo, a los ganadores del convite ejecutivo y legislativo del 25 de junio. En la mira, está la firma MSA, proveedora del software «Turing». El sistema, que fue propuesto por el propio poder judicial, consistió en que cada escuela tuviera una computadora para escanear las actas –donde las máquinas leían y procesaban los números con inteligencia artificial— que luego se transmitían a la Junta Electoral, tal como lo explicaba un video institucional.

Sin embargo, la parálisis de la actualización de los datos se volvió notoria alrededor de la  medianoche. Desde la empresa, especularon que se trató de problemas de conectividad o que hubo atraso en los trabajos de los presidentes de mesa. El programador informático, el riocuartense Javier Smaldone, considera que fue culpa del propio programa, como lo expuso en un video de dos minutos tortuosos:

“El envío de datos por telegramas y la carga manual es del siglo pasado. Cordobeses: bienvenidos al siglo 21. Ahora, todo lo humano estará limitado a la votación y al contenido en el cuarto oscuro. Lo demás lo ‘manejarán’ las computadoras”, fue lo que se había difundido una semana atrás. Sin embargo, lo que se vivió aquella noche se asemejaba a los tiempos de Gutenberg.

Tildados en los búnkers

La tardanza de la actualización del escrutinio, frente a una pelea de votos palo a palo, generó cierta improvisación en la arenga de los líderes. Desde el búnker de Juntos por el Cambio, con la presencia de la precandidata presidencial Patricia Bullrich, se mostró a un molesto, triste y derrapado Luis Juez, frustrado ante la perspectiva de una derrota, y con falta de recursos para remontar una atmósfera como la de del año 2007 (donde perdió por escasos votos contra Juan Schiaretti –primera experiencia de ambos para disputar la gobernación— y levantó movilizaciones denunciando fraude electoral).

Siendo la una de la madrugada, con el estanco 87% de mesas escrutadas, y con una diferencia inferior a tres puntos, el verborrágico candidato se mostró arriba del escenario, declamando que “hemos hecho una elección descomunal”. Con la mano izquierda en el bolsillo, como si quisiera patear unas piedritas en el piso, le balbuceaban desde abajo si creía que si hubo robo de votos: “No tengo idea. Vamos a ver”, respondió.

Una hora después, los números seguían casi intactos. En la base oficialista de Hacemos Unidos por Córdoba, frente a frente estuvieron el candidato a gobernador Martín Llaryora y el precandidato a presidente Juan Schiaretti, ambos con caras gruñidas, sin percatarse que estaban siendo filmados por una cámara de televisión. ¿De qué hablaron? Dos versiones. Una: Schiaretti le insistía que no debía cerrar el acto, sin tener a mano los resultados definitorios. Llaryora no le hizo caso. Dos: Llaryora le pidió a Schiaretti que no suba al escenario a su compañero de fórmula para la vicepresidencia, Florencio Randazzo, y a su delfín Diego Bossio, por tener ambos pasado kirchnerista. Sea uno u otro motivo, el actual gobernador decidió no acompañar arriba del palco al amargado triunfador.

“Nosotros somos los principales perjudicados”, declamó Llaryora al no poder celebrar el triunfo con “todos los datos”. Continuó: “Hoy, se empieza la cuenta desde cero. Tenemos que recordar aquellos que impulsaron este gen cordobés, como José Manuel de la Sota, y ni que hablar de mi querido amigo y que espero que sea el próximo presidente Juan Schiaretti”. Pidió un fuerte aplauso para ambos, para luego inmediatamente decir: “De ahora en más, empieza una nueva era. Somos una nueva generación. Por eso: les agradecemos por estos 24 años. Pero ahora, empieza lo mejor. Empieza otra provincia”. A Schiaretti no le gustó ni medio lo que escuchó.

Anomalía I

El electo gobernador y actual intendente de la capital, con un cúmulo del 42,8% de los votos, dijo que esto “no es un triunfo del peronismo, sino del partido cordobés”, en referencia a la coalición que convenció a dirigentes provenientes del radicalismo, macrismo y expresiones progresistas. Años atrás, era vox populi que la definición de “partido cordobés” aludía a un pacto secreto entre el Partido Justicialista y la Unión Cívica Radical a la hora de administrar el poder provincial: el pejotismo cedía el poderío a los radicales en la capital cordobesa, epicentro del cosmopolitanismo y las buenas costumbres, a cambio de ejercer una onda expansiva de ocupación territorial del resto de los distritos.

Inéditamente, todo se dio vuelta. La principal ciudad fue la clave del triunfo del candidato peronista, mientras que gran parte del llamado interior le dio espalda y dio su apoyo a su contrincante. De los 26 departamentos que tiene la provincia, 14 fueron ganados por Juntos por el Cambio, y el resto de los 12 fueron para Hacemos Unidos.

Así lo expone este mapa que presentó el portal de Página/12, donde incluye también a la ciudad de Córdoba, donde el aparato pejotista tuvo su performance en los barrios más populares, mientras que Juez atrajo al sector de más poder adquisitivo, en la región centro y noroeste, incluyendo los habitantes de countries. Por eso declaró ante La Nación + que el peronismo compró votos a cambio de drogas, con sorpresa de los dos conductores televisivos, uno de ellos, también cordobés.

Los principales votos oficialistas quedaron concentrados en la mayor parte del Gran Córdoba, principal mancha urbana de la provincia, y en general en la mitad norteña de la provincia, sobre todo en el espacioso departamento oriental de San Justo, donde su principal ciudad, San Francisco, es oriundo Llaryora y donde construyó su poder político durante una gestión y media municipal. Sin embargo, la franja sureña, donde se concentra los más altos rindes de cultivos exportables, optó por poner sus porotos a Luis Juez, incluyendo el departamento de Río Cuarto (ese gran departamento al sureste), cuya capital homónima es oriundo el difunto De la Sota, principal craneador del máximo poderío que ejerció el peronismo en toda la historia cordobesa.

Las explicaciones se podrían sintetizar con el siguiente axioma: mucha gestión, poca política. El voto “llaryorista” fue convincente en el ejercicio de exponer resultados desde la administración pública, cortando listones, inaugurando espacios verdes o de asfalto. Pero eso termina generando un contenido de arraigue capital-centrista despegada de la realidad que va más allá de la circunvalación. A esto se le suma una falta de capacidad de interactuar con el electorado frustrado de la política tradicional, que opta por un discurso más de choque, como la que balbucea Juez, que uno más pasivo o anti-grieta.

A eso se le suma la poca efectividad de cooptar dirigentes de los partidos de la UCR y del PRO, como si eso derramara efectividad territorial. Solo generaría mayor rechazo a la “casta política”.

También se vislumbró un completo desorden de organización en distintos departamentos, donde la brecha generacional entre Llaryora y Schiaretti implicó una falta de centralidad y verticalismo claro sobre quién debe dar la orden. La senadora nacional Alejandra Vigo, esposa del actual gobernador, tuvo que realizar vuelos hacia el interior provincial para poner todo en orden a destiempo.

Sin embargo, también Schiaretti tuvo su cuota de responsabilidad. Por un lado, su orden de no habilitar las re-elecciones indefinidas en los pueblos y ciudades, que llevó no solo el enojo de capataces peronistas y radicales, sino también la falta de tiempo de conseguir nuevos cuadros. Por el otro lado: la generación más joven no le perdona que no le hayan habilitado las elecciones con más antelación, ya que eso le permitieron a las fuerzas “cambiemistas” lograr su unidad. Por último, habrá que ver si incidió o no su amague con el “frente de frentes” de la mano de Horacio Rodríguez Larreta.

Anomalía II

Desde la reforma del Estado provincial que ejerció José Manuel de la Sota en su primer mandato, Córdoba no cuenta con una cámara de diputados y senadores, sino una sola unicameral. Sumado al hecho de que las elecciones legislativas se hacen al mismo tiempo que las ejecutivas, el oficialismo siempre tenía contada la mayoría automática de la legislatura, convirtiéndose en una mera escribanía para aprobar sus propios proyectos leyes.

Otra anomalía: sorpresivamente, el corte de boleta fue notorio. Así como la disputa por la gobernación se sintetizó en una concentración de votos de 40%-40%, en las legislativas se achicó en un 30%-30%, con un ligero triunfo a Juntos por el Cambio, y otorgando más participación a partidos minoritarios, tal como se puede y contemplar en la siguiente tabla.

Allí el oficialismo perdió casi la quinta parte de sus votos, como así también casi la sexta parte de su principal rival, que se diluyeron en el voto blanco, probablemente por una falta de lectura sobre cómo se debía llenar los casilleros completo. Pero también, se observa que los partidos minoritarios tuvieron más votos legislativos que ejecutivos, como es el caso del Frente de Izquierda, que elevó sus votos en un 26%, teniendo mejor posición que el partido referente a Javier Milei (La Libertad Avanza), que le fue mejor en el cúmulo para disputar la gobernación.

Notoria ambivalencia. Una tercera parte del electorado no salió a votar. Pero los que sí lo hicieron, trasladaron sus lapiceras en la boleta única para dividir sus votos y permitir un mayor dinamismo en las instituciones que genere un contrapeso en el poder ejecutivo.

Resultado: por primera vez, el PJ provincial no tendrá quorum y tendrá que discutir con algunos legisladores opositores para poder avanzar en sus iniciativas. Pero también, se pronostica que desde la oposición se impulsen propuestas que dejen mal parado al gobierno, como es la aplicación del 82% móvil para las personas jubiladas provinciales, obteniéndolas de la deficitaria Caja de Jubilaciones.

Además, Juntos por el Cambio también encabezó los votos para ocupar el Tribunal de Cuentas, principal base para convertir en caramelo los números azucarados de contabilidad para determinar posibles irregularidades administrativas (y, así, elevar aún más los índices de judicialización de la política).

Todas estas anomalías sugieren que Córdoba no ha sido ajena a la realidad nacional, donde el peronismo atrajo a los sectores más populosos, mientras que los más acaudalados optaron por un endurecimiento ortodoxo. Todo esto, a pesar de la insistencia de Schiaretti de quien aseguraba que en su provincia “no había grietas”. Su isla quedó sumergida.

Por eso, en su reciente carta pública al pueblo argentino, convocando a que lo acompañen en su candidatura a la presidencia, no mencionó ni a De la Sota, ni a Llaryora. Se puede leer acá: https://twitter.com/JSchiaretti/status/1673705938123911168

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