De Santis: “Hay que derrotar el programa de hambre de Milei y avanzar por el camino del ahorro interno y la revolución Industrial”

“La fuente del atraso histórico de la Argentina es una burguesía terrateniente, capitalista, opuesta al desarrollo industrial”. Una entrevista con Daniel De Santis, por Miguel Martínez Naón

Daniel De Santis, histórico militante, docente, documentalista, escritor, publicó los libros: A vencer o morir, documentos del PRT-ERP (dos tomos); La historia del PRT-ERP por sus protagonistas; Por qué el Che fue a Bolivia, entre otros.

Conversamos con él sobre su más reciente libro: La Revolución Industrial en la Argentina. Programa Económico para la Independencia Nacional y el Socialismo (Editorial Publiquemos).

-Su última obra trata sobre la revolución industrial en Argentina ¿podría contarnos acerca de ella?

-Es un programa de acción política referido a la economía. El socialismo tuvo una derrota en la Argentina, en América Latina y a nivel mundial con la desintegración de la Unión Soviética, entonces uno se pregunta: ¿Qué es el socialismo hoy? Nadie te sabe contestar qué es el socialismo. Porque si vos decís: el socialismo es la socialización de los medios de producción y cambio, no les decís nada. Ese significado antes te llevaba a la Unión Soviética y a China, a Cuba, pero hoy no te lleva a ninguna parte.

Nosotros vivimos en la Argentina, tenemos que llenarlo de contenido desde acá. Nadie se anima a decirte que sin trabajar vas a solucionar los problemas. Tenemos que poner el centro en el trabajo productivo. Esa es la primera idea. Las otras surgen de la nuestra historia. Porque hay tres historias argentinas, no dos. La historia liberal de Mitre y Ricardo Rojo. La historia más nacionalista de José María Rosa, Abelardo Ramos, etc.

-En el libro menciona a Milcíades Peña y Silvio Frondizi. ¿Esa sería la tercer historia?

– Sí, en sus trabajos históricos en cuanto a la lucha política están el Che Guevara y Mario Roberto Santucho; y hay un hombre que no es muy conocido aquí, Sergio Bagú, porque por la dictadura de 1966, se fue a México donde fue muy prolífico. Fue presidente de la FUA de la segunda generación de la Reforma Universitaria en los años 30, y fue el primer intelectual en Latinoamérica que rompió con la concepción del carácter feudal de la Colonia, y habló de capitalismo colonial.

-Esto que usted nos cuenta es un acercamiento teórico que se encuentra en la introducción de libro.

-Sí, y el concepto de trabajo. La importancia del trabajo. El carácter capitalista de la colonia, y toda la primera época de la Argentina ya independiente. Milcíades Peña se pregunta si se podría haber hecho la revolución industrial bajo el capitalismo. Concede que sí, pero que eso implicaba romper con el atraso con el que ganaban las clases dominantes y el imperialismo. Y, romper con este capitalismo atrasado que venía de la colonia, implicaba que no se sabía quién iba a quedar en la cúpula del nuevo capitalismo. Los terratenientes pensaban y con razón que iba a surgir una burguesía industrial como nuevo sector dominante, como en Estados Unidos. Esta es en realidad la fuente del atraso histórico de la Argentina, una burguesía terrateniente, capitalista, opuesta al desarrollo industrial. Adam Smith, en el libro La riqueza de las naciones, caracteriza a los terratenientes como una clase indolente, porque dice que sin ningún esfuerzo se enriquecía. Esa es la burguesía argentina, desde Mitre y Roca hasta Videla, Menem, Macri y Milei, son expresiones de una clase indolente que nunca han hecho esfuerzo para enriquecerse.

-Se refiere a ellos como quienes ocuparon las tierras a fuerza de bayonetas.

-Sí, la expansión hacia la Pampa y la Patagonia, que llamaron “Campaña del desierto” de Avellaneda, de Valentín Alsina y de Julio Roca, que conquistaron esos territorios por medio del genocidio de los pueblos originarios.

En 1880 el Estado argentino está integrado. Como argumento contra la industrialización, dicen que teníamos pocos habitantes. Cuando se hizo el primer censo en 1879, Argentina tenía dos millones de habitantes, sin contar los pueblos originarios y los que no sabían leer y escribir. Suecia tenía cuatro millones. Pero en 1900 teníamos la misma población y en 1914 un 50% más de habitantes que Suecia. Canadá y Australia tenían y tienen mucho menos habitantes que nosotros y tienen entre 5 y 7 veces nuestro PBI per cápita. Entonces, ese argumento de que teníamos poca población sí es un elemento de contexto importante, pero no es un impedimento absoluto.

-Se puede decir que el libro cuenta con un valioso material introductorio, accesible a toda la militancia.

-Totalmente. Es un libro que marca los lineamientos generales de un proceso de Revolución Industrial. La clase obrera como sujeto de cambio se comienza a formar durante la resistencia peronista que alumbra el Programa de Huerta Grande, y tiene un salto cualitativo a partir del Cordobazo, período a partir del cual ese sujeto adquiere carácter de sujeto revolucionario y su consciencia inicia el tránsito a la conciencia socialista. Y así llegamos al Rodrigazo en 1975. En Huerta Grande están contenidas las tareas iniciales del proceso de Revolución Industrial.

Para iniciar ese proceso se necesitan tres cosas: alimentos, agua (porque la gente tiene que comer bien), materias primas, y en tercer lugar necesitamos energía.

Tanto las energías tradicionales (petróleo, gas, uranio) como las nuevas energías que las promocionan como limpias: el litio, el Coltán, las tierras raras. Además obtenemos buena cantidad de oro que hoy se exporta. Todo lo que tenemos es lo que están requiriendo los países desarrollados, para el desarrollo industrial y nosotros se los estamos vendiendo a precio de liquidación en lugar de usarlos como insumos de nuestro propio desarrollo.

Huerta Grande además de contener los puntos iniciales del camino de la Revolución Industrial le dice a la militancia peronista: este es tu programa, no le des la espalda, marchemos juntos para hacer la Argentina grande con la que San Martín soñó. Los patriotas, Mariano Moreno, Manuel Belgrano, San Martín, y después, un poco de eso hubo durante el primer peronismo. Milcíades Peña tiene una visión distinta de Sarmiento. Sarmiento era un hijo de puta, pero era un hijo de puta progresista como lo fue sin dudas Alberdi.

-Muy citado en este tiempo.

-Los liberales lo citan pero lo tergiversan En la obra de Milcíades Peña podes descubrir un Alberdi industrialista, cosa que a la que el empleado del capital financiero se opone con toda la saña que le conocemos.

Hay dos políticas económicas, no hay veinte ni tres, en Argentina están estas dos, o seguimos con el endeudamiento externo que se pretende expandir con el RIGI que nos lleva a consumar la primarización de la economía, o tomamos el rumbo opuesto del ahorro interno para la revolución Industrial que generará millones de puestos de trabajo estable y bien pagados, nos dará la soberanía y será la condición de posibilidad de las transformaciones que nos lleven al socialismo.

Desde el 2000 la fuga es de 230.000 millones de dólares, y el déficit fiscal es de 99.000 millones de dólares. La fuga es dos veces y media más grande que el déficit fiscal. Una cosa que es mayor todavía que el endeudamiento externo, de la que nadie habla, es el gasto suntuario. El gasto suntuario de la burguesía es casi la mitad del Producto Bruto Interno. Es muy difícil eliminarlo todo pero se lo puede reducir a la mitad. Con el 22 o 23% que le quitaremos al gasto suntuario, de la eliminación de la fugas al exterior rescataremos un 12% o 13% se puede destinar al ahorro interno, más el mísero 10 % que hoy se destina a la inversión llegamos al 45% del PBI de ahorro interno destinado a la inversión productiva, como tienen China y la India.

Hay que derrotar el programa de hambre y retroceso de Milei y avanzar por el camino del ahorro interno y la revolución Industrial que harán fluir la abundancia entre las manos del pueblo argentino.  

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